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El Sufrimiento

Dr. José Miguel López C. MD, Msc

“¡Actúa en vez de suplicar! ¡Sacrifícate sin esperanza de gloria ni recompensa! Si quieres conocer los milagros, hazlos tú antes. Sólo así podrá cumplirse tu peculiar destino.”

Beethoven

El sufrimiento es la percepción consciente del sacrificio, y éste lo que se está dispuesto a dar por lo amado. El amor no existe sin sacrificio que a su vez no existe sin sufrimiento, y por ello, el amor, el sufrimiento y el sacrificio so escenarios propios de los humanos, exclusivos quizás. Los animales y probablemente las plantas no sufren, no en el sentido de los conceptos que aquí se emiten, sienten dolor, hambre, limitaciones, pero estos síntomas en el animal no revisten significado, los sienten hasta que mueren o son rescatados sin que exista o se plantee un contexto de por qué y para qué de dicho sufrimiento. Una vez solventado el problema del síntoma, la vida del animal se reactiva, a veces con secuelas de vidas cargadas de trauma, pero en un contexto defensivo. Al contrario, en el humano el sufrimiento crea una marca, una cicatriz mental que difícilmente se olvida, o puede, en el mismo sentido, mantener una herida abierta, o quizás favorecer un miedo especial a que la misma se produzca o se abra. Es posible, entonces, deducir, que sin lo amado no hay sufrimiento y aunque no haya pareja o familia, o propiedades, existe el humano mismo que es lo más amado de entre todo aquello que se pueda amar, aunque no siempre se visualiza de manera consciente, y así, si se ama se sufre y como no se deja de amar, tampoco se deja de sufrir. Dicho de otra forma, el sufrimiento y el amor son un continuo ya que la vida en el sentido más holístico de la palabra no se concibe sin el amor y como derivada el sufrimiento y es decir que mientras se vive se ama y se sufre. Algunas definiciones de amor se basan en el sacrificio, cuando invocan que el amor es la capacidad de sacrificarse, un sacrificio que sólo tiene a cambio el placer de amar. El sufrimiento tiene muchas manifestaciones, algunos dirían que infinitas; dolor físico y mental, y dentro del dolor mental el emocional, carencias de alimento, dinero, trabajo, amistades, cultura, inclusión, trato social, victimización por el Estado, familiares, frio, calor sed, injusticia, desaprobación, la espera infinita, la paciencia, la pérdida, la amenaza, y así se pudiese estar tiempo mencionando manifestaciones. La historia del sufrimiento está ligada a la historia humana. Ejemplos de sacrificios por creencias, el caso de los santos, la mayoría ajusticiados por su fe y renegar de la religión oficial, por el amor a ese dios en el cual creían. Los sacrificios por amor a la patria que van desde la entrega sin tiempo al trabajo en el cargo público, hasta el ejercicio de la guerra. Motivos excelsos, para algunos inentendibles, como el amor al prójimo y el que se hace por la patria, son ejemplos admirables de sacrificio. Por supuesto que el más extremo de los sacrificios es la muerte, es la pérdida de aquello que el humano más ama y lo hace porque hay otro amor que supera las ganas de vivir. La honestidad es, al mismo tiempo que una virtud, un sacrificio, una lucha contra las tentaciones, el rechazo, y no porque la honestidad fuese incómoda, sino porque para algunos, la persona honesta era como una singularidad y susceptible de rechazo social ante la negativa a la transigencia. La lealtad al líder, ese orgullo de morir por quien dirige, por lo menos en épocas pretéritas, el caso emblemático del Japón y su incondicional entrega a su emperador, por creerlo un dios viviente, por creer en él y por saber que de ese líder se mantenía sin revueltas la cohesión de la sociedad japonesa, aunque manteniendo las castas. En los albores de la civilización, el ofrecer sacrificios a las deidades era práctica común, por aquello de la fertilidad, las cosechas, pero la administración del sacrificio no correspondía sino a un investido, un sacerdote o similar, que ordenaba que vírgenes o niños fuesen entregados al fuego o cayesen bajo la cuchilla de oxidiana, donde la opinión de una virgen de aquellos tiempos, quizás de 11 o 12 años o menos, no era de aquiescencia a la deidad o más bien a la élite sacerdotal del momento, ya que su cerebro pensaba como niña y por supuesto por su feminidad. La palabra sacrificio puede tener connotaciones que quizás puedan no ser muy equivalentes, por ejemplo el sacrificio en el contexto del ritual como en la Pascua Judía (Pesag) y donde el sacrificio del cordero era parte de la festividad, honrando a Dios por liberarlos de la esclavitud, un sufrimiento por aquellos que sufrieron y si bien implica el sacrificio para mantener el amor al gentilicio judío, el sacrificio por lo amado, la persona sufriente aguanta su pesar para la obtención de un bien, la correspondencia de ese amor, la vuelta a la salud o a la cordialidad de ese amor ya consolidado, el pasar de la enfermedad a la