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Del vallenato y la cumbia a las rancheras mexicanas

Por más que las autoridades antinarcóticos de Colombia mantienen una estrecha cooperación de inteligencia militar con sus homólogos de México y Estados Unidos, no consiguen controlar la penetración de los carteles mexicanos en su país. La presencia de los carteles de Sinaloa y Jalisco Nueva Generación en suelo neogranadino ha producido el efecto de desatar una competencia cruenta entre ellos y e igualmente en contra de los carteles colombianos. La violencia ha alcanzado niveles impensados provocando el desplazamiento de masas poblacionales interurbanas rurales de inmensas proporciones en Chocó, Norte Cauca y Costa Pacífica de Nariño, Magdalena y Catatumbo.

El negocio no puede ser más perverso. un eficiente mecanismo de trueque de cocaína colombiana a cambio de armamento proveniente del exterior alimenta esta relación perversa de los carteles mexicanos con organizaciones como el ELN, las disidencias de las FARC y los propios carteles colombianos que operan en las cercanías de la frontera donde, además, actúan con la protección de las fuerzas armadas venezolanas. De acuerdo con declaraciones de la policía de Colombia este trueque tiene lugar con la finalidad de evitar mover efectivo a través de las fronteras. Estos carteles no se involucran en la batalla entre los grupos de narcos colombianos y la guerrilla que los protege. Su participación se limita a financiarlos mientras observa los efectos de los enfrentamientos entre ellos.  Mientras tanto, el parque de armas en manos de los criminales no deja de aumentar lo que les permite enfrentar las legítimas fuerzas del orden. Reuters acaba de dar a conocer la cifra de efectivos de las Fuerzas Armadas y de la policía que en el año 2021 fueron dados de baja en la ofensiva contra los carteles y sus asociados de las disidencias de las FA$RC y el ELN: 148 uniformados.

Este entramado criminal, que atiende a intereses diversos, entre los cuales el narcotráfico es solo uno de ellos, dificulta la batalla que el gobierno debe librar contra la violencia tanto en el campo como en las ciudades colombianas. No en vano Buenaventura, Cali, Cúcuta y Palmira figuran entre las 50 ciudades más violentas del mundo de acuerdo a una evaluación hecha por el Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública y la Justicia Penal de México. Todas ellas se encuentran dentro de enclaves donde no ha sido posible detener la lucha armada con lo que se le dificulta a las administraciones regionales y a la nacional la instrumentación del Acuerdo de Paz en vigor desde el año 2016 y que debería ser la base de una paz duradera.

De esta manera México se ha vuelto un eslabón importante de la dinámica de seguridad y de la estabilidad colombiana.  Estos carteles tienen interés en mantener la zozobra toda vez que es el ambiente ideal para la proliferación del narco-negocio y del crimen asociado con él. No debemos soslayar la importancia que tiene la compra de conciencias y el chantaje a nivel de las autoridades, políticos y juzgados, pero la esencia de la violencia viene dada por la necesidad de mantener el control del tráfico y de las vías a través de las cuales la droga es transportada fuera de Colombia. En el pasado, quienes dictaban la pauta eran los colombianos. Ahora son los mexicanos quienes llevan la voz cantante. 

De esta manera, los carteles mexicanos han armado sus tentáculos para la salida de drogas por el Caribe a través de las conexiones con grupos venezolanos al tiempo que participan en el tránsito de sustancias ilegales y de armas a través del Pacífico colombiano gracias a la presencia del Cartel de Jalisco en Buenaventura.

La Fundación Paz y Reconciliación en sus investigaciones ha determinado la existencia de 97 grupos ilegales en Colombia un buen número de los cuales mantiene relaciones criminales con cárteles mexicanos, 27 de los cuales están en la frontera con Venezuela.

Es así como nuestro país ha entrado a jugar en el tenebroso tablero, no solo con la permisividad de las autoridades sino con la participación activa en el lucrativo flujo de dinero. Dicen los lugareños que en los bares y fincas de Santa Barbara del Zulia, cuando hace un tiempo la gente del común se animaba con vallenatos y cumbias, hoy lo hacen con las alegres rancheras mexicanas.

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