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El enemigo común: Hezbolá

El hecho de que Diego Molano, Ministro de la Defensa de Colombia, haya tomado la decisión de informar abiertamente al mundo que acaba de tener lugar una operación de cooperación entre su despacho y el de su homólogo israelí no es un hecho que debe ser tomado con ligereza. Sobre todo porque la amenaza que ambos países están queriendo neutralizar con esta acción conjunta es la de la actuación del movimiento terrorista Hezbolá en los predios latinoamericanos, en conjunción con el régimen de Venezuela. Algunas fuentes bien informadas aseguran que la tarea conjunta sobre la que Molano se pronunció durante su visita reciente a Tel Aviv, lo que reviste es un esfuerzo conjunto para intercambiar información y elementos de inteligencia entre las dos fuerzas armadas en torno a este espinoso tema.

Esta declaración unida a las que ha protagonizado el mandatario del país vecino en la ocasión de su reciente visita a Israel nos subrayan el hecho de que un cambio notorio de política y de diplomacia en relación con Venezuela se está configurando por el lado colombiano y que los decibeles que se alcanzan a escuchar son de mucha mayor estridencia. En efecto, tanto Iván Duque como Molano han asegurado que existen células de este grupo terrorista que hacen presencia en Venezuela «apoyados por el régimen venezolano», lo que supone un riesgo evidente para Colombia. No tuvo empacho alguno Duque en afirmar que «nosotros permanentemente hacemos monitoreo y seguimiento a esto, en especial en las zonas de frontera”.

No faltará quien asegure que el Presidente desautorizó a su Ministro abiertamente, negando que Colombia tuviera “enemigos” al referirse a Irán, lo que en efecto ocurrió.  Molano había asegurado que tanto el país persa como el grupo terrorista chií libanés Hizbolá eran enemigos de Colombia y de Israel y lo hizo al salir de una reunión formal  con su homólogo Benjamín Gantz. Iván Duque se apresuró a aclarar que Colombia no tenía “enemigos” pero lo hizo con tibieza para que nadie pueda inculparlo de hacer gala de una actitud belicista. El ministro no se dio por aludido. Lo cierto es que el daño ya estaba hecho y, pensando mal, no sería extraño que tanto la declaración de Molano como la reacción de Ivan Duque hubiera estado minuciosamente planificada para hacer saber que, con mayor o menor asertividad, que los colombianos le están ladrando en la cueva a Irán y a Hezbolá  y que en ello van de la mano  con sus nuevos socios israelíes.

Algo también es diáfano como el agua que las autoridades colombianas han pasado de las declaraciones a la acción en este terreno y que su intención de retroceder es inexistente. No es poca cosa que desde suelo israelí, Bogotá y Jerusalén hayan calificado de “amenaza común” a la complicidad existente entre el régimen de Nicolás Maduro y el grupo terrorista Hezbolá de Irán.

Si seguimos hilando fino sería necesario interrogarse cual, a todas estas, es la posición de los Estados Unidos en todo este nuevo y agresivo escenario colombiano. No huelga hacer un ejercicio de memoria sobre el hecho de que fue Washington quien detectó no hace tanto el desplazamiento por aguas del Atlántico de buques de la Armada iraní hacia costas venezolanas y que fue gracias a la presión americana que las embarcaciones debieron cambiar su rumbo.

Todo pareciera indicar que desde Washington y pasando por Bogotá, ya existe una voluntad decidida a hacerle frente a las veleidades terroristas que vienen produciéndose desde suelo venezolano, usando como herramienta la fragilidad de la frontera como Colombia y utilizando a la vez el contubernio del Régimen revolucionario con los nuevos terroristas colombianos que se esconden detrás de las disidencias de las FARC y los viejos guerrilleros del ELN. Si no están decididos ya los americanos a acciones más frontales, de lo que si están convencidos es de la necesidad de desvestir ante el mundo estas iniciativas criminales y alertar sobre sus consecuencias.

Este juego perverso está siendo puesto a la vista de la comunidad internacional y ya se están armando alianzas para venir al encuentro de sus oscuros propósitos. Es preciso seguir con atención al eje Washington, Bogotá, Jerusalén y calibrar sus actuaciones en el terreno del terrorismo.

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