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Dinero e inflación

En la actualidad las más prestigiosas corrientes del pensamiento económico están de acuerdo en que un aumento de la creación de dinero (oferta monetaria sin respaldo) o expansión del crédito más allá del ahorro voluntario conduce a la tortuosa autopista de la inflación. Con la desaparición del patrón en los años treinta, se eliminó un poderoso freno para que los bancos centrales emitieran dinero simplemente para expandir la economía.  

Fue John Maynard Keynes el profeta económico de permitir la inflación en vista de que supuestamente, había una “ilusión monetaria” en el sentido, de que para reducir el desempleo y recuperar el pleno empleo, había que disminuir el salario real mediante un incremento en los precios, puesto que los trabajadores no aceptaban una reducción en los salarios nominales. Otra de las razones del éxito de este profeta económico entre la clase política fue que puso como obligación del gobierno la creación del empleo, cuando éste anteriormente surgía del crecimiento de la producción de nuevas empresas y de la confianza en la economía.

Sea como fuere, la inflación desata fuerzas casi incontrolables e imponderables. En principio, el abaratamiento del crédito hace que se pongan en marcha nuevos negocios, construcción de viviendas, nuevos centros comerciales para un incremento de la demanda en el futuro, y otros negocios marginales. No obstante, la inflación germina las semillas de su propia destrucción, puesto que el empuje inicial monetario estimula  la realización de inversiones que en el largo plazo no son rentables, puesto que son la respuesta a una falsa señal en el mercado por una demanda artificial de bienes de capital y de consumo duradero.  Y aquí reside en el principal escollo de la política inflacionaria ex profeso.  Las nuevas industrias y los nuevos puestos de trabajo que   surgen de la noche a la mañana sólo pueden mantenerse en circunstancias de expansión. Se deben únicamente al impulso del crecimiento de la oferta monetaria. En vista de lo cual, solamente puede durar mientras continúe in crescendo la oferta monetaria. Tan pronto como la inflación deja de acelerarse, empiezan a entrar en quiebra las industrias marginales. Y la promesa del empleo para todos, hasta para los menos productivos se desvanece también. Esto está pasando en Argentina y pasó en Venezuela.

En Estados Unidos el credo keynesiano se puso en vigor, en la década de los sesenta cuando las administraciones Kennedy y Johnson mantuvieron una política fiscal de crecimiento del gasto público apoyada también por una política monetaria expansiva.  Pero en realidad la política no funcionó adecuadamente, esta política keynesiana de los sesenta redujo el desempleo de casi 6% (1963) a sólo 3,5% (1969), no obstante, la inflación que sólo había alcanzado el 1% en 1963 se remontó a 3,5% en 1969.

Por otra parte, otro de los fenómenos nuevos en las economías manejadas por el estímulo monetario sin respaldo de ahorro o divisas, ha sido el de la “estanflación” neologismo sacado del inglés, el cual significa un estado de alto desempleo conviviendo con un ambiente inflacionario.

En efecto, en Estados Unidos en los años 1969-1971 aumentó el desempleo sin que disminuyera significativamente la inflación. Así se evaporó la consigna en ciertos medios académicos de que existía un relación inversa entre desempleo e inflación, en donde el diseñador de políticas económicas podía tomar partido, ya fuere entre una elevada inflación y bajo desempleo, o elevado desempleo y baja inflación, en el largo plazo la inflación creaba desempleo, como se había predicho y ahora la realidad lo comprobaba. 

Esta experiencia según economistas como Rudiger Dornbursch, que esta relación denominada la “curva de Phillips” es engañosa, porque es fácil ascender por ella, reduciendo el desempleo y aumentando la inflación. Pero el desempleo vuelve ipso facto a ascender apenas se reduce algo la demanda agregada (gasto público deficitario, consumo privado etc) pero la inflación se torna un hueso difícil de roer, sobre todo para un gobierno que quiere reelegirse como le pasó así al gobierno argentino. También la “ilusión monetaria” tan cara a Keynes va desapareciendo en la medida en que aumentan las dosis inflacionarias, los sindicatos y los trabajadores ven que el salario se les diluye y exigen cada vez más. En Venezuela, el gobierno ha venido decretando aumentos del salario mínimo desde el año de 1974, cuando comenzó de verdad un proceso inflacionario.

Si la inflación le ha hecho daño a economías que tradicionalmente eran sólidas como la de los países desarrollados  Estados Unidos, Inglaterra, Italia, etc, el deterioro alcanzado a los países en vías de desarrollo ha sido tremebundo. En América Latina la inflación ha creado pobreza en países como México, Perú, Brasil, Argentina, Chile, Bolivia, Uruguay, y ahora Venezuela que tiene la distinción de ser el único país que experimenta una hiperinflación. Otro de los efectos nefastos de la inflación permanente, ha sido la depreciación de las monedas que experimentan alzas de precios, puesto que muy pronto se hacen baratos los productos importados y para evitar el agotamiento de sus respectivas reservas internacionales los países se ven obligados a devaluar para poder exportar sus productos y evitar las importaciones masivas. Al final el público huye de estas monedas y acude al dólar o a otras divisas fuertes como el euro.

El mejor remedio contra la inflación ha sido impedir de una vez por todas que los gobiernos produzcan dinero de la nada, y en esto la sustitución de sus monedas nacionales ha sido eficaz. En Europa la Unión Europea produjo el euro y la inflación en esa región ha desaparecido. En América Latina, Panamá ha sido un modelo de conservación del poder de compra dinerario al usar desde 1900 el dólar US como moneda en sus transacciones. Ecuador después de experimentar una gran crisis bancaria introdujo el dólar como moneda para todas sus transacciones y tiene ahora una inflación similar al nivel de Estados Unidos. Lo mismo ha sucedido en El Salvador.

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