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¿El chavismo originario?

Siempre la agonía produce delirios producto de la inconsciencia, por lo que no debemos tildar de procaz la ilusión de las personas, que creyendo en una visión fáctica y posible aunque siempre temerosa, se emocionaron inconscientemente con esa visión de lo que llamaron “proyecto”, que nunca visionaron como ideal claro y preciso, toda vez que tampoco lo impusieron, porque no lo había.

Nos referimos al llamado “chavismo”, un ideario político con tinte de autenticidad o certeza, que presumió de haber encontrado, mas no descubierto, ese ideario que todos siempre hemos soñado, tener una paz conviviente de los venezolanos, donde la armonía en el disfrute de la riqueza, conllevara a lograr una sociedad feliz de iguales.

El deseo o presunción, imaginó ser realista y apuntalado por la lógica kantiana, que como teoría ética deontológica se fundamenta en un racionalismo ilustrado, basado en que la única cosa intrínsecamente buena como lo es una buena voluntad, que solo puede ser buena si obedece a la ley moral. Mejor aún, que como principio de universalidad requiere para ser permisible, que sea posible aplicarse a todas las personas sin resultar contradictoria; es decir, que los humanos nunca sean tratados meramente como un medio para un fin, sino también un fin en sí mismos.

Kant planteó, y es lo fundamental, que todo proyecto social debe actuar sobre todas las personas, sin importar sus intereses o deseos. Lamentablemente, ese fue el mayor error del chavismo, creer que podia implanter un sistema socioeconómico, que llamó “socialismo del siglo XXI”, imponiendo la perversa lucha de clases heredada de las teorías comunistas. Más grave aún, intuyó e instauró un “proyecto” viciado de nacimiento de ignorancia política, siguiendo las “ideas” visionarias de un ignaro militar formado en “la calle”, que se autoproclamó “mesías” guiado por una supuesta reencarnación de Simón Bolívar, sin percibir ni darse cuenta, que las personas viven un momento y sus ideas persisten solo si pueden implementarse en la realidad social del momento actual.

No dudamos de la buena fe y voluntad de muchos de los visionarios que se sumaron a este supuesto ideario, pero no podemos unirnos al “coro” de pancistas intelectuales, que vieron en Chávez una oportunidad real para tirar por la borda la visión incomprendida, de una democracia real fundamentada en el trabajo y en la riqueza que generan la libertad de oportunidades productivas, controladas por el Estado, pero no promovidas por éste y mucho menos apropiándose de la empresa privada mediante el subterfugio ladronil de la expropiaciónfraudulenta, aunada y amparada por un control de cambio intolerante e innecesario, creado con el solo propósito deapropiarse del dinero de quienes lo ofertabany usaban para impulsar la economía, esa que fue destruida por la ignorancia de Chávez y la viveza de quienes lo acompañaron en su odisea estúpida y maligna. Esos que se vanagloriaban de ser “chavistas”.

Es inconcebible, que pueda alguien tener una visión “chavista” hoy, cuando vivimos en el infierno creado por estos malvados, muchos de ellos fuera de la política y la amoralidad, que no han querido reconocer su fracaso, que no derrota. Por eso, nos oponemos a que pueda surgir una visión política que pueda calificarse de “chavismo originario”, como si la destrucción del país y la patria hubiera surgido después de la muerte de Chávez, culpando al testaferro Maduro de esta ignominia, quien surgió como líder-presidente por su voluntad estúpida, para continuar después de su muerte.

Luchar contra el chavismo, sea originario o derivado, no es una cuestión de principios y mucho menos de perversidad política. En democracia no se pueden hacer exclusiones, como lo hizo el chavismo, tampoco de animadversión personal, pero si se debe luchar y castigar a quienes surjan como responsables de los males y daños causados por su fraudulenta y perversa administración, Especialmente contra quienes con conocimiento de la perversión disfrutaron del oprobio y la apropiación de los bienes del Estado, bajo la premisa de la lucha contra la exclusión y la perversa “distribución de la riqueza”.

No podemos olvidar ni dejar en el olvido: la destrucción de la “patria querida”; la perversión y politización de las fuerzas armadas, la perversión y mal uso de los militares y el militarismo indigno; el oprobioso desconocimiento de los poderes democráticos constituidos; la despatriación y entrega del poder nacional al régimen de Cuba; el desconocimiento de la Asamblea Nacional por el presidente y por el TSJ. Y lo más grave el silencio del chavismo hoy proclamado como “originario”, creyendo que es posible la existencia de otro fénix distingo al que resurgió de las cenizas.

¡No!. A los chavistas solo les queda una salida: ¡Reconocer su error, enmendarlo si quieren integrarse a la sociedad en recuperación y trabajar por corregir lo destruido por su equivocación!

@Enriqueprietos

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