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Décimo sexto collage sobre Rómulo Betancourt

(Fundación del PPG-PDV y disolución de la Convención Nacional de Trabajadores.)

Para el 17 de octubre de 1943 estaba programada la elección, en 13 Estados, de los miembros de los Concejos Municipales y de las Asambleas Legislativas, organismos que luego escogerían, en unas elecciones de segundo grado, a una apreciable parte de los diputados y senadores que designarían, en unas elecciones de tercer grado, en 1946, al sucesor del Presidente Medina Anagarita. Esos 13 Estados eran: Anzoátegui, Barinas, Carabobo, Cojedes, Falcón, Lara, Monagas, Miranda, Nueva Esparta, Portuguesa, Sucre, Táchira y Yaracuy. Medina, que ya se había distanciado del ex-presidente López Contreras (ver Décimo quinto Collage), necesitaba tener una organización propia, distinta a las Agrupaciones Cívicas Bolivarianas lopecistas, ya que éstas lo adversaban, tal como lo observa Ramón J. Velásquez: “Las agrupaciones partidarias del ex-Presidente López Contreras utilizaban como argumentos  de oposición contra el gobierno de Medina Angarita los de su alianza con el Partido Comunista y la falta de atención a los crecientes reclamos y necesidades de las Fuerzas Armadas” (1). El gobierno de Medina tenía, por tanto, que apresurarse en buscar y crear una organización que le sirviera como instrumento de participación en esas elecciones del 17 de octubre, y no poner en posible riesgo la mayoría en el Congreso Nacional que le garantizara, como era la costumbre de la que él mismo se había beneficiado, escoger su sucesor. Tales elecciones, además de restrictivas por no realizarse con sufragio universal, estuvieron plagadas de vicios fraudulentos.

Ya antes, el 1° de marzo de ese año 1943, un aventurero colombiano que fungía de técnico electoral del régimen, Franco Quijano, seguramente preocupado por el crecimiento de Acción Democrática,  le había dirigido un memorándum al Ministro de Relaciones Interiores, doctor César González, en el que le planteaba esa necesidad de que el Gobierno tuviera un nuevo partido suyo, que obedeciera y defendiera la gestión oficial, con el siguiente argumento: “El enemigo está esgrimiendo armas superiores a las nuestras. Los viejos cuadros electorales están faltos de fe, anarquizados, desligados de la acción oficial”.

