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El absurdo en la realidad existencial en la obra de Albert Camus

Albert Camus ha tratado el tema del absurdo en novelas como “El Extraño” (traducida con el nombre de El Extranjero). En su novela La peste aparece el absurdo como enlace de todos los episodios que constituyen el tema de la obra: la muerte que asola a la ciudad argelina de Oran, a causa de la peste trasmitida por ratas.

Se ha impuesto a la ciudad el aislamiento, y ninguna persona puede ahora dejar la ciudad, ni la que ha salido de ella antes de la declaración puede regresar. La separación que se impone a los habitantes de la ciudad respecto de los que no están, crea en ellos un vacío que no pueden colmar. Queda sólo la comunicación telegráfica que reduce a fórmulas el intercambio afectivo, y después tampoco el telégrafo es capaz de sostener el contacto. Era algo semejante a una situación de esclavitud.

Los ciudadanos de Orán se aferraban a los recuerdos y estos mismos eran estériles, apegados a la nostalgia: “En tales momentos de soledad, nadie podía esperar la ayuda de su vecino; cada uno seguía solo con su preocupación. Si alguien por casualidad intentaba hacer confidencias o decir algo de sus sufrimientos (…), se daba cuenta de que él y su interlocutor hablaban cada uno de cosas distintas. (…) Había que renunciar. O al menos, aquellos para quienes el silencio resultaba insoportable, en vista de que los otros no comprendían el verdadero lenguaje del corazón, se decidían también a emplear la lengua que estaba en boga y a hablar ellos también al modo convencional de la simple relación, de los hechos diversos de la crónica cotidiana…”

No vacila el autor en mostrar con humor la tragedia, para darle al suceso la insignificancia que caracteriza la actitud existencialista ante la vida. Uno de los personajes destacados en La Peste, Jean Tarrou, ha llevado la relación de los sucesos en unos apuntes en lo que hace sus comentarios, y anota estas reflexiones: “Pregunta: ¿Qué hacer para no perder el tiempo? Respuesta: sentirlo en toda su lentitud. Medios: pasarse los días en la antesala de un dentista en una silla inconfortable; vivir el domingo en el balcón, por la tarde; oír conferencias en una lengua que no se conoce; escoger los itinerarios del tren más largos y menos cómodos, y viajar de pie, naturalmente; hacer la cola en las taquillas de los espectáculos sin perder su puesto…” El absurdo como brida de la consciencia y la voluntad de existir a plenitud.

El hombre puede romper la repetición de sus huecas palabras y gestos cotidianos, y hacerse de una brizna de libertad mediante la luz del lenguaje y la imaginación. Al lograrlo, se ha desatado la rebelión, motivo de su ensayo: El hombre rebelde.

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