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Crónicas en día de elecciones

La crónica es un concepto lingüístico propio de la literatura especializada en narraciones. Estas siguen el orden que dicta la realidad del acontecimiento descrito. El periodismo de sucesos se ajustó a su carácter narrativo. Le ha servido para describir sucesos que pueden dar cuenta de la caracterización del evento. Por eso, se concibe como un género periodístico. Su práctica eficacia lo facilita al momento de detallar circunstancias o acontecimientos.

Y ¿qué mejor acontecimiento vivido que el representado por el hecho eleccionario del 6-D? Evento este devenido en justificada razón para enfatizar o refutar la gestión de un régimen más impugnado o criticado, que aplaudido o celebrado por sus cáusticas ejecutorias. 

Vale entonces la tarea de preparar un relato que semeja lo que se concibe bajo el nombre de crónicas. Aunque la brevedad del escrito, pueda servirse de su condición para comprimir los casos estudiados. Dicho de otro modo, sea el canal que permita considerar la realidad que algunos votantes vivieron mientras pensaban si votaban o no. O mientras la incertidumbre les prodigaba alguna señal que justificara el tránsito hacia el centro de votación. 

Indistintamente de lo que pudieron argumentar aquellos venezolanos emplazados a los efectos de encarar el desarrollo de las crónicas elaboradas, cabría afirmar que para esos mismos venezolanos, dada su condición de electores, ese día no fue igual para todos. Para unos, significó un acto de valentía, gallardía, resistencia y hasta de dignidad. Mientras que para otros, fue un día de dolor, contrariedad, resignación, conformismo y hasta de humillación.

Muchos fueron casi obligados. Su presencia, fue supervisada a la manera intransigente de un ejercicio de causa-efecto. O de premio-castigo. Otros, fueron acuciados bajo engaño o amenaza. O simplemente por la confusión que produjo el malicioso manejo de información preparada a manera de propagada. Pero, con la alevosía que pudo imprimirle un régimen sórdido y avieso. Tal información, fue ajustada al chantaje inspirado en contradicción con distintos fundamentos y preceptos constitucionales de orientación democrática. Quizás, los más pocos electores, se atrevieron a asistir arrogándose algún trazo de soberbia, desafío, temeridad, curiosidad o mera aventura.

En líneas gruesas, los votantes podrían categorizarse según las realidades predominantes. O sea, electores forzados a asistir. Electores manipulados por politiqueros desconfiados. Electores intimidados por envalentonados. Y electores ostentosos en virtud de ridículas petulancias.

En estas cuatro categorías pudieron agruparse los escasos votantes que, arreciados por la maquinaria política gubernamental, se prestaron a actuar como agentes complacientes, fanáticos o cómplices de la infamia, ignominia y desvergüenza del acusado régimen socialista venezolano.

Respecto de los electores forzados: Generalmente, adujeron su molestia causada por infundados argumentos que personeros del régimen profirieron en contra de estos electores. Esta gente obediente a las líneas políticas del régimen, que sirvieron de supervisores, dado su trabajo como “comisarios políticos” o jefes de sector o de calle”, tuvieron para con estos electores, palabras impropias a fin de presionarlos. A pesar de decirles que su asistencia era representativa, todavía se atrevieron a fisgonearlos. Un tanto a manera de espiarlos en su periplo hasta el centro de votación. Incluso, en plena votación.

Respecto de los electores manipulados: Este caso fue de entero asombro. Aunque se esperaba una actitud de esta calaña. Advertir que a estos electores les fueron ofrecidas dádivas de primordial necesidad doméstica, tales como dispositivos electrodomésticos, o bolsas de comida, inclusive divisas, dejó en claro el excesivo y rupestre interés del régimen por obtener el voto necesario clamado a instancia de su proyecto ideológico-político.

Respecto de los electores intimidados: De estos venezolanos, hay anécdotas que superan fantasías clásicas. Por ejemplo, pudo escucharse la narración de quien fue amenazado con la invocación de demonios capaces de descomponer la situación familiar. O de afectarle la salud a miembros del entorno familiar.  Esto así contado y por tanto imaginado, no deja de erizarle la piel a cualquiera. Además de revelar el grado de desesperación y miseria humana. Sólo por conseguir votos a favor del régimen. Esto fue de un absurdo total.

Respecto de los electores ostentosos: Nunca falta la ostentación motivada por la cercanía al poder. Más, cuando la situación ayuda a inflar el imaginario de personajes que se arrogan postura política, de rango militar o de esbirro. Sea una actuación que responda a una realidad o una fantasía solapada. Sólo por presumir. Quizás porque no es lo que se dice ser. O porque no se tiene lo que se dice tener. Según cuentan otros, muchos de estos pomposos y ridículos personajes, eran o militares, furibundos gobierneros o burócratas afectos al régimen. Algunos, hacían suponer que eran apoyados por algún candidato de esos que  ilusamente estaban convencido de lograr la diputación propuesta.

Si bien estas crónicas no siguieron en la exactitud la formulación que señala la correspondiente metodología de la investigación, de alguna forma caracteriza la generalidad de lo que constituyó el universo de votantes que favorecieron la pírrica victoria obtenida por el régimen en un proceso político-electoral calificado de fraudulento. Porque no fue equitativo, ni democrático. Ni tampoco imparcial. Mucho menos, verificable. No se ajustó a los mandamientos constitucionales. De ahí que resultó un ejercicio de cometido político y social, haber extraído interesantes comentarios de las distintas conversaciones con aquellos electores en el día de elecciones parlamentarias. Que además fueron duramente cuestionadas y hasta repudiadas. Así pudieron armarse estas rápidas pero ciertas crónicas en día de elecciones.

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