Es el escenario político-electoral arriba señalado lo que determinó que el Presidente Medina enviara, el 15 de abril de 1943, un telegrama-circular a los Presidentes de Estado en el que les manifiesta que los que respaldan su obra de Gobierno, y desean su continuidad, ahora les corresponde “defenderla y hacerla triunfar en el proceso electoral que se avecina”, por lo que plantea “la conveniencia de que éstos promuevan legítima y limpiamente, la formación de agrupaciones que luchen por los candidatos, que acepten y defiendan con convicción, los principios políticos de la actual Administración Nacional”, y recomendaba que “estas agrupaciones podrían denominarse  ‘Partidarios de la Política del Gobierno’, para que su mismo nombre no se preste a engaño y exprese con claridad los fines que persigue” (2). Así nació el PPG. En un mitin celebrado en el Nuevo Circo de Caracas el 3 de julio de 1943, Rómulo Betancourt pronunció un discurso en el que se refiere a la recién creada organización oficialista, en los siguientes términos: “Este PPG, o partido de los Partidarios de la Política del Gobierno ha sido creado en una forma sui- géneris, como quien decreta una carretera o un dispensario, mediante una circular presidencial; y en el interior de la República se organizó, en la mayor parte de los Estados, mediante reuniones convocadas, para los locales de la Casa de Gobierno, por policías uniformados. Este partido presenta en Caracas una fisonomía diferente a la que exhibe en la Venezuela provinciana. Aquí coexisten con los viejos, con los resabios explotadores de la cosa pública, hombres honestos y responsables en las filas de ese partido. En el interior de Venezuela, con excepciones indudables, el PPG no es sino lo que hace algunos días le oí afirmar a un hombre del pueblo, a un Juan de la Calle malicioso y retrechero: las bolivarianas reencauchadas” (3). Trece años después, en 1956, Rómulo Betancourt ratificó esa opinión: “Así se fundó el PPG, que luego fue rebautizado con un nombre de fonética menos áspera: PDV (Partido Democrático Venezolano). En esa organización militaron algunos hombres de buena fe. Profesionales e intelectuales, los más, sin mayor experiencia política y ganados por la tesis de realizar la reforma social ‘por arriba’. Fue lo que se llamó –bautizada así por Andrés Eloy Blanco con un nombre que hizo fortuna- ‘el ala luminosa del PDV’. Coexistió con ella, apabullándola, la mayoritaria porción de carreristas y aventureros de la política, y bastantes de inconfundible filiación gomecista”. (4). Meses después, como se indicó arriba,  el PPG cambió de nombre: desde el 18 de septiembre de 1943 quedó rebautizado como Partido Democrático Venezolano (PDV), y éste publicó un Manifiesto donde dice que se propone buscar “el perfeccionamiento de los métodos electorales que hagan práctica la intervención del pueblo en el proceso de la alternabilidad del Poder Público” (5), y publicó también lo que llamó las “Bases” del partido en las que, en lo que respecta a la acción política, se ratifica y expresa que “el PDV luchará por el perfeccionamiento  del sistema y prácticas electorales y tomará especial empeño porque el voto directo regule el proceso de la alternabilidad constitucional” (6). Esa promesa, dos años después pasó al olvido, puesto que en la reforma constitucional de 1945, que aprobó la mayoría de diputados y senadores del PDV en el Congreso Nacional, se negó el sufragio universal, directo y secreto para que fuera el pueblo el que decidiera la alternabilidad en el poder.

Un suceso sindical muy importante tuvo lugar en 1944. El 22 de marzo de ese año se instaló en el Nuevo Circo de Caracas la Convención Nacional de Trabajadores, que debía culminar con la creación de una central unitaria del movimiento obrero. Uno de los oradores, Ramón Quijada,  planteó que era necesario hacer de esa Central Obrera “un organismo autónomo, porque nada perjudica más a los intereses sindicales como que los organismos de resistencia económica anden arrebiatados a las consignas de un partido político” (7), reflexión que hizo en virtud de que había una mayoría de delegados del Partido Comunista en esa Convención. En la sesión del día 23, celebrada en el Teatro Nacional, Ramón Quijada expuso las bases que debían fundamentar la unidad sindical: “a) Autonomía del movimiento sindical; b) equilibrio de las fuerzas representadas en la Convención; c) orientación seria y repudio de toda estridencia demagógica de la Central Obrera en proyecto; d) orientación venezolana y americana de los rumbos de la organización” (8). La escritora Norma Bustamante da una versión distinta en su libro”Isaías Medina Angarita, Aspectos Históricos de su Gobierno”, prologado por Juan Bautista Fuenmayor, dirigente del Partido Comunista, según la cual, “Ramón Quijada, hablando a nombre de los delegados acciondemocratistas, pidió en la primera reunión de la Convención, entre otros puntos, paridad en la directiva de la organización entre sus sindicatos y los comunistas, como punto previo para la aceptación, por parte de AD, de la Central Obrera próxima a constituirse y de la unidad del movimiento obrero” (9). Una vez que Ramón Quijada terminó su intervención, habló el dirigente Juvenal Marcano, quien manifestó que “el Partido Comunista tenía mayoría en la Convención (nota de CCM: en relación a esa mayoría, transcribo textualmente de un documento del PDV el párrafo siguiente: ‘en la actualidad los sindicatos de trabajadores se hallan intervenidos, clara o veladamente, por los dos Partidos Políticos de más antigua y activa actuación en Venezuela. De principio y tras ligero análisis, se advierte que mientras Unión Municipal controla la mayor parte de los sindicatos, los que están bajo la influencia de Acción Democrática agrupan mayor número de trabajadores. De allí que la acción de los primeros sea más efectista que real…’: véase en Congreso de la República, El Pensamiento Político Venezolanos del Siglo XX, N° 39, página 195; como es sabido, el partido Unión Municipal era la fachada legal del Partido Comunista, con el cual celebraba pactos electorales el PDV; la tal mayoría en la Convención de que hablaba Juvenal Marcano era una mayoría ad hoc, como la calificó Rómulo Betancourt), y, por lo tanto, resolvería lo que creyera conveniente…solicitaba aplazar para una próxima sesión la discusión sobre las bases de la unidad sindical…esta proposición fue aprobada por mayoría” (10). En protesta, 41 sindicatos y 130 delegados abandonaron la Convención y el Teatro Nacional.

