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Del marxismo y otras antigüedades

Carlos Marx, 1818-1883, fue un pensador alemán que desarrolló su obra literaria a mediados del siglo 19. Su obra es producto del análisis de una sociedad que se iniciaba en lo industrial, desde la perspectiva de un europeo hace siglo y medio, con la experiencia de quien conoció la vida social y económica de sólo 4 ciudades en que vivió: Berlín, París, Bruselas y Londres, sin haber ejercido jamás un empleo regular. La primera parte de su obra cumbre, El Capital, es de 1867, y pretendía ser una simple “Crítica de la Economía Política”. Son tantas las versiones e interpretaciones del pensamiento original de Carlos Marx, que se denominan Marxianas y Marxistas, referidas a Ortodoxia y Revisionismo en torno a sus planteamientos. Lo fundamental de su teoría, llamada Materialismo Histórico, por ser una concepción materialista de la Historia, es que asigna al factor económico la condición determinante en el funcionamiento de la Sociedad; “La Superestructura sostiene no sólo la estructura económica, sino las organizaciones jurídicas, políticas, filosóficas, artísticas, científicas y religiosas de la Sociedad, pero ella es producto primordialmente de las relaciones de producción en su seno. Por ello, los cambios en las relaciones de producción harán surgir nuevas fuerzas sociales que desplazarán a las dominantes en un período dado”.

El feudalismo fue reemplazado por la burguesía emergente, en virtud del Comercio que engendró a ésta, en perjuicio de la clase dominante anterior, a los ojos de Marx y desde su específica atalaya europea de mediados del siglo 19. Con esa cosmovisión supuso que la burguesía sería desplazada por una nueva clase dominante, el proletariado, en virtud del “inevitable” enfrentamiento clasista, derivado de las condiciones que Marx conoció en la Europa de su tiempo: Explotación abusiva del obrero, niños empleados, horarios inhumanos, arbitrarios salarios de miseria, permanente rotación de personal contratado generando un ejército de desempleados, que denominó “de la reserva”, amortiguador al servicio de los poderosos dueños de los medios de producción en el sistema capitalista. De filósofo humanista en sus años mozos devino en “materialista científico” en su madurez, pero sin ampliar el horizonte de su experiencia, la cual se circunscribía a los inicios de la era industrial en algunos países económicamente avanzados, que a su vez practicaban el colonialismo en su beneficio.

Sin pretender restarle méritos a la obra intelectual de Marx, hoy debemos reconocer que sus propuestas, con vigencia en su espacio, tiempo y circunstancias, no pueden mantener absoluta validez luego de transcurridos 151 años que distancian la publicación de El Capital en el 1867 del siglo 19, del 2018, tercer milenio. Si entonces sus teorías no podían ser aplicadas en todo el planeta (ni él se lo propuso, las planteaba para su entorno europeo), mucho menos ahora pueden mantener vigencia, ante la diversidad de paisajes del espacio social, económico, político, jurídico, religioso, y cultural en general, del mundo moderno.

Así como tuvo Marx una visión erróneamente negativa de Simón Bolívar, lo cual demuestra las limitaciones y prejuicios de su pensamiento, mayores son las probabilidades de que sus planteamientos desencajen en un mundo muy diferente de aquel en el cual él vivió, al cual conoció y para el cual elaboró su propuesta teórica. No supo MarxdePoder Sindical, Constituciones con énfasis en lo social, Tribunales Internacionales, Legislación Laboral, Planes de Jubilación y Pensiones, Pactos regionales, Movilidad vertical de los integrantes de una sociedad pluriclasista, Moneda única para un continente, Subsidios a la producción, y cambios en la concepción estereotipada que se tenía de los conglomerados indígenas del África, Asia y Oceanía, así como del peso específico que el producto de su mestizaje representa hoy en sus países de origen y en aquellos a los cuales se dirigen en enormes oleadas migratorias, que dan lugar a sincretismos culturales y económicos, ni siquiera concebidos en tiempos de Marx.

Los grandes personajes del pasado, Bolívar, Lincoln, Newton, Martí, Galileo, Lafayette, Miranda, Washington, con toda su sabiduría y logros, no podrían haber emitido opinión sobre la Computación, la Clonación, la Carrera Espacial, el transplante de órganos, por cuanto son alcances tecnológicos y científicos que ocurrirían en un futuro ajeno a ellos. Tampoco Marx pudo formular una teoría de las relaciones sociales, que mantuviera vigencia a través de los tiempos, y sobre todo luego de que los factores esenciales hubieran cambiado de manera importante, no prevista ni conocida por este famoso pensador.

Lo que está planteado es una revisión, no de las ideas de Marx, sino de nuestras ideas que pudieran ser producto de una o varias interpretaciones de la obra de Marx, con la intención de otorgarles a esos subproductos la cualidad de eternamente infalibles. Esa interesada interpretación de la idea marxiana de la Lucha de Clases para sustentar aquello de que “La Violencia es la partera de la Historia” y justificar con ello las guerras y los desmanes que en nombre de la justicia social se cometen, deliberadamente omite que la humanidad ha evolucionado y está en capacidad de generar mecanismos no violentos para lograr avances sociales. Mahatma Ghandi y Nelson Mandela condujeron hermosas gestas que lograron la liberación de India y Suráfrica del yugo colonial y racista, de forma civilizada y pacífica, a pesar de haber sufrido ambos persecución, injusticias y cárcel, en mucho mayor grado que algunos paladines de la violencia insensata y vengativa. El imperio soviético se derrumbó sin hecatombe.

Las perversas interpretaciones de la obra de Marx conducen a las posiciones contradictorias de quienes, como Núñez Tenorio, Guillermo García Ponce, Ramonet, amparados tras el marxismo, respaldaron incondicionalmente a regímenes dictatoriales y prácticas criminales, intolerantes, cuando no abiertamente genocidas, que propiciaron las barbaridades cometidas en nombre del marxismo en la extinta URSS, y sus países satélites, y mantienen sometidos a los pueblos de Corea del Norte, China, y cerca de nosotros, la Cuba del líder único y padrecito tropical, Fidel, su [email protected]  Raúl, o el títere (Díaz Canel, por ahora) que pongan de fachada en esa monarquía comunistoide, criminal (y parasitaria,  como Marx respecto de Engel).

Comparten la perversión interpretativa con los fundamentalistas musulmanes que proponen el exterminio de todos los infieles a su religión, y el anacronismo con Malthus, quien aseveró que la producción económica siempre crecería en lenta progresión aritmética (2+2+2), mientras que la población humana se multiplicaría en rápida progresión geométrica (2x2x2) haciendo cada vez mayor la insuficiencia alimentaria. Ciencia y Tecnología han hecho posible que la productividad pueda quintuplicarse (mejores semillas, fertilizantes y maquinarias) mientras la tendencia demográfica en las sociedades modernas es a la reducción responsable de la descendencia, lo contrario de lo que, equivocadamente -como Marx-, vaticinó el monje Malthus.

Es cuestión de aferrarse a la facilidad del dogma, o esforzarse para producir un proyecto ajustado a las realidades actuales y que garantice generar felicidad sin cercenar libertades y potencialidades.

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