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El holocausto venezolano

La palabra holocausto, cuyo significado es persecución hasta el exterminio, para la mayoría está asociada con la persecución contra los judíos y otras razas, desatada por Adolfo Hitler (1933-1945) antes y durante de la II Guerra Mundial. Pero el asunto es de más vieja data y abarca a todos los diferentes.

En el Siglo XIV a.C el Faraón de Egipto ordenó echar al Nilo a los niños judíos y así asegurar la pureza de la raza. Los Libros Sagrados dicen que Moisés rescató a su pueblo y emprendió la Gran Diáspora.

Mucho tiempo después, en la España de 1478, la congregación cristiana-católica Orden de los Dominicos, por mandato de los Reyes Católicos, creó el Santo Oficio para perseguir a judíos y conversos sospechosos de judaizar, a mahometanos (moros) que a escondidas recitaban oraciones coránicas y a los diferentes. Martirizó y asesinó a quienes no se convirtieron al cristianismo: unos en la hoguera, otros en el potro y algunos lanzados a un  tanque lleno de agua donde si flotaba era brujo porque podía volar y a la hoguera, y si se hundía era pecador y el peso de sus culpas lo condenaba al ahogamiento.

En el Siglo XX el asunto no paró con Mussolini y Hitler. Otros monstruos no perdieron tiempo. Stalin, Rafael Leónidas Trujillo, Fidel Castro, Jorge Videla y su combo y, en pleno desarrollo, los onagros del Socialismo de Siglo XXI en reata, nariceados por Raúl Castro tirando de ellos y el ignaro Nicolás Maduro portando la bandera de los lacayos, tiranizan a sus pueblos sin distingo de raza o religión, asesinado y robado a manos llenas, degradando el ejercicio de la política e hiriendo en profundidad la democracia, única forma civilizada de convivencia y garante del desarrollo armónico en libertad.

Los venezolanos somos posgraduados en el sufrimiento de dictaduras. Durante los 211 años transcurridos entre 1810 y 2021 sólo hemos disfrutado de 40 años ininterrumpidos de gobiernos democráticos, que sumados a los de la Revolución de Octubre y el gobierno de Rómulo Gallegos, más los de la democracia mediatizada de los generales López Contreras y Medina Angarita, algunos del Siglo 19 no bien definidos, con gran esfuerzo y capacidad de olvido se acumulaban 70? de vida democrática para cuando Hugo Chávez Frías emergió de la caverna del cromagnon, en hombros de la caterva de tiranos que lo precedieron, blandiendo un libretín: la “doctrina” Cheresole, norma operativa de la dictadura del Socialismo de Siglo XXI.

Antes de Chávez las dictaduras venezolanas fueron encabezadas por gamonales macheteros asesorados por letrados, tal como la castrocomunista del Socialismo del Siglo XXI. Todas crueles y ladronas que encarcelaron, torturaron, asesinaron y extrañaron del país a los líderes democráticos que las enfrentaron. Pero ninguna, como la del impostor e ignaro Nicolás Maduro quien, como lacayo de Raúl Castro, organizó la persecución del venezolano con propósito de extermino.

Las dictadura son malas, unas más que otras. La del Socialismo del Siglo XXI ha creado un infierno del cual han escapado más de 4 millones de venezolanos. Aventuran por tierras ignotas, dejando familias y arraigos. La maldad les niega una pizca de felicidad. Con las bandas criminales llamadas “Colectivos” ejerce control de calles y personas, impide el libre tránsito y a punta de bayoneta acalla las protestas por el derrumbe de los sistemas médico-asistencial y educativo, el desempleo, la inseguridad, alto costo de vida, el salario mínimo y la incuria criminal frente a la pandemia china.

El odio a lo venezolano y su furia destructiva está en la entrega de empresas estratégicas a rusos, turcos, iraníes y chinos; a los cubanos la seguridad del Estado, en la alianza con el ELN y los bandoleros de la “narcotalia” (FARC): alias Jesús Santrich, Iván Márquez y El Paisa, que enfrentan las Fuerza Armada Bolivariana contra los bandoleros disidentes de la disidencia de las FARC, con saldo de muertos, heridos, desaparecidos y “falsos positivos” en La Victoria, Estado Apure, empujando a más de 4 mil venezolanos a engrosar la diáspora de más de 5  millones de seres desperdigados por el mundo.

¿Será el Holocausto venezolano el inicio la “solución final?     

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