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El Peligro

«Cuando todos se muestran de acuerdo, es que alguien no está pensando». General George Patton

Corremos el riesgo de equivocar el momento y nuestra lucha; es decir, perder el norte y la ocasión por una dispersión de esfuerzos para la transición por la que tanto lucha Juan Guaidó y quienes lo acompañan. En efecto, la transitoriedad a que aspiramos estará basada en el entramado legal existente y el que se vaya construyendo a costa de Decretos Leyes del gobierno transitorio y su fuerza legislativa; es lo más racional para superar la crisis en que ha encajado al país el chavismo. Pretender quemar etapas puede llevar a repetir fracasos y la pérdida de la oportunidad, como ya ha pasado (Ver sacrificio de Pedro Carmona, muerte de Chávez, rebeliones populares de 2014 y 2017, etc.)

Tenemos que promover lo primero: el derrocamiento de la Tiranía, sacar al Usurpador de Miraflores y apresar y enjuiciar a sus cómplices por corruptos y traidores; luego tocará instaurar un gobierno transitorio, conformado por civiles y militares, que garanticen, primero que todo, su estabilidad para asegurar su efectividad en la dirección del cambio necesario: recomponer la vida política y social de la Nación; y  la articulación de sus fuerzas con el propósito de responder al clamor público de lograr el mayor beneficio social en libertad.

Lo demás es perder el tiempo con iniciativas precipitadas. Constituyente o no constituyente será materia a discutir luego y no ahora, como pretenden algunos de buena fe. Con todo el respeto que se merecen quienes promueven, y promovieron. procesos constituyentes sin tomar en cuenta la urgencia del momento ni la falta de ambiente nacional. Hay que decirlo claro y alto: No es el momento de distraernos en empeños que son nocivos, que dañan con una idea que puede ser preciosa en tiempos de serenidad política, pero que ni son urgentes ni necesarias ahora, repito. A este respecto me permito copiar la frase de Ramón Díaz Sánchez y reivindicar para mí aquello de «Conservar el valor a ser antipático».

Que debemos empeñarnos en derrocar la Tiranía, rescatar la Soberanía mancillada por la dictadura continental castrista y retomar el camino cívico militar de la democracia.

No olvidemos que Chávez puso mano también a la equívoca e inoportuna bandera constituyente, a la que sumó personalidades de buena fe, para destruirnos e  imponer su  satrapía orientada al «mar de la felicidad» castrista,  hoy regentada por un cubano de convicción como Nicolás Maduro.

La misma advertencia cabe por los autodenominados «optimistas anónimos» -especie de cazagüires del mercado-, esos empresarios y comerciantes que asoman en estos días su empeño por una cohabitación con la excusa de que las sanciones están afectando a sus negocios y por ende a la población. A ellos hay que decirles, también claro y alto, que sin libertad para todos no puede haber normalidad, y que rendirse ahora para un aparente oxigeno particular y egoísta es tan o más peligroso que equivocar el objetivo de la lucha actual.

 Tengamos, por último en cuenta que Maduro está acorralado mas no derrocado todavía y, por tanto, no vivimos en la normalidad indispensable para desarrollar nuestros fines, políticos, empresariales o personales y que tenemos una meta común que lograr todavía.

Recordemos que la lucha por la Democracia es permanente, de todos los días, sin libertad o con ella, y que no podemos distraernos en proyectos específicos nacidos de la buena o mala fe o disfrazados de gestas empresariales; eso es un peligro. La lucha es seguir y acompañar a Juan Guaidó hasta alcanzar la Libertad, la Soberanía y la Democracia.

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