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El camino de la aurora

Siempre es reconfortante pensar en un próximo día. Si alguna vez has contemplado un amanecer, habrás notado que la luz tenue de la aurora comienza a filtrarse en la espesa oscuridad de manera tan sutil, que de repente, sin darnos cuenta, la luz ocupa todo el espacio de la noche. Entonces, la aurora nos saluda con esperanza, porque un nuevo amanecer es siempre una nueva oportunidad. La posibilidad de abrir camino en nuevas sendas, de empezar un nuevo proyecto, de atrevernos a darle forma a una idea, de darle nombre a un emprendimiento. En fin, la mañana nos llama a seguir el camino de la luz, a perseguir la meta, a continuar respirando la vida.

Las Sagradas Escrituras están llenas de figuras literarias que evocan de una manera hermosa la cotidianidad; sencillamente el vivir. En el libro de Proverbios hay un verso que siempre me inspira. Dice así: “Mas la senda de los justos es como la luz de la aurora, que va en aumento hasta que el día es perfecto” (Prov. 4:18). Sabiendo que la Biblia en el Antiguo Testamento llama justo al ser humano que camina con Dios; es decir, de acuerdo a sus mandamientos. Y en el Nuevo Testamento, los justos son aquellos que han aceptado la cruz de Jesús como el pago por su redención y transitan el camino de desarrollar en su propio carácter las virtudes del Maestro.

Constantemente pienso que en cualquier lugar en el mundo en el cual haya justos en los diferentes escenarios de la vida, habrá una luz que irá en ascenso, disipando la oscuridad. De la manera como lo describe ese Proverbio, así puede suceder en la vida individual, de familia, de comunidad y de toda una nación. El apóstol Juan dice en su evangelio refiriéndose a Jesús: “La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella”. He ahí el poder de la luz, que las tinieblas no pueden prevalecer contra ella. Porque las tinieblas no tienen un camino propio, solo pueden ocupar el espacio que la luz deja de transitar.

Venezuela puede ser esa senda que iluminada por la luz de Dios, pueda ir en ascenso como el camino que sigue la aurora, para convertirse en la luz de pleno día. Es un llamado imperioso en mi alma; por esa razón lo he transmitido durante muchos años en diversos medios del país. Creo firmemente que cuando se levantan muchas pequeñas luces en medio de la oscuridad, las tinieblas se desvanecen. Y me niego a creer que no haya suficientes pequeñas luces en mi nación. Debemos encender nuestras lámparas. En una sociedad corrupta desde las transacciones más simples de la vida, hasta las más trascendentes, es necesario un despertar de las conciencias por medio de la ejemplificación de integridad en todos los sectores de la nación.

Cómo podremos llamarnos un país con una mayoría de creyentes cristianos, en sus diferentes denominaciones, si nos dejamos arropar por la oscuridad. ¿Será que hemos apagado nuestras lámparas? ¿Será que hemos convertido nuestra relación con Dios solo en religión, en ritos y costumbres; pero no caminamos en Su luz? A este respecto también Juan nos dice: “Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas”. (Juan 3:19).

Quizá este verso bíblico, para muchos obsoleto y anticuado, nos está revelando en una imagen muy clara y precisa la verdad de nuestra nación: Hemos amado más las tinieblas que la luz. Por una simple razón: Nuestro proceder no es bueno. Sumado a esto Juan continúa diciendo: “Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprendidas. Mas el que practica la verdad viene a la luz, para que sea manifiesto que sus obras son hechas en Dios”.

Necesitamos mirar adentro. Necesitamos, individualmente, comprender por qué nuestra luz está apagada. Por qué nuestro camino no ha seguido el rumbo de la aurora, sino que nos hemos acostumbrado a vivir en la noche. Necesitamos mirar en nuestros círculos más íntimos; allí donde tenemos liderazgo, donde podemos dar un ejemplo, donde podemos inspirar a otros. Con seguridad si muchos tuviéramos la determinación de tomar esta decisión, podríamos comenzar a ver cambios. Sería un efecto tan simple, como el efecto de lanzar una piedra en aguas tranquilas, podríamos ver su onda expansiva llegar mucho más lejos que la misma piedra.

Además, otro factor importante de ese camino que sigue la aurora hasta la plenitud del día es la alegría; pero, no hablo de algarabía, de ruido, de los tambores de la superficialidad. Me refiero a esa alegría del alma que se revela como un sentimiento profundo de satisfacción, vestido de una sosegada paz, de una fuerza que nos impele a continuar, a seguir luchando, a creer con esperanza. Y cuán hermoso es cuando nos encontramos con personas que han decidido vivir en la luz; irremediablemente, si nos quedamos cerca, somos arropados por su luz. Por esa razón, aquel otro Proverbio: “Cuando los justos dominan, el pueblo se alegra; mas cuando domina el impío, el pueblo gime”. (Prov. 29:2).

Es, en primer lugar, una decisión personal. Luego, es una decisión de familia. Rápidamente, se puede convertir en una decisión de las instituciones. Y poco después, en un país que entienda que si hay un nuevo amanecer, que no tenemos porqué quedarnos en la oscuridad. 

¡Un país que decida transitar el camino de la aurora!

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2 comentarios

    1. Excelente Rosalía siempre he meditado en ese versículo , Que el justo es como la luz de la auora que va en aumento hasta que el día es perfecto , Dios nos conceda esa gracia de caminar siempre bajo la dirección de la Palabra de Dios es Lámpara a nuestras pies y lumbrera a nuestro camino. Dios te continúe bendiciendo actraves de estos artículos muy interesantes .

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