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El problema de la Gerencia del Conocimiento

Hoy día la mayor dificultad que tienen las Universidades públicas y privadas, es la de administrar el conocimiento con sentido de justicia y equidad. Las instituciones públicas están siendo invadidas por nuevos docentes que entran sin entender qué significa el trabajo de la docencia universitaria, viendo en los espacios de las Casas de Estudio, nichos ideales para seguir expandiendo la figura burocrática de las instancias públicas, sin entender que su papel es de compromiso y validación de un proceso en extremo complejo que es el de formar, investigar y difundir el nuevo conocimiento.

En este sentido la causa más destellante de este problema se identifica como la falta de liderazgo académico. Se piensa que ser líder en una organización Universitaria es equidistante a ser líder político. En Latinoamérica las Universidades han servido de guarida para políticos de izquierda y derecha, siendo útil como caja chica, pero nunca como espacio vital para proponer unos cambios generacionales y transformacionales del sistema político, cultural, social y económico de un Estado Nacional.

En concreto, el tratamiento dado a la educación superior en Latinoamérica ha estado supeditado a la transitoriedad, al paso esporádico y a la visión sesgada de  quienes sin vocación académica han ocupado y ocupan, los escaños de poder del denominado co-gobierno universitario.

A todas estas, en el caso de la educación superior en Venezuela, subsiste un problema mayor, se han creado Universidades bajo criterio de competencias técnicas especializadas, pero se les ha dado el calificativo de “experimentales”, teniéndolas en una especie de “limbo” jurídico que no les deja desarrollar su autonomía complemente y hace que sus despachos de gerencia y manejo de la toma de decisiones, venga refrendados por el Partido de Gobierno, lo cual desluce notablemente el carácter académico-institucional, y prolonga el estatus de espacios para la politiquería y la demagogia. Se aparta radicalmente los valores de investigación, docencia y extensión, y se establecen condiciones programáticas que tienden a presentar la formación universitaria en el marco de una estructura débil, manipulada y altamente ineficiente.

Las Universidades Experimentales, en este contexto, al no contar con mecanismos de autonomía articulados en toda su extensión y valor, termina por circunscribirse a un plano burocrático más, perdiendo su capacidad de respuesta y limitando la calidad formativa, lo que repercute en su prestigio y por ende en su valor primordial que es  un conocimiento al servicio del desarrollo y el progreso de un país.

A lo anterior se agrega un conjunto indefinido de escuelas, institutos y programas, organizados por empresas, colegios profesionales, personas o instituciones extranjeras que funcionan al margen de las leyes del país, algunos cuentan con una plataforma autónoma que le permite articularse y crear condiciones donde el conocimiento ocupe lugar estelar y no así, los intereses burocráticos de grupos o segmentos de grupos que tienden a manipular las decisiones en las Universidades no para un bien común, sino para satisfacer egolatrías y alguno que otro interés económico.

En este sentido, las Universidades en Venezuela, tienen como características generales que se rigen por la Ley de Universidades y por decisiones del Consejo Nacional de Universidades (CNU) y de sus Consejos Universitarios; las privadas por esa misma Ley pero solamente en los aspectos académicos; y las demás instituciones públicas y privadas, lo hacen por un Reglamento Especial dictado por el Ministerio de Educación en 1977 o por Decretos específicos dictados por el Ejecutivo Nacional; las universidades experimentales, son instituciones con diversos grados de autonomía y las universidades privadas son instituciones sin autonomía según la Ley venezolana, aunque en la práctica pueden tenerla más.

Ahora bien, esta institucionalidad ha ido perdiendo espacio y prestigio; la  problemática general de la educación superior en Venezuela, tal como lo describieran en el 2003 un grupo de investigadores coordinado por Víctor Morles y que se conoce como el Informe 2002 a IESALC-UNESCO,  “…vive y ha vivido una compleja problemática (jurídica, académica, financiera y operativa), que apenas puede ser enumerada someramente … Muchos investigadores y pensadores nacionales, y extranjeros que conocen nuestra realidad (Albornoz, Maíz Vallenilla, Ribeiro, Tunnermann, Varsavsky, Castellano, García Guadilla, Orcajo, Fuenmayor, etc.) la han abordado desde distintas ópticas –con muchos diagnósticos y pocas propuestas concretas y coherentes–, pero es muy probable que todos ellos coincidan en que las principales deficiencias de nuestra educación superior están referidas a temas como: desigualdad de oportunidades de estudio; carencias normativas, burocracia (académica y administrativa); debilidad en la formación pedagógica del profesorado; problemas de financiamiento; necesidad de redefinir la misión de las casas de estudio; discordancia entre oferta y demanda; y visión cortoplacista que predomina entre el estudiantado, así como problemas relacionados con pertinencia y volumen, relación academia-empresa, dirección y gestión, tipo de formación del estudiantado, fuga de cerebros y factores políticos que inciden en la labor educativa…”

