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El valor de la perseverancia

De todas las virtudes, la perseverancia es más valiosa que los dones o talentos per se, que una persona pueda tener. Porque sin la constancia para cultivar y practicar los talentos, aun el don más exquisito puede llegar a representar nada mas que frustración y el lamento de lo que pudo haber sido y no fue. Es la constancia en la cotidianidad la que constituye los hábitos que pueden formar en nosotros una personalidad firme, bondadosa y noble. Además, la que puede sacar el mayor potencial de cualquier talento.

La perseverancia en las relaciones humanas es la que nos permite desarrollar amistades sólidas, la que hace que los vínculos de consanguinidad se conviertan también en vínculos del alma. La perseverancia constituye el camino para hacer brillar cualquier otra virtud; de otra manera, sin la perseverancia, la gloria de cualquier talento se quedara guardada, como quien esconde una hermosa joya en una gaveta.

De igual manera, la perseverancia es parte esencial en la vida de fe. Jesús lo enseñó de una manera muy didáctica, ilustrándolo a través de la llamada parábola del Juez injusto. En el evangelio de san Mateo podemos leer que Jesús les refirió una parábola sobre la necesidad de orar siempre, y no desmayar:

“Había en una ciudad un juez, que ni temía a Dios, ni respetaba a hombre. Había también en aquella ciudad una viuda, la cual venía a él, diciéndole: Hazme justicia de mi adversario. Y él no quiso por algún tiempo; pero después de esto dijo dentro de sí: Aunque ni temo a Dios, ni tengo respeto a hombre. Sin embargo, porque esta viuda me es molesta, le haré justicia, no sea que viniendo de continuo, me agote la paciencia.

Y dijo el Señor: Oíd lo que dijo el juez injusto. ¿Y acaso Dios no hará justicia a sus escogidos, que claman a él día y noche? ¿Se tardará en responderles? Os digo que pronto les hará justicia. Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra? Mateo 18: 1-8.

El juez atendió a la viuda, no porque tenía la voluntad de cumplir con su deber de juez, tampoco porque era bondadoso y quería favorecer a la viuda. La única razón por la cual atendió a la viuda y le hizo justicia de su adversario fue por la perseverancia de ésta en pedirle que cumpliera con su deber y atendiera este asunto.

Muchas personas toman el camino fácil. La perseverancia ene el ingrediente que les falta en el camino de la obtención de sus logros. Jesús señala dos factores muy importantes que ocurren con aquellos que practican la perseverancia en la oración. Por una parte, el que persevera orando cada día, expresando su corazón delante de Dios persigue un objetivo y no desfallece en la consecución del mismo.

Por otra parte, si en el plano humano, este juez injusto, alejado de la sabiduría que produce un corazón que teme a Dios, fue capaz de cumplir, finalmente, con su deber debido a la persistencia de la viuda. Cuanto más Dios, nuestro padre celestial, escuchará nuestras oraciones y nos hará justicia. Oramos porque creemos que no hay nadie más alto que Dios que tenga la autoridad y el poder para hacernos justicia, y para cubrir nuestras necesidades.

La oración persistente no sólo muestra nuestra fe en Dios, como lo expresa la pregunta de Jesús al final de la parábola: “Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?”. Porque no oramos porque Dios necesite nuestras oraciones para hacer su voluntad, sino porque nosotros necesitamos desarrollar nuestra fe en Dios para aprender a hacer su voluntad.

La oración constituye la mejor manera de construir nuestra fe. La persistencia en la oración nos enseña a depositar nuestra confianza en El. A entender que su respuesta llegará en el el mejor momento y de la mejor manera, porque sus planes para con nosotros siempre sobrepasan a los nuestros: “Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dice el Señor. Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos”. Isaías 55:8-9.

En primer lugar, Jesús hace que pongamos nuestra atención en la persistencia de la viuda para tomarlo como un ejemplo de la actitud que debemos tener en la oración. Al final, el juez hizo lo correcto debido a una razón incorrecta, estaba harto de la viuda insistiendo cada día en lo mismo. Pero, luego nos hace poner la atención en nuestro Padre, aquel que responde con amor nuestras oraciones, cuyo oído está atento, quien hace justicia a sus escogidos, acogidos a El por su fe.

La oración persistente nos lleva de la mano a expresar nuestro corazón delante de nuestro padre Dios, mientras enfrentamos las injusticias y adversidades de la vida. Como Jesús le declaró a sus discípulos: “En el mundo tendrán aflicción, pero confiad en Mi. Yo he vencido al mundo”. Juan 16:33. Poner la mirada en Jesús, es saber que si El venció al mundo, a su lado nosotros también lo venceremos.

Si te has sentido tentado(a) a renunciar a la fe, si has dejado de lado la oración y la búsqueda espiritual. Si las muchas injusticias del mundo han hecho sentir abatido, frustrado y has dejado de persistir, hoy es el día de regreso. Hoy es el día para venir a El, derramar en su presencia tu corazón y con perseverancia esperar confiadamente en que su respuesta llegará en el momento preciso y de la manera más idónea.

“Perseverad en la oración, velando en ella con acción de gracias”.

Colosenses 4:2.

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