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Elogio de la locura bolivariana

Cruce de superhombre y bufón, el caudillo hace y deshace a su antojo, inspirado por Dios o por una ideología en la que casi siempre se confunden el socialismo y el fascismo —dos formas de estatismo y colectivismo— y se comunica directamente con su pueblo, a través de la demagogia, la retórica y espectáculos multitudinarios y pasionales de entraña mágico-religiosa.

Mario Vargas Llosa 

El vicio inherente al capitalismo es el desigual reparto de la riqueza;

la virtud inherente al socialismo es el equitativo reparto de la miseria.

Winston Churchill 

Cuando un loco parece completamente sensato,

 es ya el momento de ponerle la camisa de fuerza.

Edgar Allan Poe 

Si Erasmo de Rótterdam hubiese escrito su famosa obra en la bolivariana patria, muy seguramente, el oficialismo madurista castro -comunista lo habría acusado de complicidad activa contra el régimen.

Razón tenía el sabio Erasmo, hay locuras que no pueden sino elogiarse por su capacidad para volver locos a los demás, mientras el propio orate se espepita y dice lo que se le ocurra por donde sea, a cualquier hora y por no importa cuál de las sinrazones.

Los sensatos ciudadanos de allende y aquende, de acá y acullá, no tienen cerebro para comprender los profundos laberintos de la enajenación que se anida en el lóbulo izquierdo de la perturbación histórica, llamada comunismo o socialismo, actualizada como neo- populismo.

Mucha razón tiene para sí mismo quien no la tiene, porque carece de capacidad para comprender el entorno real y piensa sanamente, en su enajenado criterio, que la realidad es como él la ve o, peor aún, como él desea que sea, para no abandonar las prebendas y canonjías de las que disfruta, a costa del sufrimiento del pueblo llano.

Hay locos de locos, locuras de locuras, pero ninguna tan publicitada, loada, tan alabada, como la de nuestro excéntrico de todos los días que tantos Erasmos que lo elogian tiene en la asamblea constituyente y en algunas casernas controladas por los fieles mercenarios llegados desde la Isla de la Felicidad, ese largo lagarto verde que se hunde lentamente – por anti –  histórico e ineficiente -, en el azul Caribe Mar. Estos amenazantes y vengadores orates bolivarianos son los que, en su tiempo, ya denunciaba el propio Erasmo de Rotterdam por querer – a toda costa – eliminar, conculcar, defender, la cordura que debe ser atributo de un justo y sensato gobernante:

Agora comúnmente llaman traidor al que, defendiendo la libertad de la república, resiste a los apetitos de los príncipes, y a los que aconsejan al príncipe que sea tirano.  

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