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El caso de Allende: su pertinencia en el presente

Recientemente me llamó la atención unos comentarios del presidente de Ecuador, Rafael Correa, acerca del parecido “sorprendente” entre lo sucedido en Chile durante el gobierno del presidente Salvador Allende y la actual situación por la que atraviesa Venezuela. Hace referencia a la guerra económica en ese país para derrocar al Presidente Allende: “acaparamiento, especulación, etc.”. Si bien mi conocimiento sobre el tema no es cabal, a veces,  incluso, de segunda mano, que no he pasado el tiempo necesario en Chile por lo que seria arriesgado hacer un análisis profundo de cómo se desarrollaron los hechos, me voy a permitir dar mi impresión basado en lecturas, vivencias,  anécdotas y encuentros,  de tal manera de poder contribuir a aclarar dudas, (o a profundizarlas),  que aún persisten y que, en ocasiones, se prestan para apuntalar posiciones políticas que terminan opacando o tergiversando la realidad.

A finales de 1979, cuando no había terminado de preparar las maletas el año viejo, el Ministerio de Relaciones Exteriores de Venezuela, me seleccionó para participar en un seminario sobre relaciones internacionales a celebrarse a principios de enero de 1980, en Viña del Mar, Chile, auspiciado por la Academia Diplomática de Chile, el cual se realizaba anualmente con la participación de un funcionario diplomático de cada país latinoamericano y versaba sobre tópicos internacionales de actualidad. El gobierno chileno, además de patrocinar el evento, costeaba todo lo relacionado con el hospedaje y manutención del funcionario seleccionado. Eran los tiempos de la junta de gobierno presidida por el General Augusto Pinochet.

En los pasillos de la Academia, con frecuencia aunque de una manera muy discreta, se conversaba acerca de la situación de un sinnúmero de desaparecidos y de una cantidad incalculable de prisioneros que el régimen mantenía en las cárceles o detenidos en el Estadio Nacional. No obstante, el ciudadano común comenzaba a disfrutar los sitios nocturnos y los mas jóvenes acomodaban sus horarios para permanecer en los lugares de diversión “de toque a toque”, como solían decir en Chile, de manera de evitar enfrentamientos con los cuerpos de seguridad los cuales, tenían orden estricta de apresar a aquellas personas que incumplieran con la medida de transitar por las calles durante determinadas horas nocturnas, salvo, por supuesto, las muy contadas que poseían salvoconductos.

El régimen aprovechó la oportunidad que le brindaba el evento para desplegar una campaña propagandística de la labor realizada por dos razones. La primera tenía que ver con la recuperación económica que se empezaba a notar. La segunda, relacionada con la preparación de parte del gobierno de un plebiscito que tendría lugar a mediados de año cuyo resultado afianzaría al General Pinochet para perpetuarse en el poder.

La ocasión fue propicia para sentir la cordialidad que ofrece Viña del Mar y su ciudad contigua, Valparaíso. Tomé mis vacaciones y me dispuse a conocer Santiago. Allí me comuniqué con un amigo chileno, Carlos, compañero de lides neoyorquinas cuando ambos ejercíamos funciones diplomáticas en las respectivas embajadas ante la Organización de las Naciones Unidas. Carlos había regresado al servicio interno a principios de 1973 y se había reincorporado a las labores cotidianas de la Cancillería.

El reencuentro fue muy grato y tuve la oportunidad de conocer a algunos de sus amigos, muchos de los cuales habían vivido la experiencia de Chile durante el tiempo de Allende. Como era de esperarse las breves pero interesantes charlas giraron en torno a aquel lamentable episodio cuya duración fue de unos tres años (1970-1973) pero que, desgraciadamente, abrió heridas muy difíciles de restañar.

Salvador Allende reemplazó en la presidencia de la República a Eduardo Frei. Su gobierno   tomó las riendas de una serie de empresas privadas y, en las primeras de cambio, dirigió su acción política hacia una transición de tendencia socialista que condujo al abaratamiento de una gama de bienes de primera necesidad y trajo consigo un cierto nivel de progreso y bienestar para los chilenos. No obstante, La situación de la nación comenzó a tornarse comprometedora desde el punto de vista económico y social. La expansión del circulante produjo un exceso de demanda frente a una oferta cada vez mas rígida y causó una inflación que deterioró considerablemente el ingreso real de la gente y una depreciación del Escudo. Como los precios estaban controlados por el gobierno ya que la tendencia era lograr una “economía subsidiada”, se generó el mercado negro, un alto nivel de escasez, enormes colas para conseguir los alimentos y las empresas privadas comenzaron a quedarse sin los fondos necesarios para su funcionamiento.