salud de manera unipersonal porque el amor establecido es la propia persona. Grupos o individuos, el sacrifico y el sufrimiento estarán presentes. Pero ocurre que este concepto de sacrificio puede ser inducido y creado de manera casi siempre inesperada y es a través del adoctrinamiento bien sea militar, político, religioso o cualquiera otro. Ejemplos sobran, sobretodo de la combinación entre política y ejército, el caso de los romanos y donde pertenecer al ejército y morir por Roma era un regalo de los dioses, en el caso de los nazis donde la aquiescencia al partido, al líder, hacían que los alistamientos fuesen frenéticos y la muerte por el líder y la entrada al Walhalla, pero claro y como en todo, los fanáticos formaban un porcentaje, generalmente con capacidades de decisión pobres e inseguridades innatas y sostenidas que encontraban en el partido un elemento de soporte de donde hacerse dependientes, el resto probaba fortuna para enterarse luego que la guerra no era lo que se habían imaginado. Los que cumplían con la tradición familiar de una cadena de militares que habían luchado y que eran casi obligados. Como se mencionó, el sacrificio es un continuo en el sentido de la perpetuidad de su presencia, pero también porque se puede existir como derivada de otro y a la vez la persona presentar un sufrimiento cuyo origen, aparte del propio, está en el sufrimiento ajeno, el dolor y el hambre de los otros que resuena afectivamente y es aquí donde fuese posible aplicar el concepto de misericordia que literalmente es el amor a la miseria, el amor a los desposeídos y menesterosos, pero también a aquellos que en condiciones extremas piden un alivio transitorio a sus penas. Algunos ejemplos de este tipo de sacrificio son las Hermanas de la Caridad de Calcuta, aquellos que acogieron niños judíos en la Alemania nazi, las personas anónimas que día a día en Venezuela salen a repartir un número de comidas en hospitales y otros centros, pero debe dejarse claro que el concepto de sacrificio deja de tener vigencia si el objetivo no es el amor sino la vanagloria personal a través del ejercicio del mismo, no se sacrifican y por supuesto no sienten amor quienes se retratan entregándole comida a unos niños indigentes y subnutridos, en medio de una sonrisa y para ganar seguidores, igual que aquel no buscaba ayudar al niño africano gravemente enfermo de desnutrición  a quien un buitre esperaba que muriese, este individuo quería la foto y por ello ganó el Pulitzer. En el ámbito religioso, el sufrimiento ocupa un rol de mucha importancia. En el catolicismo el sacrificio representado en la consagración, es el centro de toda la fe católica, la representación de aquel hombre puro que muere por la redención de aquellos que lo ejecutaban, sin embargo en el budismo: el sacrificio, una de las famosas “Cuatro Nobles Verdades” de Buda, debe ser vencido, un obstáculo que debe ser superado al igual que el apego para poder llegar a la iluminación, de esta forma lo que para los budista es la compasión, una forma de generar un buen karma para convertirse en Buda, es decir, alcanzar la iluminación más rápido, para los católicos es una forma de amor al prójimo, sin embargo para los budistas amar es una forma de apego porque te mantiene atado a través de una emoción. Como se ve, la misma emoción puede tener distintas interpretaciones de acuerdo a la fe que se practique, entre otras variables humanas. El sacrificio es inherente a la existencia, es la señal de una comparación eterna entre lo que se desea y lo que se tiene, por ello es inútil pretender que el sacrificio desista, termine, como si fuese algo finito, es algo con lo que se convive porque ante un deseo cumplido aparecerá uno nuevo y así hasta el final, sin embargo, el sufrimiento sí puede ser reducido. Dicha reducción tiene que ver con la percepción real del objetivo, por ejemplo, en el caso de una pareja no correspondida, tener la paciencia suficiente como para que las cosas se den por añadidura, así como en el poema famoso de Benedetti “Si amas algo déjalo libre …”. Lo que generalmente hace que el sufrimiento aumente tiene que ver con la prisa en la obtención del objetivo y, al contrario, la paciencia alivia el sufrimiento ya que la fe hace que se tenga la confianza suficiente en ese logro que va a ser obtenido. El hecho que sufrimiento y sacrificio estén tan interdependientes como términos, trae muchos calificativos a la vida diaria que tienen que ver con su dureza, con la dificultad en su ejercicio (en el de la vida) pero siempre vivir, aún con sufrimiento es siempre preferido, vivir en una pendiente que parece nunca terminar y que lo único que tiene de tanto en tanto, son unos planos y unos descansos que representan ciertos logros pero que la cima nunca nuca se alcanza, por lo menos no en vida. Convertir el sufrimiento en una forma de desempeño y no en una especie de maldición es una manera en la cual se minimiza lo desagradable y se le da sentido a vivir. Hay que recordar que