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De sindicalista a dictador

Los organismos de la comunidad internacional no cesan en sus denuncias y sanciones contra la dictadura venezolana y los prohombres que la encabezan. El repudio exterior corre parejas con el repudio interior, este último, según reciente sodeo de opinión de Datanálisis, se evidencia en que el 93% de los venezolanos juzga negativamente la actual situación del país. Además, algunos apoyos del pasado han bajado el diapasón del entusiasmo y a veces hasta insinúan veladas críticas. El ocaso acelera su marcha indetenible.

El usurpador del solio presidencial de Miraflores comenzó su tortuoso camino político como sindicalista. Desde las filas obreras del Metro de Caracas y de su militancia en la llamada Liga Socialista, saltó a La Habana para buscar sombra bajo el ala de los que bajaron de la Sierra Maestra para, a contrapelo de lo que habían prometido, instalar la dictadura que ya ha rebasado los sesenta años. Por considerarlo  fiel adicto a su utopia antillana, Fidel Castro lo recomendó a Hugo Chávez, cuando éste ya había llegado en el 2013 a las proximidades de la muerte, para que fuera su sucesor.

En el ejercicio del régimen de facto imperante en Venezuela, Maduro, el antiguo dirigente sindical, ha devenido en obsecuente desertor de la causa de los trabajadores. No lo dice la oposición democrática venezolana, lo dice la OIT, organismo de la ONU, en el informe presentado por la Comisión de Encuesta, creada en marzo de 2018 y que visitó a nuestro país del 8 al 12 de julio. Reza el informe: “La Comisión considera que se ha vulnerado la independencia de las organizaciones de empleados y trabajadores y que ello atentó seriamente contra los derechos consagrados en el convenio número 87, en particular el derecho de los empleadores y los trabajadores de constituir las organizaciones que estimen convenientes y de afilarse a las mismas, así como el derecho de estas organizaciones de elegir libremente sus representantes, de organizar su administración y sus actividades y de formular su programa de acción”. Y, lo que es igualmente grave, denuncia que “tuvieron  y  tienen lugar una  serie de actos de violencia contra empleadores y contra sindicalistas que son violatorios  de las libertades civiles básicas”.

En el orden estrictamente político, se acaba de producir una decisión que  viene a ratificar el carácter abiertamente dictatorial  del régimen usurpador liderado por Nicolás Maduro. Hace apenas unos días, el  pasado 27 de septiembre, el Consejo de Derechos de la ONU creó una comisión que investigará “las ejecuciones extrajudiciales, desapariciones forzadas, detenciones arbitrarias, torturas y otros tratos crueles, inhumanos o degradantes ocurridos desde 2014 en Venezuela”. Estas comisiones se han creado para investigar  crímenes en zonas de conflictos (Siria, Palestina, Yemen, Birmania, y otros) , y Venezuela ostenta ahora el triste privilegio de ser el primer país latinoamericano para el que el Consejo de Derechos Humanos de las ONU crea una Comisión de esa naturaleza y con ese cometido. Además se “condena enérgicamente la extendida represión y persecución política en Venezuela”, y se recuerda el informe que presentó meses atrás ante el mismo Consejo la Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet, en el que se denuncia “la erosión del Estado de Derecho y el desmantelamiento de las instituciones democráticas, incluyendo la Asamblea Nacional”.

Pasar de sindicalista a dictador, es una mudanza deplorable.

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