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El Brexit en su laberinto

El próximo 12 de marzo el Parlamento Británico votará si aprueba o no el acuerdo alcanzado con la Unión Europea (UE) por el gobierno de la primera ministra, Teresa May, para que se produzca una salida lo menos traumática posible del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte del sistema de integración europeo. Con un producto interno bruto nominal (PIB) de US$18,78 billones (millón de millones, 2018), la UE es, como bloque, la segunda economía del mundo. Si bien la gran nación de William Shakespeare y Winston Churchill es la quinta economía del planeta (PIB: $2,81 billones, 2018; y la 9naen valor de paridad de la moneda – purchasingpowerparity – PPP), su PIB representa sólo el 3% de la producción mundial (ver nuestro articulo El Brexit: un error histórico y costoso, Analitica.com, 27 de junio de 2016).

El 50% de las exportaciones de Inglaterra se destina al mercado único europeo, integrado por 512,7 millones de personas que disfrutan de la libre circulación de bienes, servicios, personas y capitales. Ningún organismo supranacional formado por Estados-Nación ha logrado una integración económica más acabada en la historia de la humanidad. De manera que es fácil deducir cuál de las dos partes se perjudica más de un retiro sin acuerdo de la Unión Europea, previsto para el 31 de marzo próximo.

Teresa May ha alcanzado un acuerdo que preservaría el accedo de su país al mercado único y la unión aduanera hasta que, a partir del 31 de marzo, ambas partes negocien, con fecha tope del año 2020 (prorrogable hasta el 2022), un tratado definitivo que regule las relaciones entre el Reino Unido y la Unión Europea. Pero ello no es suficiente para los ultranacionalistas irresponsables que promovieron un referéndum el cual la mayoría de los ingleses actualmente lamenta,porque desean permanecer en la Unión. La nociva campaña antieuropea montada por unos pocos líderes políticos populistas facilitó el que, en un referéndum repleto de demagogia, falsos positivos y mentiras flagrantes, se obtuviera, en junio de 2016,una pírrica mayoría a favor del retiro de Inglaterra de la Comunidad Europea, lo cual sumergió a la economía y al sistema político británico en una crisis sin precedentes.

Uno de los desatinos de los falsos nacionalistas es el no haber pensado en que la separación del Reino Unido de la Comunidad Europea podía enrarecer la paz tan difícilmente lograda enIrlanda del Norte entre católicos y protestantes, inclusive violar el Acuerdo del Viernes Santode 1998. Este convenio prevé el mantenimiento de una frontera abierta entre la República de Irlanda e Irlanda del Norte. El llamado IrishBackstop, negociado por el gobierno de Teresa May, permite mantener dicha frontera abierta, inclusive si el Reino Unido y la UE no concluyen un tratado de retiro definitivo en la fase de transición a iniciarse el 31 de marzo.

En esencia, el Irish Backstop resguardaría para Inglaterra y para las relaciones entre la República de Irlanda e Irlanda del Norte, la pertenencia al mercado único y la unión aduanera, lo cual sería beneficioso para los consumidores y productores europeos; pero particularmente para los ingleses e irlandeses. Como los ultranacionalistas desean que el Reino Unido negocie ya sus propios tratados de asociación económica y libre comercio (la UE cuenta con 36 vigentes y 17 en aplicación provisional o en negociación avanzada con países y regiones), y como ellos no quieren formar parte del mercado único ni de la unión aduanera europea (como Noruega, por ejemplo), las autoridades británicas deben colocar una (absurda) infraestructura aduanal en la frontera terrestre entre Irlanda del Norte y la República de Irlanda, donde existe libre circulación de personas, bienes, servicios y capitales desde principios de los años 90, cuando se firmó el Tratado de Maastricht (1992).

Ni Inglaterra, ni Irlanda, y mucho menos Irlanda del Norte, desean construir una aduana y realizar inspecciones aduanales en sus fronteras (recuérdese que los pueblos de Irlanda del Norte y Escocia votaron a favor de que el Reino Unido permaneciera en la UE). La primera ministra negociócon la UE mantenerse en el mercado único y la unión aduanerahasta tanto puedan realizarse inspecciones a control remoto, o indefinidamente si no hay acuerdo final para el Brexit; pero los demagogos no lo aceptan y la tecnología para inspecciones remotas no existe. Alternativamente, ello implicaría colocar la aduana entre Inglaterra e Irlanda del Norte, lo cual seríaotro absurdo: levantar aduanas dentro del propio país. Entretanto, la Unión Europea, con razón, sólo acepta el acuerdo alcanzado con la señora May (de ahí que vuelve a tomar cuerpo la idea de un nuevo referéndum).

La primera ministra viene de sufrir varios reveses en el Parlamento y parece que una nueva derrota podría producirse otra vezel próximo 12 de marzo (por la votación desfavorable de miembros de su propio Partido Conservador). Ella ha indicado que, de ser derrotada, promovería el 13 de marzo una moción para que Inglaterra se retire sin un acuerdo, y si lo pierde también, presentaría otra moción el 14 para prolongar las negociaciones hasta junio de 2019 (aunque la UE ha indicado poca disposición a reabrir las negociaciones, sólo a hacer clarificaciones al acuerdo logrado). Entretanto, el líder del Partido Laborista minoritario, Jeremy Corbyn, ha asomado la posibilidad de llamar a un nuevo referéndum bajo ciertas condiciones;propuesta que May considera tendría un efecto negativo para la credibilidad del sistema político inglés.

Para este analista no existe la menor duda de que lo que más conviene al interés nacional de la maravillosa nación de Los Beatles y Queen, es que se efectúe un nuevo referéndum y el Reino Unido permanezca en la Comunidad Europea; o en su defecto, se apruebe el convenio negociado por la señora May con el IrishBackstop.El daño ya provocado a la economía británica por la salida de capitales, cierre de fábricas, fuga de talentosy reubicación de empresas en otros países de la UE, es demasiado grande (además del estado de incertidumbre y desasosiego de decenas de miles de europeos que trabajan y hacen vida en Gran Bretaña e Irlanda del Norte y de otros miles de ingleses que lo hacen en los otros 27 países miembros de la UE).

El mundo necesita una Europa unida, democrática y protectora de los derechos humanos,no debilitada por la salida del Reino Unido. 800 años de parlamentarismo democrático y civilizador no pueden echarse por la borda por unos cuantos líderes políticos insensatos.

@lxgrisanti

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