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El Dinero

En el principio no existía el dinero.  Los seres humanos simplemente cubrían sus necesidades básicas y vivían de lo que la naturaleza les proveía. Conseguían sus alimentos cazando, pescando y luego cultivando. Así, los hombres de la antigüedad consumían lo que conseguían y se hacían sus vestimentas y sus hogares también de lo que proveía la naturaleza.  Llegó un momento en el que tuvieron más bienes de los que podían conseguir o en el que ellos tenían algo que otro necesitaba. Quien cazaba quería pescado y quien pescaba quería carne.  En ese momento, comenzaron a hacer intercambios.  Cuando los intercambios se hicieron más frecuentes, comenzó el comercio. Las personas intercambiaban algo que tenían por algo que necesitaban o querían. Intercambiaban bienes por bienes.  A esto se le denominó el trueque.  Cuando una persona quería tener lo que otra persona producía pero no tenía algo que al otro le interesara para intercambiar, surgió el sistema de intercambio con patrones de valor basados en trigo, ganado, conchas marinas, sal, semillas de cacao y clavos, entre otros, que se podían dividir en porciones pequeñas.

Los romanos por varios siglos le pagaron a los legionarios con sal que era muy valiosa porque permitía conservar en buen estado la carne y otros alimentos.  De allí viene el término “salario”.  Como en la época de tormentas la sal se arruinaba, al igual que otras especies, fue necesario establecer un sistema basado en bienes que no se deterioraran.  Las piedras y los metales preciosos no se deterioraban, eran más fáciles de transportar por su menor volumen y peso y permitían realizar el pago de lo debido con precisión. Se empezaron a intercambiar productos por metales como el oro y la plata que tenían un valor intrínseco y eran aceptados por muchos productores y comerciantes como contraprestación por sus productos

En China, hace más de tres mil años, se utilizaban conchas cauri como monedas. Se considera que alrededor del primer milenio antes de Cristo surgieron las primeras monedas metálicas en China.  Estas tenían la forma de las conchas que las habían precedido. Dos mil quinientos años antes de Cristo, en Mesopotamia, se utilizaban los metales preciosos como forma de pago. 

En el Antiguo Testamento, en varias partes, se hace referencia al pago de siclos de plata. Se dice que las primeras monedas metálicas oficiales fueron acuñadas en oro y plata en Turquía alrededor del siglo V antes de Cristo. Las monedas hechas de aleaciones con oro y plata (“electrum”), son consideradas las primeras monedas oficiales del mundo porque las emitió la autoridad de la ciudad o el rey local.  Hay monedas muy antiguas del reino de Lidia (hoy Turquía) que tenían en una de sus caras la cabeza de un león, representativa de la fuerza y el poder.  Ya no se pesaban simplemente los granitos de oro en una balanza.  Ahora se utilizaban monedas oficiales para el pago de los bienes y servicios.

El término “dinero” proviene de “denarius” que en latín era el nombre de una moneda romana de plata.  En esa época se consideraba dinero cualquier objeto de valor aceptado para el pago de bienes o servicios.  Las primeras monedas se crearon para estandarizar el valor de cambio.

En algún momento, las monedas islámicas de oro y plata se convirtieron en la unidad de cambio internacional reconocida en India, en África, en Europa y en Asia. Algunos dicen que en el siglo IX, durante la dinastía Tang, los chinos emitieron papel moneda para facilitar el comercio. Los billetes llegaron a Europa en el siglo XVI.  En el siglo XVII los países comenzaron a emitir billetes con características distintivas y con diferentes denominaciones. Y la historia sigue…

