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El amor y el interés se fueron al campo un día, y más pudo el interés que el amor que te tenía

El aforismo de este título está cargado de tanta realidad y sabiduría que es aplicable, si no a todas, a casi todas las situaciones y relaciones en la vida del ser humano. 

En este caso, nos referimos al comportamiento y respaldo recibido a países como Venezuela, Nicaragua, Haití, Cuba. Y, solamente, mencionando los casos más dramáticos en este Continente, son naciones a las cuales el trato, o posible colaboración y  atención  al permanente irrespeto o violación de los derechos humanos, no han recibido de parte de los países «Democráticos» integrantes del mundo occidental, atención o un respaldo importante a tan graves y contaminantes acontecimientos. 

Países y eventos internacionales en los que, permanentemente, se escuchan discursos rimbombantes cargados de buenos deseos y promesas de parte de sus representantes o líderes en tantos organismos internacionales, se les intenta proyectar como «supuestos» defensores de  los derechos humanos, de la  integridad y de la seguridad ciudadana. Sin embargo, en el fondo no impiden que se les aprecie como otra cosa distinta a la de lo que realmente son: retórica de utilería discursiva e internacional.

Concretamente, y con referencia al caso de Venezuela, país que fue durante 40 años (1958-1998) una próspera y exitosa nación petrolera con un crecimiento envidiable en todos sus aspectos y con abundantes reservas en divisas, la verdad es que  fue  un paño de lágrimas para muchos países. Aconteció entre quienes  los asistían como beneficiarios de aportes y de donaciones venezolanas, además de  descuentos solidarios y, especialmente,  por compra de petróleo o combustible. Y sin desestimar la presencia de  préstamos que, por lo regular, se condonaban, además de  contribuciones para construir carreteras, hospitales, escuelas, como de otras obras que registraban realmente  gestos humanitarios.

¿Motivo?:  sólo por ser buen vecino. ¿Y qué más decir?. Obviamente, que, en ese entonces, sus ciudadanos eran apreciados y bien recibido en todas partes.  Adicionalmente, en casi ningún país del mundo Occidental, a tal representación se les exigía visa de entrada. 

Lamentablemente para los venezolanos, desde  hace 23 años el país capítuló ante el engaño del «Socialismo del Siglo XXI». Y el cambio ha sido tal que, ahora, el trato internacional es distinto. ¿Por qué?.  Porque, lamentablemente, cuando no hay beneficios, «la memoria es corta». Tanto que hay un dicho que reza: » Viejo  sin dinero, es majadero, molesta, huele mal y ronca. Pero un viejo con plata es ocurrente, inteligente,  gracioso y hasta se gana el tratamiento de Abuelito maravilloso.»

Pero si delicada es esa realidad,  peor lo ha sido la situación interna. Porque  si bien la ciudadanía ha luchado ferozmente, respondiendo a  su propósito por recuperar el país, sacrificando vidas de seres queridos, familias destruidas, bienes incautados y con muchas necesidades, hambre y carencias. Sin embargo,  la mayoría de la dirigencia política, como la de los partidos opositores, lamentablemente,  no han estado a la altura de sus responsabilidades históricas, ni sus acciones se ha manifestado en respuesta eficiente al logro de lo que plantean sus compromiso y las exigencias expuestas por el Soberano, sobre todo en lo atinente a lo que  significa una acción eficaz en contra de la usurpación. 

Apena decirlo, pero la realidad evidencia que  muchos de ellos han incurrido en errores, actos de corrupción, deserciones y traiciones. A tal punto, que algunos han logrado ganarse el descrédito y el rechazo de la gran mayoría ciudadana, en igualdad y equivalencia a la que el pueblo estima como tratamiento para el propio régimen. Y sin olvidar el hecho de que, penosa y lamentablemente, no es posible desestimar que tal realidad se ha manifestado como el exigente extremo de dar la impresión -y es lo que se comenta en el diario boca a boca- de haber preferido convivir o cohabitar cómodamente con el régimen, antes que cumplir con el mandato del pueblo, en cuanto a lo que es y significa realmente la exigencia de quienes demandan cambio.

¿Qué hacer, entonces?. Definitivamente, llegó la hora de entender que la Patria y sus ciudadanos han sido, son  y siempre serán lo más importante. Pero, además, que, perdida la República, la ciudadanía venezolana también está ante el grave  peligro de perder el país. Y que es por eso por lo que no son pocas las recomendaciones que demandan actuar con conciencia y humildad, y que es válido para los buenos patriotas que aún quedan  en el RÉGIMEN, al igual que para  aquellos que se mantienen en el seno de  los partidos de la OPOSICION. 

Tales personas, a quienes aún se les reconocen méritos, como aquellos que sobresalen por su voluntad de exhortar y aportar expresión de cambios, están ante la demanda histórica de actuar con humildad, para que acepten que, si no han actuado con la responsabilidad y reclamos de su país, que cedan posiciones ante nuevas caras y voluntad de servicio. No hay que olvidar, de igual manera, que en la sociedad civil hay experiencia y ciudadanos libres de toda sospecha, como de indicaciones que se promueven alrededor de señalamientos personales o de presunciones de corrupción.

Hay que hacer posible la recuperación del país sin más presos políticos y que se permita el regreso  de todos nuestros seres queridos, y unidos sin necesidad de intervenciones extranjeras interesadas. Sí es posible la recuperación de la Patria, y de hacerlo sin  seguir impidiendo tal posibilidad, con base en la recurrencia de argumentos interesados en su vigencia y en su uso político dirigido al objetivo de la negación.

Con recursos humanos calificados y naturales en abundancia, se pueden dar pasos de avanzada. Sin embargo, siempre hay que tener presente que » El amor y el interés se fueron al campo un día, y más pudo el interés que el amor que te tenía». El reto auténtico ha sido y seguirá siendo siempre el hecho de que, de lo que se plantea como reto, definitivamente, es que hay que  probar que la negación de los cambios no es verdad, y que a la ciudadanía le corresponde demostrar su amor por la Patria. 

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