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¿Debe existir la institución militar?

Tomamos del latín institutio, onis, el establecimiento o fundación de una cosa. En genérico constitucional, cada una de las organizaciones fundamentales de un Estado, nación o sociedad, que a su vez son también los principios o elementos de una ciencia, arte, que arropan a los órganos constitucionales del poder soberano en la nación.

Muchas son las definiciones que pueden darse de lo que llamamos institución, sin que pequemos de fantasmagóricos o exagerados, cuando decimos que las fuerzas armadas en Venezuela, constituyen “…una institución esencialmente profesional,…organizada por el Estado para garantizar la independencia y soberanía de la Nación y asegurar la integridad del espacio geográfico, mediante la defensa militar, la cooperación en el mantenimiento del orden interno…”

Sin dudas, la institución militar venezolana vive hoy un drama inverosímil e innecesario, donde su personal activo no encuentra qué hacer; en un escenario de incertidumbre al que ha sido conducida la Institución, volcada en una dislocada lucha política en la que fue involucrada desde que se le politizó, dejándose de lado la ‘apoliticidad’ establecida en el artículo 328 de la  Constitución, por lo que se debate en el ¿Qué hacer?, cuando a la deriva, dentro de una tormenta contra política, sufre el reclamo turbulento del pueblo que le pide clemencia y piedad inculpándola de los males del gobierno, al percatarse que son “militares” los que apuntalan al régimen de capa caída.

Racionalmente pensamos, que si bien la diatriba conduce al oprobio, ningún error se enmendará por sí solo, salvo en un proceso de mutación, donde un defecto puede constituir un órgano valioso, o una herida fuente de adoración, como las “Llagas de Cristo”. Obviamente, desde que comenzó este maremágnum, se inició un proceso de anotaciones, ya transformadas en boceto para una propuesta de “reinstitucionalización de la FAN”; trabajo duro y difícil, por cuanto hay que enfrentar la “resistencia al cambio”, que se agrava por la resistencia contra la inventiva, donde hay que volver al pasado, a la limpieza y remoción de escombros, para poder iniciar la reestructuración institucional desechando el lastre.

Hay elementos de desastre y corrupción, que serán los primeros lastres a destruir: la indisciplina como bastión de la moral militar, el irrespeto a los artículos 328 y 330 de la CRBV, la absurda adoración al difunto Chávez, la eliminación de sus monumentos y el parafraseo: «Independencia y patria socialista. ¡Viviremos y venceremos!» o «¡Chávez vive! ¡La patria sigue!»; sin que olvidemos, que Venezuela vivió el escarnio en que la introdujo el burlesco comandante, quien con una suerte de mago y pordiosero demostró que no hay peor político que el que ha aspirado al manejo de las armas para gobernar, de donde surgió el militar militarista subyugado por el maniqueísmo monetario, la prebenda y el embotamiento disciplinario, que cayó en la falsa que arguyó en su inconsciencia del rebelde sin causa, que se creyó dotado de poder y sabiduría, pero que en realidad, no fue más que un mediocre ignorante aturdido por el desgano y su debilitado Yo, pero el peor lastre de todos es el que ha hecho de la institución un fin en sí misma; y a la profesión militar como una profesión que permite la gradación como un logro solo personal, sin considerar el uso de los grados para la jerarquización profesional, que obliga a limitar los ascensos para llenar plazas vacantes.

Es duro y difícil contrariar y contrarrestas el ataque a la institucionalidad, pero hay dichos que nos dan fuerza y valor para luchar: “Las instituciones no deben justificarse porque existen, sino que deben existir si se justifican”. ¿Deben existir las fuerzas armadas en Venezuela? Ese es el dilema a enfrentar; si deben existir, debemos dilucidar, ¿Para qué?

@Enriqueprietos

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