¿Para qué hace falta el dinero? Si nuestro país fuera autosuficiente y si todos pudiéramos cubrir nuestras necesidades básicas, tendríamos muchos menos problemas.  Ello, sin embargo, no implicaría que el dinero dejaría de tener “valor”. De no existir el dinero, igual habría que representar la diferencia entre el valor que uno ha producido para los demás y el valor que los demás han producido para uno. Dependiendo de nuestras habilidades y circunstancias, podemos crear más o menos valor. La diferencia entre el valor creado por nosotros y nuestros hábitos de consumo y el valor producido por otros puede ser a nuestro favor, en cuyo caso constituye un ahorro, o puede ser negativa para nosotros, en cuyo caso nos genera un déficit de valor, es decir, una deuda que requiere ser financiada por quienes ahorran.  Tener dinero ahorrado significa que nuestra producción de valor es o ha sido mayor que el valor que consumimos que ha sido producido por los demás. Ese exceso entre lo que se ha producido y no se ha consumido puede verse también como un consumo diferido hacia el futuro.  Es un ahorro que se puede utilizar para invertir en la creación de una mayor capacidad productiva.

Recuerdo cuando hace aproximadamente dos décadas mis hijos creían que el dinero salía del cajero automático.  Era como magia para ellos.  Uno metía la tarjeta en la máquina y salían los billetes.  Pensaban que era así de fácil…Y tal vez no estaban equivocados.  Los titulares de la tarjeta sabíamos que el dinero no era fácil de adquirir.  Habíamos tenido que trabajar mucho para poder ahorrarlo y tenerlo en la cuenta bancaria. 

Analizando el estado de la situación actual, me pregunto si mis hijos tendrían algo de razón cuando pensaban que la creación del dinero era mágica y que bastaba con apretar unos botones para conseguirlo.  Los bancos centrales crean cada vez más dinero sin respaldo alguno en la producción de bienes y servicios, lo cual devalúa el poder de compra de los ahorros generados con una verdadera producción de valor. Al introducir dinero sin respaldo productivo al cúmulo monetario y darle el mismo valor que el del dinero proveniente de la producción de bienes y servicios, se destruye la capacidad de compra del monto total de dinero emitido.  Así, las entidades que no han producido ningún bien o servicio para los demás pasan a usufructuar los bienes y servicios producidos por quienes verdaderamente los generaron.  Al garantizar que cualquier esfuerzo productivo o inversión que hagamos en la creación de valor sea irrecuperable, la irresponsable emisión de dinero sin respaldo obliga a todos los agentes económicos a consumir de inmediato sus ahorros, adquiriendo o contratando artículos o servicios que, a futuro, se revalorizarán en su contra, o convirtiendo sus ahorros a otras monedas.  Al destruir el incentivo al ahorro y la creación de valor, los bancos centrales producen una cadena económica destructiva que, gradualmente, arruina los incentivos a la inversión, la eficiencia productiva y la industrialización de cualquier economía.  El dinero se produce de la nada, se crea una deuda gigantesca que alcanza trillones de dólares de los Estados Unidos de América y…seguimos creyendo… 

Seguimos creyendo que un sistema económico construído sobre el subsidio estatal, la inflación monetaria y el crédito infinito, en lugar de la creación de valor y su consiguiente acumulación y expansión a través del ahorro y la inversión, puede funcionar. Esta dinámica sustituye la creación de valor por la creación de una deuda impagable cuyo crecimiento se acelera a medida que desaparecen las fuentes de crecimiento económico que podrían alguna vez saldarla

El dinero ha mantenido su poder durante la historia pero se ha transformado.  Ahora ya casi no vemos ni tocamos el dinero.  En nuestro país los billetes que representaban nuestra moneda local casi están desaparecidos.  Hemos tenido un sin fin de billetes y paridades distintos y todos han perdido su valor.  En muchas operaciones, hoy en día, se intercambian billetes en dólares de los Estados Unidos. Cada vez existen más instrumentos electrónicos y con solo números en una pantalla se llevan a cabo operaciones.  La confianza sigue siendo el factor fundamental que mantiene el valor de cualquier cosa. Debemos analizar bien en quién confiamos y cómo protegernos de depositar nuestra confianza en algo que ha dejado de tener valor intrínseco. Debemos analizar las nuevas opciones. El valor intrínseco se encuentra en aquello que no puede ser falsificado ni manipulado. Los intercambios deben ser justos.  Esta es la única forma en la cual podemos preservar la paz y tratar de vivir en un mundo mejor.

¡Prendamos una vela y pasemos la luz!

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