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¿Dónde quedó el liderazgo político?

Antonio José Monagas

No siempre el liderazgo es equivalente del concepto de líder. Particularmente, cuando las condiciones de crisis obligan a considerar el meollo del problema desde una perspectiva focal. O sea, desde el centro mismo del problema. En política, el ejercicio del liderazgo se enfoca desde varios ángulos. Aunque no todos, apuntan hacia el problema que en lo sucesivo busca disertarse. Particularmente, en terrenos minados por problemas propios de autoritarismos hegemónicos como el que ahora caracteriza a Venezuela luego que el alto gobierno puso en evidencia el talante revolucionario de su proyecto socialista. Además, repugnantemente disfrazado de “bolivariano”.

Desde que la oposición democrática venezolana, encubriéndose en habituales tramoyas que signaron el desarrollo de un activismo político solapado, desde el momento en que se plegó al ámbito no-gubernamental, se dio a la tarea de arrinconar al régimen socialista con base en compromisos, la vida política terminó de complicarse.

Algunos de esos compromisos fueron anunciados. Otros, no se elaboraron debidamente, aunque fueron concebidos. Si bien los primeros habían sido determinados como objetivos de la gestión que emprendería desde el alcanzado poder legislativo nacional en diciembre de 2015, algunos no tuvieron la acogida que en principio había sido ofrecida como táctica de lucha política.

Fue cuando el pretendido liderazgo opositor, aunque trabajado a través de un proselitismo que ganó la admiración y el respeto de buena parte del electorado nacional, comenzó a mermarse en virtud de varias razones. Entre otras, razones que pueden explicarse en la arrolladora hegemonía gubernamental de los medios de comunicación aprovechada para desfigurar el discurso opositor.

Asimismo, en la censura que se dictó en perjuicio de la libertad de expresión. Es decir, se atentó contra el pluralismo político pautado por la Constitución Nacional como cimiento dialéctico y jurídico del devenir político. Así fue consagrado el concepto de Estado democrático y social de Derecho y de Justicia desde su segundo precepto. Pero igualmente, el problema de liderazgo que comenzó a padecer la oposición democrática venezolana, se fijó en el carácter beligerante de focos y grupos de poder los cuales el amparo de una escondida impunidad, actuó desde entonces en nombre del régimen fungiendo de brazo armado de la revolución.

Hasta ahí, algunas razones que enturbiaron la disposición de la oposición democrática venezolana para llevar adelante elementos de una oferta que pareció haber ganado el apoyo de una importante mayoría del electorado venezolano. Sobre todo, de la suma de voluntades que depositaron su confianza en quienes, el 5-D-2015 alcanzarían curules cuyo número conquistó la denominación legislativa de “mayoría calificada”.

Sin embargo, otros propósitos incorporados en informadas agendas parlamentarias, igualmente relevantes, comenzaron a verse relegados ante el inmediatismo y el vulgar pragmatismo que azoraron distintas actividades político-legislativas. Estas inconsistencias, determinaron que algunos de los mismas terminaran afectando el perfil de popularidad y de confianza que hacia buena parte de los diputados opositores había sido brindada.

Indiscutiblemente, la acción de un gobierno resentido luego de advertir la progresiva caída que venía conmoviendo el nivel de gobernabilidad logrado hasta ese momento, radicalizó programas de naturaleza predominantemente populista y demagógica. Al extremo, que el régimen dejó ver el alcance de su poder mediante decisiones manipuladas desde los órganos de justicia nacional en agravio contra quienes eran representantes centrales del Parlamento Nacional.

No hay duda que estas acciones, frenaron importantes proyectos políticos para lo cual el gobierno nacional se revistió de un odio acérrimo. Tanto así, que actuó cual frontal enemigo en medio de un virtual ( o casi real) campo de batalla. Sin embargo, para la teoría política estas son oportunidades que pueden aprovecharse para demostrarse el tesón, brío y carácter de actores políticos ante circunstancias difíciles. Circunstancias éstas que si bien no son totalmente favorables a los objetivos de la contraparte, pueden manejarse estratégicamente apostando a invertirlas como estamentos de rivalidad política.

Pero no siempre la temeridad propia de quienes se enfrentan a la conflagración en cuestión, quienes asumen el liderazgo de la situación en pugna, son lo suficientemente osados o están política y estratégicamente preparados para salirle al paso a las desavenencias en proceso. Y así sucede, principalmente, cuando se duda del manejo completo de la situación. Sin embargo, no fue lo que se declaró en un principio. Especialmente, cuando los compromisos fueron abierta y puntual oferta electoral.

Fue el momento cuando comenzó a desvanecerse la confianza depositada a través del voto. Además, alimentada por sueños y esperanzas de tantos venezolanos que en su imaginario y expectativas dieron lugar a un país en recuperación de ideales capaces de consolidar una nueva y eficaz democracia. No obstante, ante las inexactitudes en las que ha caído el desenvolvimiento de esos líderes que pretendieron hacerse del liderazgo necesario para recobrar las libertades políticas, económicas y sociales extraviadas o cercenadas, muchos han estado preguntándose: ¿dónde quedaron aquellas promesas libertarias? Entonces, ¿dónde quedó el liderazgo político?

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