Sobre el particular, en 1978, en una entrevista con Alfredo Peña, el Dr. Arturo Uslar Pietri se pronunció: “En América Latina en los últimos 30 o 40 años se desarrolló un sistema político llamado “populismo”, otros lo llaman “paternalismo político”…lo han acentuado cierto partidos políticos para conseguir votos…prometiendo posibilidades que están mucho mas allá del alcance de las respectivas economías nacionales…Ha ido creando un fardo mayor de consumo improductivo…A la larga tuvo que minar las economías y establecer situaciones que desembocaran en crisis. Fue lo que pasó en el Uruguay y en Chile”.

Es conveniente destacar que otros elementos contribuyeron también significativamente a que el panorama cambiara radicalmente y se inicia un forcejeo político entre las distintas fuerzas vivas del país: la disidencia, por el regreso a las leyes del mercado y el gobierno, por la imposición de las leyes del Estado. Los grupos que conformaban la “ultraderecha” promueven acciones violentas contra el gobierno “comunista” : huelgas en las industrias básicas, sabotaje a instalaciones y fábricas y paros de transporte; el General Rene Schneider, Comandante en jefe del Ejército es asesinado; la nacionalización del cobre, si bien recibe el apoyo de todos los partidos, se realiza bajo la constante amenaza de grupos inconformes que tratan de paralizar la industria, obstaculizando de esa manera, la actividad mas relevante del país cuya generación de divisas servia para el alto volumen de importaciones que realizaba Chile. Fidel Castro, en 1971 y luego de tres semanas en el país, recalienta el ambiente, promete enviar armas y entrenar a unos cuantos chilenos en labores militares y Leonid Brezhnev, Presidente de la Unión Soviética, si bien elogia el modelo socialista, no es mucho su aporte en términos económicos respecto a lo que Allende esperaba.

A todo este triste paisaje hay que agregarle lo que para muchos se llamó el “bloqueo” del gobierno de los Estados Unidos ejecutado directa o indirectamente. Al respecto, en el Informe Especial titulado “Cuando Chile cambió de Golpe” del año 2013, Richard Nixon enfatizó que “Estados Unidos votaría en contra de aprobar cualquier préstamo en organizaciones internacionales.” Sobre este último punto es importante señalar un hecho que aconteció en Naciones Unidas en 1972, época en la que yo ejercía funciones diplomáticas en la Misión de Venezuela ante la Organización. En la reunión del Consejo Económico y Social (ECOSOC) en Nueva York, cada año el Banco Mundial le presenta un informe al Consejo. En esta ocasión, el presidente del Banco expresó que la condición sine qua non para que la institución le otorgara préstamos a Chile era que el país estuviera bien administrado sobre una base de sustentación económica lo suficientemente sólida como para hacer uso debidamente de los recursos financieros, sin embargo, en los actuales momentos estas exigencias no se cumplían. El debate fue largo y candente entre el presidente del Banco, Roberth Macnamara y el Embajador de Chile ante la Institución, Hugo Cubillos. En un artículo titulado “El bloqueo invisible y la caída de Allende”, Paul E. Sigmund, profesor de la Universidad de Princeton y autor de varias obras sobre América Latina, abunda mas sobre el tema. Aduce que “hacia principios de 1972 era ya claro que Chile no era digno de recibir mas créditos. Había agotado la mayor parte de las reservas en divisas. Fueron acumulándose presiones inflacionarias que finalmente estallaron en el período de julio a septiembre cuando la tasa oficial de la inflación llegó a 99%. Chile había suspendido el pago de la mayoría de sus deudas internacionales”.

Mientras tanto, la comunidad internacional congregada en la Asamblea General de la ONU escuchaba el emotivo discurso pronunciado por Salvador Allende en diciembre de 1972 cuyo contenido ameritó un profundo análisis en los organismos competentes de la Organización por la denuncia sobre la actuación de grandes empresas capitalistas extranjeras en Chile lo que derivó en la nacionalización del cobre y de otras industrias básicas. También se refirió a la superación del sistema capitalista, la apertura al socialismo impulsado por el pueblo chileno, la interrupción de los financiamientos del Banco Mundial y del Banco Interamericano de Desarrollo y la suspensión de créditos de parte de los Estados Unidos

La crisis se salía del cauce. El desabastecimiento y la carestía de la vida se acentuaban. La violencia y los saqueos en las calles se intensificaban. El partido de la Unidad Popular, otros que lo apoyaban y los partidos de oposición alzaron sus voces de acuerdo a sus tendencias y dependiendo de los respectivos ángulos políticos. Patricio Alwyn, en aquel momento presidente de la Democracia Cristiana (DC), comentó en el Informe Especial citado : “El presidente cometió un error cuando se comprometió a gobernar de acuerdo con su partido. Tiene una responsabilidad personal con toda la nación”. En una ocasión, invitado por el presidente Allende a las cuales, algunas veces asistía también un representante de la Iglesia Católica, dijo: “El presidente (Allende) le planteó a los partidos de la Unidad Popular (UP) tres   alternativas: 1. Entendernos con la DC 2. Convocar a un plebiscito y 3. Dejar todo igual. Salvador Allende les dijo: “Yo soy partidario de entenderme con la DC”. El drama de Allende fue que no logró poner de acuerdo a su gente”.

