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Derechos humanos para los cubanos

Cuba no fue incluida entre los países donde se violan los derechos humanos en el informe global actualizado en septiembre por la Alta Comisionada de las Naciones Unidas Michelle Bachelet, no obstante ser un hecho público y notorio la razzia desatada por el régimen contra los participantes en las manifestaciones populares del 11 de julio que han elevado a más de un millar el número de presos políticos y de conciencia en las cárceles del país.

Proliferan las denuncias por maltratos, desapariciones forzosas, torturas incluso colectivas, desnudez y violencia sexual, incomunicación, juicios sumarísimos sin debido proceso ni defensa oportuna, con condenas desproporcionadas por delitos inexistentes; los cargos más frecuentes son: desorden público, desacato, instigación a delinquir, sabotaje, vandalismo e incluso sedición, unos exagerados, otros casi pintorescos como “propagación de epidemias” porque nadie entiende cómo puede uno propagar una enfermedad que no padece.

 Al joven Luis Robles lo condenan a 7 años de cárcel por exhibir un cartel diciendo “free Denis” en aparente alusión a un amigo suyo también injustamente detenido, Denis Solís, imputándole “propaganda enemiga” y “desobediencia”, no se sabe a qué o a quién, que evidentemente no tienen nada que ver con los hechos, por cierto, muy anteriores al 11J; a Virgilio Mantilla Arango, “acaparamiento” por tener unas botellas de ron para Navidad; el menor Christopher Santana es inimputable, pero además, es un niño excepcional.

En cambio el informe sí incluye a Israel, el país más condenado en un mundo cruel, haciendo caso omiso de que se encuentra rodeado por organizaciones terroristas en todos los puntos cardinales: Hamas al norte, Al Fatah al sur, Hezbollah al este, Fuerza Quds al sureste, yijah islámica al oeste, FPLP al centro, Hermanos Musulmanes por todas partes; pero la queja de la ACNUDH es que se califique de terroristas a organizaciones caritativas que trabajan estrechamente con esa oficina para promover los DDHH en la región.

Esta ceguera selectiva no es exclusiva de Michelle Bachelet que vivió la época más feliz de su vida en la República Democrática Alemana, a mediados de los años 70, bajo tutela de Erich Honecker, en la que junto con su madre (valga la expresión) no observó “el menor rastro de tiranía”, sino que es compartida por todo su equipo, por ejemplo, la misión internacional independiente de determinación de hechos para Venezuela desempolvó la expresión alemana Sippenhaf para ilustrar el método de involucrar a toda la familia de las víctimas en las operaciones de represión, pero remontándose al período nazi.

Este salto histórico les permite eludir que era un método habitual de la STASI en la RDA; pero más cerca aún, lo aplica la Seguridad del Estado en Cuba, donde sobran testimonios de presos “plantados” a los que les llevan a sus madres para que los ablanden y convenzan de deponer su actitud, verbigracia, al preso Andy García Lorenzo le llevaron además a su hermana, Roxana, con la advertencia de que también a ella la van a poner presa.

José Miguel Vivanco, vocero vitalicio de Human Right Watch, expuso por su parte un informe exhaustivo y pormenorizado de las atroces violaciones a los derechos humanos perpetrados por el régimen de los Castro, destacando su estupor por el hecho de que en más de seis décadas no se haya podido aislarlo, por lo que sugiere que una posible salida para el cambio en Cuba es construir una política multilateral y que el mundo entero condene ¡el embargo comercial de EEUU hacia la isla!

Josep Borrell, aparente alto comisionado para las relaciones exteriores y seguridad de la Unión Europea, pero en realidad un apparátchik del PSOE, se solidariza con el pueblo cubano y condena firmemente la brutal represión del régimen; pero propone como solución ¡el aumento de las inversiones extranjeras en Cuba!

Estos discursos pueden ser ilustrativos del pensamiento incongruente: José Miguel Vivanco adolece de la repugnante manía de comparar a Maduro con Pinochet; pero nunca lo equipara con Fidel Castro, para mayor regocijo de cierta izquierda que siente la necesidad de oponerse a Maduro pero repudia aparecer como anticomunista.

Los informes de HRW también condenan a Israel asumiendo plenamente la narrativa y el lenguaje de las organizaciones extremistas islámicas, para ellos Jerusalén, Judea y Samaria, no son el corazón del Estado Judío sino “territorios ocupados”; los judíos nunca son nativos aunque hayan nacido allí, sino “colonos”; el apartheid no es una institución sudafricana sino un invento judío para discriminar árabes; el Holocausto no fue perpetrado contra los judíos sino por éstos contra los árabes, lo que no les impide negar que haya ocurrido.

Los informes de la ACNUDH y HRW para Venezuela son mero descriptivos, un resumen de hechos abominables, de atrocidades gratuitas, casi estadísticas, inmotivadas; nunca dicen que estos crímenes forman parte de un plan perfectamente diseñado y ejecutado para imponer el socialismo en el país. Por cierto, para tener un régimen unipartidista todos los demás partidos deben ser abolidos y esto se hace, invariablemente, con violencia.

Tampoco es casual que la ACNUDH y HRW sean explícitamente antisemitas, sin ambages, porque están alineados con la alianza rojiverde, neocomunista y fundamentalista, que marcha entreverada con el globalismo, anticapitalista y antiliberal.

Último pero no menos, el escandaloso silencio del Papa Francisco ante la tragedia cubana sólo puede compararse con el que guardaba Pío XII durante el Holocausto; no obstante es evidente que promueve un segundo deshielo como el que realizó durante el mandato de Obama, pero esta vez, vista la muerte del Cardenal Jaime Ortega, Arzobispo de La Habana, su operador político es el Cardenal Sean Patrick O´Malley, Arzobispo de Boston, quien cultiva entrañables relaciones con la tiranía castrista.

Joe Biden, que promete continuar la política de Obama hacia los Castro, es recibido en el Palacio Vaticano por el Papa quien lo bendice como “un buen católico que merece seguir recibiendo la comunión”; lo que nadie podrá explicar jamás es porqué, si esto fuera cierto, necesita una declaración del Papa.

Un buen católico que adelanta una agenda LGBTI, que promueve el aborto, la eutanasia, la esterilización masiva de mujeres y pretende eliminar los símbolos religiosos de los espacios públicos, de las escuelas, plazas, cementerios y hasta de la moneda de los EEUU.

Por contraste, ¿qué ser humano normal no se conmueve ante la carta de las madres de Cuba a la Iglesia Católica? La iglesia popular cubana, los sacerdotes rasos, acompañan al pueblo en su largo camino hacia la Tierra Prometida. A la vista de todos, el padre Castor José Álvarez Devesa fue agredido a palos por auxiliar a sus feligreses en una manifestación pacífica, herido, detenido y procesado, todavía se encuentra bajo régimen de restricción.

El padre Alberto Reyes escribe epístolas inspiradoras de singular belleza, el padre Kenny Fernández sermones encendidos de diáfana sinceridad y sencillez, todos parecen ungidos por un espíritu superior, ante todo riesgo y amenaza, imitatio Christi; al contrario de cierta jerarquía vaticana que actúa “imitatio Castro”.

El régimen comunista parece negado a entender que la voluntad de la administración Biden y del Papa Francisco es lanzarle un cabo para que salga más o menos airoso del atolladero en que se ha metido, salvando la cara; aparenta preferir hundirse en el error sin redención.

El 15N ya es una fecha inscrita en la historia de Cuba, pase lo que pase, porque nadie podrá ignorarla, sin incurrir en falta grave.

Por fin se cumplió la fantasía marxista de una fecha histórica del futuro.

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