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El Nobel de Bob Dylan

Los abuelos paternos de Bob Dylan, Zigman y Anna Zimmerman, oriundos de Odessa, Ucrania, emigraron a los Estados Unidos en búsqueda de libertad y progreso. Una masacre anti-semita les había aventado en 1905. Los abuelos maternos, Benjamin y Lybba Edelstein, emigraron de Lituania en 1902.

Abram Zimmerman y Beatrice Stone, padres del cantautor laureado con el Premio Nobel de Literatura, hicieron vida y sufrieron los rigores de la Gran Depresión y de la II Guerra Mundial, en medio de la cual nace en Duluth, Minnesota, Robert Allen, en 1941.

El niño retraído crece en la América profunda del medio-oeste, oyendo la radio. Comienza a observar las contradicciones de la sociedad estadounidense. EE.UU. se convierte en la superpotencia dominante; prosperidad material nunca antes vista. Escribe sus primeras canciones a ritmo de blues y country y más tarde rock and roll.

Pionero de la protesta social, Dylan produce sus mejores composiciones en la turbulenta década de los años 60. Puritanismo y destape sexual. Pujante clase media y opulencia de los grandes capitales. Libertad sinigual y discriminación racial. Democracia interna y apoyo a las dictaduras latinoamericanas. Democracia plena y Guerra de Viet Nam. Cohesión social y asesinatos de John y Robert Kennedy y Martin Luther King. Estas contradicciones son recogidas por el joven veinteañero.

Los resortes democráticos de la sociedad norteamericana van subsanando sus paradojas. El presidente Johnson promulga la Ley de Derechos Civiles de 1964. Cesa la Guerra de Viet Nam. El presidente Nixon renuncia en 1974.

Los estadounidenses fortalecen su Estado de Derecho y lideran la Revolución Tecnológica. El presidente Clinton anuncia la secuencia del genoma humano. La sociedad se va haciendo más igualitaria; pero surgen nuevas contradicciones, que también se irán superando, como tantas veces ha ocurrido desde que las Trece Colonias se independizaron del Imperio Británico en 1776. Obama es el Presidente.

Las canciones de Bob Dylan han contribuido a crear el nuevo auge de todo lo bueno que tiene la democracia estadounidense. Los derechos humanos deben pasar a ser el elemento preeminente de las relaciones internacionales. Parafraseando a Joaquín Sabina, bienvenido el Premio Nobel de Dylan.

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