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El muro nuestro…

…es invisible pero tan dañoso como el que fue derribado hace 25 años en Berlín —y, aquí, una primera digresión: ¿a cuenta de qué todo el mundo emplea el eufemismo de “la caída del muro”? Esa vaina no se cayó, los berlineses de ambos lados lo derrumbaron a punta de mandarria y cincel para liberarse del encierro que es tan de librito en los regímenes totalitarios. Claro que hasta la nomenklatura ayudó en el derrumbe: eran tan absurdas disposiciones, tan emasculantes sus decisiones, tan abstrusas sus medidas —debido a esa maldita manía comunista de imponer la ideología por encima de todo, de lo que es sensato, de las formas que han sido exitosas en el pasado, del sentido común, de lo aspirado por los ciudadanos— que forzaron a los pobladores de la parte oriental de Alemania a desechar los temores y a estallar en rebelión.

Pero vuelvo al tema. Aunque el cercado que nos rodea es intangible, es por demás perceptible. Todos lo sentimos en cada minúscula actividad del día a día; en cosas como tratar de conseguir detergente para la lavadora —no me refiero al que nos gusta; no se consigue de marca alguna—; como intentar comprar unas pastillas de acetaminofén; como pretender la compra de un repuesto de algo, de lo que sea.

Ese vallado lo empezó a construir el difunto fallecido por recomendaciones, ¿o serían órdenes?, de Fidel. A este le ha ido muy bien en eso de encerrar, matar de hambre, avasallar y prostituir a los cubanos. En fin de cuentas, con señalar hacia afuera y acusar a un tal “enemigo exterior” le ha bastado para mantenerse más de medio siglo en el poder. Aquí, y ahora, resulta que la barrera es más alta porque el nortesantandereano y su cáfila de validos siguen poniéndole más ladrillos incorpóreos por instrucciones de la gerontocracia cubiche.

Con cada día que pasa, se nos hace más difícil a los venezolanos comunicarnos con el exterior. Ya sea porque las aerolíneas responsables y con algo de vergüenza no quieren seguir dejándose robar por el régimen forajido que tenemos y o se van o disminuyen las frecuencias de vuelos y el tamaño de sus aviones; ya sea porque a los empresarios serios se les hace imposible pasar por las “alcabalas” que han montado los encargados de conceder las divisas.

Hoy, debido a esa rapacidad oficial, no es posible mantener el flujo de insumos para las fábricas o de mercaderías para los comercios. Productos que son esenciales para que los venezolanos podamos tener algo parecido a la ñinguitica de vida civilizada que ya conocimos en el pasado y que ahora nos cuesta tanto tratar de mantener.

Desde ya, dejemos claro que no todos los viajes son a Orlando para ver a Mickey. Esas cosas, hasta hace poco habían quedado para los boliburgueses que eran los únicos que podían pagar los precios de los parques. Pero ya ni ellos se atreven a viajar. No porque no tengan los dólares —que a ellos les abundan— sino porque están escarmentados por lo que le sucedió a un juez al llegar con su mujer y muchachos a la inmigración de Miami: le echaron garra los federales.

Ya confesó que usó su cargo para “aliviar” a varios narcos… Hay otros viajes que son esenciales para la vida nacional. Por ejemplo, nuestros médicos, tan reconocidos continentalmente por su alta especialización y calidad profesionales están corriendo el peligro de quedarse atrás porque ya no pueden asistir a los seminarios y congresos donde se ponían al día con nuevos métodos y técnicas.

Es que ni siquiera pueden suscribirse a las revistas especializadas porque para eso no dan divisas: sucede que nuestros burócratas no son capaces de diferenciar entre un ejemplar de “The Lancet” y otro de “Pent-house”. Y por eso estamos como estamos.

Pero el vallado va a ser derrumbado más pronto que tarde, igual a como aconteció en Berlín hace un cuarto de siglo. Ojalá que sea por medios legales y civilizados, pero no es posible garantizar eso. Porque ya la presión popular está llegando al trazo rojo del manómetro. Con decir que estamos peor —pero mucho peor— que cuando el caracazo.

Otrosí

Comparto la preocupación expresada recientemente por Eleonora Bruzual: nadie puede afirmar con certeza que ese centenar de palestinos llegados recientemente y publicitados a página completa por el régimen viene a estudiar medicina; están más justificadas las sospechas en esa materia. Primero, porque este régimen es más mentiroso que un brassiere con relleno.

Segundo, porque ya el régimen demostró su incapacidad para recibir becarios extranjeros: los centroamericanos y bolivianos que habían traído para formarlos como médicos, al poco tiempo le estaban pidiendo a sus embajadas que los repatriaran: no había profesores, ni material de enseñanza, y las becas prometidas eran pura coba, no llegaban. Hoy, la pomposamente llamada Escuela Latinoamericana de Medicina tiene años vacía.

Tercero, porque —empleo las palabras de Eleonora— “(e)ste régimen (…) desde hace 16 años nos ha hermanado con terroristas y sociópatas del mundo”. Así como se han hecho los locos para no tener que regresar a los vascos de ETA requeridos por la justicia española, lo más probable es que ahora hayan traído otros terroristas, ya sea para que estén en una “zona de alivio”, o —dada la preeminencia que han tomado los colectivos con el régimen— para que sirvan de instructores en eso de poner bombas en los autobuses y tirar cohetes a lo loco contra las comunidades. El viejo adagio ordena: “Piensa mal y acertarás”…

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