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El 18 de octubre

Carlos Canache Mata

En su último Mensaje al Congreso del 21 de abril de 1945, el presidente Isaías Medina Angarita expresó que “nuestro pueblo está maduro para conocer su conveniencia y para decidir su destino”, pero contradictoriamente, el Congreso, controlado mayoritariamente por el PDV, partido oficialista, sancionó dos días después, el 23 de abril, una reforma constitucional a la que el propio Medina puso el ejecútese presidencial el 5 de mayo del mismo año, fecha en que también es publicada en la Gaceta Oficial, número 131, extraordinario. Digo contradictoriamente porque en dicha reforma se reincidió por enésima vez en negar que el pueblo eligiese al Presidente de la República, es decir, que ejerciese su soberanía, al reiterar en el artículo 100 de la Constitución  que “dentro de los primeros quince días de cada período constitucional, las Cámaras reunidas en Congreso, elegirán Presidente de los Estados Unidos de Venezuela”.

Parece que días después, el 14 de junio de ese año 1945, Medina reconoció que  había cometido un grave error político, si recordamos que el historiador y copartidario suyo, Mario Briceño Iragorry, cuenta en uno de sus libros que ese día el mandatario le había manifestado, “golpeando fuertemente el escritorio presidencial”, que “te juro que no tendré en mi vida días y horas suficientes para arrepentirme de no haber estado el año pasado con quienes recomendaban la reforma constitucional en el sentido de hacer popular la elección del presidente”. Sin embargo, parece que sí tuvo tiempo para olvidar su arrepentimiento de haber apoyado la reforma constitucional que negaba la elección popular del presidente, puesto que en su libro “Cuatro Años de Democracia”, que escribió en 1948 y se publicó post-morten en 1963 (él había muerto en 1953), aunque reconoce “como una aspiración justa y máxima, la de llegar a la elección del Presidente de la República por el voto directo”, líneas seguidas advierte que “para llegar a la plenitud de nuestras aspiraciones”, lo “prudente”, era que “debíamos avanzar sin pausas, pero sin precipitaciones” (pág. 35).

El cambio político que se produjo el 18 de octubre de 1945 cortó el nudo gordiano y se estableció, por primera vez en nuestra historia, el sufragio universal, directo y secreto para elegir el Presidente de la República y los Cuerpos Legislativos. No tengo espacio para referirme al camino abierto y los logros alcanzados para el cambio económico-social, pero baste con mencionar que con la política del 50/50 fue tan relevante el aumento de los ingresos petroleros que los recursos fiscales del Estado pasaron de 581 millones de bolívares en 1945 a  1.315 en 1947. Más que duplicados.

Los historiadores y analistas políticos están contestes en que el golpe de Estado se había transformado en una revolución, la Revolución de Octubre de 1945.

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