El Gobierno reaccionó rápidamente. Primero, la Gobernación del Distrito Federal emitió una  Resolución, de fecha 24 de marzo de 1944, suscrita por el Gobernador, J.D. Celis Paredes, y el Secretario General de Gobierno, L. Vallenilla Lanz (el mismo que después fue Ministro de Relaciones Interiores durante la dictadura de Pérez Jiménez, nota de CCM), que se explica por si sola: “Por cuanto en la madrugada de hoy, durante la sesión celebrada en el Teatro Nacional de esta ciudad por la Convención Nacional de Trabajadores, fue considerada y aprobada una proposición de carácter político, formulada por uno de los delegados, incurriendo así de hecho en actividades contrarias a preceptos expresos de la Ley para Garantizar el Orden Público y el Ejercicio de los Derechos Individuales, por disposición del ciudadano Presidente de la República, de conformidad con el artículo 23 de dicha Ley, queda disuelta, a partir de esta fecha, la mencionada Convención Nacional de Trabajadores”. (11). El Ministerio del Trabajo y de Comunicaciones, en también Resolución de la misma fecha, ilegalizó 93 sindicatos y 2 centrales obreras. Por su parte, nada menos que el propio Presidente Medina, días después, en su Mensaje presentado al Congreso Nacional el 27 de abril de 1944, ratificó las instrucciones que había transmitido al Ministro y al Gobernador, en estos términos: “Cuando la Convención Nacional de Trabajadores, que se instaló en esta capital en el pasado mes de marzo, puso de manifesto en forma evidente la presencia de actividades políticas ilegales en el movimiento sindical, el Gobierno con enérgica rapidez procedió a disolverla, junto con dos centrales sindicales y noventa y tres sindicatos de trabajadores. El Gobierno ha demostrado, en una forma que será saludable para los trabajadores y para la ciudadanía toda, que no permite que se haga escarnio de las leyes, ni que los sindicatos, que son valiosos organismos de defensa social y económica, se desvíen de sus fines para convertirse en agresivas dependencias de partidos políticos”. (12).

El problema sindical presentado, originó una famosa polémica entre Rómulo Betancourt y Miguel Otero Silva.

En un artículo publicado en el diario El Nacional el 30 de marzo, es decir, a los seis días de haber disuelto el Gobierno la Convención Nacional de Trabajadores, Miguel Otero Silva afirmaba que ésta fue dividida por una actitud preconcebida de Acción Democrática, a lo que le respondió Betancourt de la siguiente manera: “Si los convencionistas militantes de Acción Democrática hubieran llevado consigna de romper la Convención a toda costa, oportunidad magnífica se les presentó apenas recibieron los carnets de miembros de ella. Esos carnets, elaborados por una comisión organizadora con mayoría comunista tomada por asalto, llevaban estampado el membrete sobre portada en rojo de ese partido: la estrella soviética de cinco puntas. Los delegados que en lo político eran miembros de Acción Democrática, del PDV o de cualquier otro partido resultaban así uniformados arbitrariamente en su ideología por los aspirantes a una hegemonía ‘a juro’ del movimiento obrero organizado. Y no fue sino cuando el ya famoso Juvenal Marcano, como culminación de un proceso de desaciertos y bravuconadas por parte de la mayoría ad hoc de la Convención, pronunció sus arrogantes palabras, que los representantes de las 41 delegaciones abandonaron en masa el Teatro Nacional.