A mediados de julio de 1973, luego de un conato de golpe el cual, fue aplastado por los Generales Pratt y Pinochet, el Presidente Allende invita de nuevo a Alwyn a dialogar y éste le sugiere que forme un gabinete que inspire confianza. “Usted puede pasar a la historia como el hombre que construye un socialismo en democracia o como el hombre que quiebra la democracia en Chile” fue la respuesta de Alwyn, recogida en el Informe Especial y Allende le habría dicho “Estoy tratando de hacerlo”. Sin embargo, el asesinato de un edecán del Presidente, Arturo Araya, oscurece el ambiente político y el diálogo se fractura. El caos llegó a hasta las fuerzas armadas. El general Pratt antes de renunciar nombra al general Pinochet comandante del ejército.

Con el propósito de flexibilizar su posición, Salvador Allende sugiere nombrar dos ministros de la DC pero la revuelta social en la cual se encuentra envuelta el país impide cualquier acercamiento entre las partes en conflicto. En el Informe Especial, Carlos Altamirano, el entonces Secretario General del PS aclara que “la DC ya no estaba dispuesta a tenderle un salvavidas al gobierno” a lo que Patricio Alwyn responde “El PC y el Radical fueron partidarios de entenderse con la DC. El PS dijo que por ningún motivo, El MIR dijo que por ningún motivo”. El presidente, anotó Alwyn: “debió cortar por lo sano y escoger él el camino mas adecuado. El PS y el MIR tenían la mayor cuota de responsabilidad. La Derecha lo que quería era echar a Allende y nosotros no tuvimos nunca esa posición porque Salvador Allende era el Presidente Constitucional del país”.

El 9 de septiembre Alwyn le propone al Presidente que llame a elecciones generales pero ya la suerte estaba echada. El golpe de estado dirigido por el general Pinochet era inminente. El 11 se lleva a cabo.

La tragedia aterriza en Naciones Unidas. Un dramático e inesperado evento se realiza en el seno de la Organización. En octubre del 73, durante la sesión ordinaria de la Asamblea General presencié una situación no muy común en ese foro. Presidía la Asamblea General el Embajador Leopoldo Benites del Ecuador. Ya caída la noche, el representante de la Junta de Chile hace uso de la palabra y comienza a despotricar del gobierno de Fidel Castro. Lo tildó de intervencionista, de haber participado directamente en la implantación de un régimen comunista en Chile teniendo como títere a Allende. Afirmó que Castro se regocijaba imponiendo el terror y viendo caer muertos en las calles de Cuba, violando así los derechos fundamentales del hombre.

De pronto, el Canciller de Cuba, Raúl Roa se levanta de su sitio y comienza a vociferar y lanzar improperios contra el orador, al tiempo que se dirige al “podium” para enfrentarlo físicamente. Entre sus expresiones, una me llamó la atención: “usted es el pinocho de Pinochet”. Durante esos difíciles instantes, la interpretación simultánea se había perdido porque la discusión se realizaba fuera del mecanismo electrónico. Como la disputa se efectuaba en idioma español, solo las delegaciones de habla hispana podían entender lo que estaba aconteciendo. Al Presidente Benítes, con la angustia, se le había olvidado encender su micrófono. El representante de Chile continuaba injuriando a Fidel Castro y el Ministro Roa, a paso rápido, llegaba al podium con insultos contra Pinochet, conjuntamente con un grupo de edecanes cubanos. A pocos minutos de iniciar el primer “round” y al percatarse por fin los agentes de seguridad de Naciones Unidas de la grotesca escena, se puso punto final al bochornoso espectáculo sin mayores incidentes que lamentar.

En los primeros días de Noviembre, el New York Times considera que “la brutal ofensiva contra la izquierda en un país con una democracia tan fuerte y de tradicional libertad, ha causado incomodidad creciente aun entre aquellos que dieron la bienvenida a la Junta”.

