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El “quid pro quo” de Trump y Zelensky

En el procedimiento de “impeachment”, es decir de solicitud de juicio político contra el Presidente Donald Trump que se está adelantando en la Cámara de Representantes del Congreso de los Estados Unidos, se habla mucho de un “quid pro quo” para referirse a la solicitud del presidente Trump al Presidente Zelensky de abrir una investigación del ex vicepresidente americano Joseph Biden a cambio de que Trump ponga en vigencia una resolución de asistencia a Ucrania. A eso los americanos llaman un “quid pro quo”, cuando lo adecuado sería decir que se trata de un “do ut des”. En efecto la expresión latina “quid pro quo” se refería al uso del  la palabra “quid” asociada a “pro” que llegó a extender su uso para indicar confusión entre personajes de gran parecido, en el teatro. En el teatro francés se utiliza mucho el “quiproquo” para expresar una situación cómica. Así lo vemos en El Avaro de Molière con el “quiproquo” entre Valère y Harpagon.

Por las razones expuestas es que me atrevo a decir que entre Trump y Zelensky lo que hubo fue un ”do ut des”, considerado por los representantes demócratas como una violación grave de la Constitución que puede llevar a un juicio político para destituir al Presidente.

Refiriéndonos a Venezuela, nos preguntamos: ¿estamos ante presencia de “quid pro quo” o de “do ut des”? Hubo y sigue habiendo un “do ut des”; en efecto, refiriéndonos a  Cuba y Venezuela, cuando Chávez se reunió con Fidel Castro, le dijo al dictador cubano que le iba a dar toda la ayuda necesaria para que Cuba pudiera salir de la profunda crisis económica en la que estaba sumida, a cambio de que Fidel lo ayudara a mantenerse indefinidamente en el poder y lograr implantar el socialismo. Ha sido mucho más de lo que se hubiera pensado: el cumplimiento del compromiso se ha dado para que se diera.

Con Maduro y Raúl Castro se ha seguido, con mayor fuerza el “do ut des”.

 ¿Qué podemos decir del “quid pro quo? Entendiendo como ello el cambio de lo uno por lo otro  que al final da igual, vemos como en los dos países nada ha cambiado: ambos siguen siendo  dictaduras que someten a sus pueblos a las peores condiciones de vida y de violaciones de los derechos humanos comparables a las que viven y han vivido países en guerra.

 En cuanto al “quiproquo” como lo cómico en el teatro, entre ambas dictaduras estamos en algo así como lo que narra Shakespeare en La Comedia de las Equivocaciones, al referirse a Egeon y Emilia.

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