Habida cuenta, gerenciar el conocimiento  es un proceso complejo que requiere de una formación de trabajadores  cada vez más competentes, capaces, especializados y reconvertibles; lo más duro de esta percepción es que en Venezuela hay conciencia de esta situación pero así como se entiende que esta realidad existe, también se asume, y hasta se legitima, que  hay factores de poder que influyen de manera decisiva en la toma de decisiones políticas, limitando el fomento de la creatividad, las capacidades y trabajo tesonero de los grupos científicos y técnicos, cuyo éxito depende no de un “carnet” político, sino de una formación profesional continua y permanente, donde todos a partir de una clara posición ideológica se dé en un accionar dentro de parámetros universales y científicos, de primera línea.

El actual Gobierno Revolucionario de Venezuela, tiene claridad con respecto al valor y costo de la educación superior, ya que en sus políticas públicas en educación superior, han dado una alta prioridad al sector y a las áreas conexas, lo cual se demuestra con la consolidación del Ministerio del Poder Popular para la Educación Universitaria, Ciencia y Tecnología, cuyos recursos en un alto porcentaje se orientan a apoyar programas de educación superior. Otra buena señal es el incremento del presupuesto correspondiente a este sector que se refleja en mejoras salariales y sociales de los actores del sector universitario. Esto aunado al establecimiento de la gratuidad de la educación pública en todos sus niveles, con excepción de los estudios de postgrado, la declaración del Internet como un servicio público y la revisión continua de la plataforma de crecimiento de  las universidades experimentales, en miras a lograr ir orientándolas para que ocupen un posicionamiento adecuado que a futuro le garantice pasar a una Autonomía Nacional plena.

En concreto, la falta de un liderazgo académico comprometido, entendido del papel del conocimiento en el mundo moderno y en la necesidad de crecimiento y desarrollo del Estado Nacional venezolano, ha traído las situaciones límites que hoy presentan a un sector universitario en crisis, a pesar de contar con políticas públicas generosas que han reconocido el valor del recurso humano y del trabajo de las Universidades en el país. El 80% del presupuesto universitario está consumido por el capital humano y apenas un 20% va destinado a la investigación y extensión, qué decir del mantenimiento y actualización de la información académica en las bibliotecas y centros de documentación de las Universidades. Hay en exceso una burocracia parasitaria en las Universidades que no generan valor agregado alguno, estancando la posibilidad de crecer como institución universitaria. Se necesita promover los Centros de Desarrollo en las Universidades que permitan auto-gestionarse y generar ganancias económicas que vayan a ser invertidas en el crecimiento y consolidación de las diversas líneas de investigación. Esta realidad lo que demuestra es que la crisis no es de presupuesto, hay un presupuesto asignado (el cual tiende a sincerarse con la realidad de país), pero no se están dando las condiciones para impulsar el conocimiento y obtener de él beneficios directos que le den equilibrio y capacidad de respuesta académica, ante el flujo de información e innovación que se está danto en el plano internacional en los diversos renglones del conocimiento universitario.

Estamos, a todas estas, dejando ser competitivos, ciñéndonos a la masa burocrática del Estado; un docente de una Universidad Experimental recién egresado, en su mayoría, percibe la Universidad como una Oficina Administrativa en la cual va, cumple horario, enseña una cartilla y se va a casa, y como no es deliberante y su actitud es sumisa ante la falta de saberes para poder interactuar con la comunidad académica, le dan todos los cargos habidos y por haber, colocándolos en puestos claves que terminan contaminando con su visión corta y limitada de la academia, los espacios vitales para promover la consolidación de una Universidad integral, holística, auto-gestionada y liberadora que aporte vías expeditas de éxito al desarrollo económico y social del Estado Nacional. El problema de la Gerencia del Conocimiento es de liderazgo, de vocación académica y de comprensión del papel estelar que juega la Universidad en estos tiempos modernos.

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