Unos años mas tarde, en una entrevista reflejada en el Informe Especial antes mencionado, Carlos Altamirano, uno de los hombre mas cercanos al Presidente Allende y de postura dura, indicó: “No tuvimos la suficiente realidad, léase Salvador Allende, Carlos Altamirano, Luis Carvalan (Secretario General del Partido Comunista (PC) …no tuvimos el realismo suficiente para decir que lo mas que se puede hacer en Chile es un reformismo muy moderado a la manera de Eduardo Frei”. Altamirano reconoció que “es cierto que muchos de los discursos y de mis discursos producían un miedo y un terror dentro de la Derecha mucho mayor al que me imaginé, de manera de que esta lejos de mi sostener de que fue pura violencia de la Derecha. En nuestro accionar, en nuestra retórica había elementos que condujeron a esa radicalización y a esa polarización y a esa violencia”.

Por otra parte, Luis Carvalan, dirigente de confianza del régimen, afirmó: “hubo extralimitación de la ultraizquierda”.

El Dr. Uslar Pietri, en la entrevista citada anteriormente, comenta que en una visita a Chile un año antes de la caída de Allende, se había dado cuenta del “malestar y descomposición de la situación social y económica”. Señala el Dr. Uslar que “el error fue creer que podía realizar una revolución…sin provocar un estado de excepción o de emergencia, sin crear una situación dictatorial…En la historia del mundo no ha habido ninguna revolución en libertad, todas han sido fruto de una autoridad incontrastable, una dictadura férrea que impone la fórmula de gobierno por encima y contra todos los que no estén de acuerdo…Pero introducir una reforma violenta de la economía y de la sociedad con libertad de oposición y pluralismo político, eso es imposible”. Razona mas adelante que “en las revoluciones rusas y chinas operó un sistema cerrado, monolítico del Estado, con un comando supremo sin apelación y ejecutado en toda la medida y amplitud por la fuerza pública, sin ningún derecho de protesta ni de disensión”.

Por la bella avenida de la Alameda, Carlos cuenta que lo sucedido en su país es un ejemplo de lo que no debe pasar en ningún otro país latinoamericano. El sufrimiento causado en la población por la desaparición y muertes de gente y el caos económico incontrolable, se quedó como tinta indeleble en la mente de los chilenos. Y lo mas preocupante es que la dirigencia política no fue capaz ni siquiera de dar los primeros pasos para un entendimiento político que pudo haber resuelto, a pesar de las posiciones ideológicas extremas existentes entre las partes involucradas, los problemas que aquejaban seriamente a la población.

A mi juicio, los comentarios del Presidente Correa deberían ser analizados sin apasionamientos y con mucho tino. Examinar las causas fundamentales de la crisis y las funestas consecuencias Si bien es cierto que opinar cuando pasan los hechos es tarea fácil, sí creo que se pudo haber evitado la catástrofe si se hubiera impuesto el diálogo y se hubieran flexibilizado las posiciones. Cuando parecía que se podía llegar a acuerdos para rescatar las instituciones, cuando daba la impresión que había consenso para proceder a solucionar los problemas acuciantes de la gente, cuando se creía que las conversaciones podían finalizar en conclusiones satisfactorias, algún incidente deplorable surgía y entorpecía la marcha de los acontecimientos. Los controles de precios que causaron una inflación galopante y un nivel de escasez pronunciado le hicieron un daño irreparable a la economía. Las expropiaciones de empresas y la severa reacción internacional encresparon mas la atmósfera ya de por sí caldeada. La creciente radicalización dio al traste con las buenas intenciones de algunos soñadores que aun pensaban en una salida democrática. La lucha dogmática desembocó en acciones crueles e inhumanas y, la defensa firme y, a veces desproporcionada, de posiciones antagónicas contaminaron el ambiente político y pusieron en cuarentena a toda la sociedad chilena.

La tosquedad, la terquedad y la torpeza de algunos hacedores políticos que tuvieron mucho que ver con el futuro de la nación quebró el país en dos bandos hostiles cuya desembocadura fue la sangrienta lucha entre hermanos. La decisión brilló por su ausencia. El horizonte se fue opacando. El sol dejó de salir. La oscuridad embozó la vida de los chilenos para culminar en el estallido militar. El encierro de Chile entre posiciones intransigentes condujo al país a un callejón cuya salida nadie podía prever, ni en cuánto tiempo se encontraría. Ni mucho menos, quiénes serían los protagonistas y, lo peor, de qué manera el desenlace se daría.

 

Embajador,

Ex director general de Economía y Cooperación Internacionales

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Fuentes consultadas:

“Cuando Chile cambió de golpe”. Informe Especial. 9 de Septiembre de 2013.

“El bloqueo invisible y la caída de Allende”. Paul E. Sigmund.

“Chile. La Conjura. Los mil y un días de golpe”. Mónica González. Septiembre 2000.

Conversaciones con Carlos y sus amigos. Enero de 1980

Entrevista al Dr. Arturo Uslar Pietri. 1978

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