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¡El fraude no es el problema!

Antes referimos que el pasado 21 de noviembre obtuvimos una “victoriosa derrota”, fundamentándonos en dos concepciones contradictorias surgidas en el proceso electoral de ese día, donde observamos la derrota de los guerreros pesimistas, que han aupado el desaliento clásico del pronosticador, haciéndole el juego a la derrota llamando a la abstención presumiendo el fraude, y por la otra el resultado, que si bien no fue ni bueno ni malo, merece llamarse victoria, toda vez, que el número de votantes, a pesar del aspaviento pesimista, llegó a más de un 41%, y la abstención, siendo alta, cerca del 60%, se ubicó en los términos de la normalidad en este tipo de elecciones.

Se ha dicho, y con razón, que a pesar de mantenerse vivo el radicalismo, los partidos opositores han vuelto al cauce electoral, y los sectores radicales no tienen absolutamente nada que ofrecer, en tanto que no tienen poder territorial, ni de movilización, ni pueden tampoco revertir las sanciones, que es la principal demanda del gobierno; pensándose también, que la mesa de negociaciones de México puede resultar innecesaria para el Ejecutivo de Maduro, a menos que se encuentre un aliciente que le agregue algún interés. A lo que se agrega la nueva cita electoral que se cuece en Barinas para el 9 de enero, que obviamente permitirá hacer una radiografía de cómo se termina vertebrando la oposición en lo que han considerado un “referendo simbólico”.

Para nosotros, quienes venimos desde hace tiempo criticando la actitud de los pesimistas abstencionistas, de los radicales chavistas originarios y encapsulados, que se transforman en cándidos ni ni, y los y de los partidos radicales opositores, que en terca desarmonía han puesto en peligro la lucha que desde hace tiempo se emprendió en unidad, nos agrada manifestar nuestro goce, cuando percibimos, que no ha sido en vano la dedicación que hemos tenido en búsqueda del meollo que conduzca a la victoria, y que nos permita visualizar ese sueño venezolano, que tanto hemos añorado y por el que tanto hemos luchado. ¡Vale la revuelta, ni un paso atrás!

A diferencia de lo ocurrido después del 6D de 2020, cuando con gran fanfarria se llamó a no votar, y a pedir un proceso constituyente, que paso a ser “más de lo mismo” y una estúpida continuidad en “el gran vacío”, que a más del claro sin sentido, engendró o propició la guerra de los pares opositores, como si pudiera recuperarse el tiempo perdido que en política tiene un solo resultado, “el fracaso”, que es lo que vemos. ¡No se puede avanzar solo viendo para atrás o retrocediendo, mucho menos dejando de hacer, porque no haciendo nada se logra!

Quedó claro, que el fraude no es el problema, ni tampoco el discurso ni la mayoría chavista. El problema es la mezquindad y engañosa actitud de algunos partidos de la Oposición, que creyendo en que todos somos “mamertos”, y que se puede ganar la guerra viendo al enemigo atacar y divirtiéndose con el fracaso de los pares; peor aún, promoviendo candidatos opositores, para ver luego el fracaso al dividir el voto. ¡Ese no es fraude, es engaño!.

Pero como dijimos antes, algo bueno podemos ver de esta “victoriosa derrota”; percibimos el regreso de la racionalidad en la oposición; el disloque de la plataforma del G4 que reúne a los cuatro principales partidos opositores acogidos al presidente encargado, que obligatoriamente tiene que reconocer que sin unidad no se puede; el desecho del mito de la dictadura, y la existencia de un presidente que pudo haberse cambiado sin la abstención. Por ello vemos a Manuel Rosales, que con avalanchada votación se impuso en la gobernación del Zulia para un tercer período y a un Morel Rodríguez, zorro viejo de la democracia margariteña, electo gobernador para su quinto periodo, reunidos en Miraflores con el presidente Nicolás Maduro, demostrándonos la farsa de que solo con la fuerza podremos cambiarlo. Allí pudieron estar, según los numerólogos, hasta 19 gobernadores opositores, si no se hubiera perdido la Unidad y se hubiera eliminado de la mente el supuesto fraude.

En todo caso, demostrado que el fraude no es el problema, debemos conservar la fe y la esperanza, apartando la desidia y el engaño. Pareciera ser, que Barinas, el estado y pueblo natal del “fracasado eterno”, el que logró el milagro al revés venezolano, de la destrucción del país en tiempos de vacas gordas, sea el brote de la luz del túnel que nos abra la puerta de la esperada Venezuela libre del malechizo y oportunismo chavista.

¡Dios bendiga a Venezuela!

@ Enriqueprietos

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