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El Estado Islámico: los esbirros de hoy

Si algo ha demostrado el Estado Islámico (EI) a la Comunidad Internacional, es que representa el prototipo de la guerra moderna. No son los Estados los únicos y capaces de comenzar una conflagración, los grupos terroristas representan los actores preponderantes de las guerras de baja intensidad, siendo el desgaste de las partes lo que marcará la diferencia.

Lo que con perspicacia ha sabido manipular el EI es lo referente a los tácticas guerra, dejando atrás a quienes pensaron ser los titiriteros de sus acciones, y replanteando a Occidente su enfoque de combate, debiendo éste cuidarse de cumplir con la metáfora de la pulga y el perro de Robert Tarbes, la cual se basaba en que la pulga era omnipresente, pequeña y ágil, siendo el perro muy grande para defenderse a plenitud, quedando débil e incapacitado.

La aparición de EI, efectivamente obedece a la debilidad estatal y al sectarismo chiita en Irak y Siria, sin embargo, esto no debe dar la impresión de que se está bajo la lucha de un grupo oprimido en búsqueda de un Estado y de un gobierno justo, con base en el porvenir del islam y los sunitas, es decir, una impresión de lucha nacionalista. .

Es cierto,  que el nacionalismo tiene como elemento característico la capacidad de sobrepasar cualquier frontera estatal, a través de su sentido de pertenencia a aquella comunidad de quien se cree ser,   llevando consigo además un sentimiento de superioridad, considerando dicha nación más importante que cualquier otra.

George Orwell describió el nacionalismo, en un visceral ensayo de la siguiente manera: “Por nacionalismo quiero referirme primero al hábito de asumir que los seres humanos pueden ser clasificados como insectos y que grupos enteros de millones o decenas de millones de personas pueden razonablemente ser etiquetadas como “buenas” o “malas.” Pero en segundo lugar –y esto es mucho más importante- quiero referirme al hábito de identificarse uno mismo con una determinada nación u otra unidad, colocándola más allá del bien y del mal y reconociendo no otro deber que el de apoyar sus intereses”.

No obstante, ese lado oscuro del nacionalismo no debe confundirse con la naturaleza de los movimientos yihadistas, que aborrecen cualquier creencia más allá de su religión, que buscan es la extensión del islam en el mundo y regir la vida de los ciudadanos con base en las premisas de la sharia, siendo la ortodoxia la base y la violencia el mecanismo. La religión es su instrumento de poder y lucha, no la ideología y tampoco el Estado.

El EI, de igual forma, ha orquestado una economía de guerra para sus operaciones, con capacidad de darle ventajas en su tiempo de lucha, basada en el aprovechamiento de recursos estratégicos, como los pozos de petróleo, que se derivan de las ciudades importantes de las cuales han tomado posesión, como Mosul, que es la segunda ciudad más importante de Irak, vendiendo el petróleo en el mercado negro. Asimismo, el saqueo de bancos y la toma de armas en ciudades como Faluya.

Adicionalmente, los más de 3.000 combatientes de este grupo terrorista, con una gran cantidad de combatientes extranjeros, se han valido del uso de las nuevas tecnologías. Las conclusiones del estudio del Centro de Estudio de Radicalización y Violencia Política, consideraron que el internet puede ser usado para ilustrar y fortalecer mensajes ideológicos, facilitando la unión y la integración entre organizaciones más formales y finalmente creando un ambiente donde los pensamientos extremistas y fundamentalistas son aceptados. Es por ello, que recomienda se debe poder tener una estrategia que contrarreste los mensajes negativos de los extremistas, más allá de restringir sitios webs o filtrarlos.

El EI al ya tener una posición consolidada, en menos de un año de un rápido trayecto de conquistas territoriales y de recursos, adquirieron una personalidad cada vez más propia, que llevaría a separarse de Al Qaeda, saliendo de control de sus benefactores.

Los países del Golfo Pérsico han sido los señalados como uno de los responsables de los fondos e incentivos de los grupos fundamentalistas sunitas que batallan en Siria, donde el EI pudo tomar provecho. El Instituto Brooking ha realizado reportes en el cual estima que este financiamiento ha sido jugar con fuego. Se señala directamente a Kuwait y Qatar, a través de sus donantes privados, que incentivaban a tomar las armas a los grupos rebeldes en Siria y sin frenar la ayuda monetaria a pesar de las atrocidades cometidas (ayuda valorada en cientos de millones de dólares).

Algunos donantes se lamentaron (de acuerdo al estudio) de estas donaciones, por el sectarismo y la dirección militar que los rebeldes habían tomado. Y en efecto, ya no seguían directrices. El EI se aprovechó de los recursos y comenzó actuar bajo el embrujo del poder, ejerciéndolo en contra de “los infieles”.

A quienes pensaron que podían a través de grandes recursos, construir un ejército obediente, con capacidad de emprender una lucha favoreciendo la posición de la rama sunnita del islam, en detrimento de los chiitas en Irak y Siria, desestimaron la previsión y el cálculo, pues el control en ellos ya no existe, quedando lidiar con los estragos.

Para Occidente y su lucha contra el EI, bien lo decía Van Creveld “la estrategia es interactiva por definición, cualquier intento de derrotar al enemigo que implique superarlo y engañarlo, debe estar presidido por el desafío de entenderlo”, y es así como nos encontramos ante quienes quieren ser el Dios de la guerra, que asumieron al comienzo el rol de ser esbirros de los grupos sectarios y poderosos dentro del Islam. Ahora serán lo que Occidente deje que sean.

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