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El TIAR y los sueños de la posguerra

En las postrimerías de la segunda guerra mundial occidente intentó levantar el llamadoorden liberal internacional. Un mundo dominado por organizaciones multilaterales, derecho internacional, libre comercio y democracias representativas. Los expertos en relaciones internacionales tienen años debatiendo sobre si este sistema está en decadencia o sí de hecho llegó a existir realmente; pero de lo que no hay duda es que una serie de valores básicos referentes al funcionamiento del sistema internacional se han mantenido vigentes para muchos estadistas occidentales durante los últimos 70 años.

Para mantener el sistema en pie, o al menos la ilusión de este, se levantó en paralelo a los valores mencionados la idea de que era fundamental proteger algo llamado la paz y seguridad internacional. Cuando se crearon la ONU, la OEA y el TIAR, estas ideas de seguridad colectiva, cooperación para mantener la paz y la resolución pacífica de controversias estaban altas en la lista de ideas para lograr esto. Pero al menos en nuestro continente estas ideas se quedaron largamente en el papel.

Y es que nuestro continente, aunque cuna de movimientos liberadores, también fueprogenitor de docenas de dictadores, juntas militares y golpes de Estado. Con personajes como Trujillo, Videla, Pinochet, Castro, Stroessner, Duvalier y muchos más, la segunda mitad del siglo XX en Latinoamérica y el Caribe estuvo marcada por militarismo, violaciones de derechos humanos y otros males. No precisamente una tierra fértil para el desarrollo de cooperación interamericana para la defensa de la democracia.

De las dictaduras muchos Estados pasaron a intentos temblorosos de democracia; Argentina, Ecuador, Bolivia y otros vivieron tiempos de gran inestabilidad, crisis económica y gobiernos de muy corta duración. Actualmente la región sigue sufriendo de dictaduras en Cuba y Venezuela, y en menor medida un gobierno con inclinaciones dictatoriales en Nicaragua, además de una crisis constitucional en Bolivia y disturbios en otros Estados. Pero la situación parece más propicia que nunca para poner en práctica esos valores de la posguerra. La reciente reunión del TIAR y el proceso de investigación y sanción de funcionarios y allegados de la dictadura es un desarrollo muy interesante, poco usual en la región.

Aunque la crisis venezolana ha mostrado lo útil de mecanismos informales de cooperación de corte minilateral para atender crisis, en la figura del Grupo de Lima, y la inoperancia de organismos formales multilaterales como Naciones Unidas, la OEA hasta hace poco parecía estar a mitad de camino entre ambos en utilidad. Pero a través del TIAR, que parecía condenado a las páginas de la historia, el sistema interamericano parece mostrar que no estaba tan desactualizado, solo puesto en mal uso.

Quizás la fortaleza que puede tener el TIAR en esta época de nuevas amenazas, es que es relativamente simple, es un tratado corto, y los Estados pueden interpretar tanto las amenazas como las opciones para combatirlas de forma relativamente amplia, por supuesto manteniéndose alejados de las impopulares opciones militares. Si el TIAR termina teniendo un impacto positivo con Venezuela, nada le impediría tener un rol constructivo en otros Estados de la región y por fin cumplir los siempre frustrados sueños de proteger la paz y seguridad internacional en democracia.

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