el sacrificio es también ofrenda, como se apreció con antelación, esa ofrenda por las cosechas y la fertilidad para agradar a las deidades, y que esa ofrenda, ese pago permite la existencia y seguir haciendo contacto con la realidad. En las religiones hinduistas de la que deriva el budismo, el concepto de reencarnación forma parte de uno de sus pilares, y esta reencarnación no es otra cosa que una continua rueda de sufrimiento y sacrificio con cada nacimiento hasta llegar a lo que ellos consideran el estado perfecto, de esta forma el sufrimiento es aceptado y tolerado como si fuese una especie de lavatorio de los pecados cometidos, en éstas y otras vidas, una forma de purificación que se va llevando en el tiempo y por  generaciones. Pero por sobre todas las cosas el sacrificio es un acto de práctica individual, no tiene un componente heteroadministrado donde el sacrificio es repartido, es gobernado y menos es impuesto. Cuando el sacrificio se desplaza hacia un tercero a través del abuso de poder, deja de llamarse sacrificio para ser sometimiento y que no es natural en las condiciones de vida de las personas sino producto de alguna mente que se regodea en la destrucción. Sin embargo, al revés, es decir cuando el sacrificio es salvar a otro, es posible que se considere lo más alto del altruismo, y entre algunos casos famosos es posible considerar al monje budista Thich Quang Duc, de 73 años que se roció con combustible y se encendió para protestar contra la guerra de Vietnam en 1963, el caso del samurái que comete seppuku en aras de preservar su honor o en un grupo de samuráis que ya no tenía amo. La muerte de los ancianos, sobretodo en sociedades cazadoras y recolectoras, donde pueden representar una carga y libran a la tribu de un grupo muy limitado para ser productivo, con esa aprobación complaciente de quienes van a morir. En el ejercicio militar, en particular en tiempos de guerra es frecuente que se presenten estos casos en donde se da la vida por el grupo y entonces la tendencia es conocerlo como acto heroico que involucra los máximos honores. Por supuesto pudiese ser necesario aclarar que en el caso de las inmolaciones terroristas no tienen absolutamente nada de altruistas a menos que sean observadas y con una óptica poco crítica, desde el punto de vistas de las razones que los llevan a ello, sin embargo caen en la categoría de sacrificio por inducción ya que son preparados para este acto desde los cinco años y entonces las razones político-sociales que los llevan a ello no cumplen con los requisitos aquí expuestos y que básicamente yacen en la individualidad, para con el sufrimiento de las masas obtener el objetivo, para ello no hay amor sino una idea irreductible sembrada y creciente. En general las sociedades sometidas a situaciones crueles: guerras, hambrunas, totalitarismos, entre otras, presentan comportamientos en donde el sacrificio tiene un rol protagonista. Por ejemplo, las disminuciones de sus raciones en los padres y abuelos para alimentar a los menores, el sacrificio de los mayores dejando de tomar los fármacos para los tratamientos de las enfermedades crónicas a fin de poder acceder a los alimentos, de manera que todos, aunque sea en pocas cantidades, dispongan de algo que comer, pero trayendo complicaciones tremendas en diabéticos e hipertensos entre otras condiciones. Se da una paradoja en cuanto a lo que el cerebro percibe en el sacrificio y en el sufrimiento. Por un lado el tenerse al individuo como lo más importante es para el cerebro algo de supervivencia y como es sabido, el cerebro es tremendamente egoísta, tanto que todo lo que hay en el organismo es para su servicio, un cráneo para mantenerlo protegido, un corazón que le mande sangre, un hígado que le produzca glucosa, unos sentidos que le permiten recibir información y unas extremidades para ejecutar, entre otras estructuras, sin embargo y simultáneamente lo social, lo familiar, lo parental pueden, de repente y ante determinadas circunstancias, cobrar un protagonismo que supere al individual y aún no está claro neurocientíficamente la razón de ello. Los centros que se integran para decidir cuál es la mejor decisión entre el sacrificio individual por la persona misma y el individual para beneficiar al grupo se encuentran fundamentalmente en la zona frontal y se conoce como corteza prefrontal dorso lateral, así mismo se agrega un área responsable de la gratificación ante determinadas conductas incluyendo las adictivas que es el núcleo acumbens en la zona también frontal pero inferior, y por último el cíngulo anterior, que está en la zona anterior de la zona límbica del cerebro, todas las estructuras hacia las zonas más anteriores del cerebro. De la interacción de todas ellas es que se produce una decisión que es capaz de superar el egoísmo del cerebro para conseguir la supervivencia, en cualquier sentido que se plantee, del grupo, que en realidad es el fin último.

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