También en ese artículo, Otero Silva afirmó que la Convención fue disuelta por “delación” que hicieran los personeros de las 41 delegaciones disidentes. A eso respondió Betancourt, así: “Resulta ya de una puerilidad ridícula que se siga especulando acerca de la influencia de las declaraciones de Ramón Quijada y sus compañeros a los diarios ‘Ahora’, ‘El País’ y ‘El Universal’ para la adopción de la reprochable y drástica actitud gubernamental. Si en el mitin del Nuevo Circo, ante la vista de quince mil personas, estaban tomando todos los detalles del acto los taquígrafos oficiales…con más razón cabe pensar que funcionarios públicos con la misma misión taquigrafiaron las sesiones de la Convención. Y no ejerciendo función de espionaje, sino, de acuerdo con las atribuciones –buenas o malas, que eso no vale la pena discutirlo aquí- que la Ley del Trabajo confiere al Ministerio del ramo” (13). En otro artículo, Otero Silva atribuye a Acción Democrática “la táctica de suministrar armas a la reacción”, lo que es respondido por Betancourt mediante una cita de Gonzalo Barrios, que dice así: “Los afiliados al Partido Comunista comenzaron desde hace tiempo una campaña de ‘conquista de la legalidad’, mediante un desafío a los absurdos preceptos vigentes. Discursos, declaraciones, consignas y hasta un reciente manifiesto son piezas de este plan que la reacción ha venido siguiendo paso a paso, denunciándolo con demostraciones de alarma y descontento. En el terreno dindical, esa táctica acentuó aún más sus errores”, y agrega Barrios: Se ha recordado el apoyo que el sector político más lesionado ha venido prestando al régimen. Y este sector lo recuerda para denunciar una incongruencia en la conducta del Ejecutivo. La incongruencia existe quizá; pero existe en el hecho de prestar al gobierno un apoyo que vale cien para que resista a la reacción mientras a la reacción se le presta un arma que vale mil para que presione al gobierno (14).

  1. Ramón J. Velásquez, “Aspectos de la Evolución Política de Venezuela en el Último Medio Siglo”, Venezuela Moderna 1926-1976, Fundación Eugenio Mendoza, Caracas 1976, página 47.
  2. En Congreso de la República. Gobierno y época del Presidente Isaías Medina Angarita. El Pensamiento Político Venezolano del Siglo XX. N° 33, páginas 363-364.
  3. Antología de la Fundación Rómulo Betancourt. Volumen Tercero, página237.
  4. Rómulo Betancourt, “Venezuela, política y petróleo”, Fondo de Cultura Económica, primera edición, 1956, página 164.
  5. En Congreso de la República. Gobierno y época del Prsidente Isaías Medina Angarita.  Colección Pensamiento Político Venezolano del Siglo XX. Los Partidos Políiticos 1941-1945. N° 39, página 52.
  6. En Congreso de la República, obra citada, N° 39, página 43.
  7. Diario “El País”, Caracas, 23 de marzo de 1944.
  8. Diario “El País”, Caracas, 24 de marzo de 1944.
  9. Norma Bustamante, “Isaías Medina Angarita, Aspectos Históricos de su Gobierno”, página 191.
  10. Diario “El País”, Caracas, 24 de marzo de 1944.
  11. “Historia Gráfica de Venezuela”, el Gobierno de Medina Angarita,Compilación de José Rivas Rivas, página 138.
  12. En Congreso de la República, obra citada, N° 33, página 208.
  13. Artículo de Rómulo Betancourt publicado en el diario “El País”,31 de marzo de 1944.
  14. Artículo de Rómulo Betancourt, titulado “El Cuento del Gallo Pelón”, publicado en el diario “El País”, 3 de abril de 1944.
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