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Elogio del despedido…

“La intemperancia sin freno es la condición del tirano; ha sido la causa de la prematura caída de los tronos prósperos y de la vida de muchos reyes”. Shakespeare

Tal vez no exista experiencia más ingrata que cuando te dicen ¡Estás despedido…! De un momento a otro pasas a la dimensión de la nada y la cruda realidad te golpea con doble furia… Sentimientos de frustración y rabia se agolpan en tu mente especialmente cuando no lo esperabas, de incertidumbre y pérdida, te transformas en la imagen de un flacuchento con los bolsillos revertidos… ¿Qué haré…?

Al lema de “patria, socialismo y muerte” el militarismo que todo lo traga y nada devuelve, que todo lo ensucia y desvaloriza, ha seguido la expatria que tenemos con su corolario de muerte por hambre y desamparo, por epidemias de toda ralea, tumores de la peor índole abandonados a su evolución natural, y por gatillos alegres a la vuelta de cada esquina. Chávez: “Al que no le guste el país, que se vaya”. Cabello: “Si no les gusta la inseguridad, que se vayan del país”. Bajo el lema de “apátridas” -no otra cosa que una persona que carece de nacionalidad-, hemos sido despedidos de nuestro propio país. Por ello, Venezuela es el país de los despedidos y las despedidas…

Un millón y medio han abandonado sus linderos porque han sido echados sin compasión a los cinco confines del mundo: Nuestros mejores cerebros. Los capitostes del régimen carecen de templanza, ese don del dominio de la voluntad sobre los instintos, ese que mantiene los deseos en los límites de la honestidad; es cierto, han alcanzado la nada envidiable posición de la versión galliforme de la ley de gravedad, un día arriba y otro abajo defecando a discreción los unos sobre los otros y cambiando de altura según las circunstancias con tal de tener la oportunidad de usurpar poder y robar, y hasta parecen dueños de la vida y de la muerte, maltratan a jóvenes y viejos, se regodean con el pena de los demás a quienes consideran sus enemigos, abusan de su forjada superioridad como que son un calco de la canalla cubana y su más de medio siglo de libertades conculcadas, pero han perdido toda la sustancia noble en medio de la orgía de sangre de cada día y la bacanal de sus pinches concentraciones, la alegría de vivir, la simpleza de sólo poseer lo necesario, el cariño y el respeto de sus gobernados y amigos, la lealtad de sus compinches trocada en sospecha, pero por sobre todo la felicidad y por ello, olisquean el acre olor de su irreversible caída.

Macduff, el personaje de Shakespeare, liquida a Macbeth con el filo de su espada al tiempo que nos señala qué ocurre con los tiranos: “La intemperancia sin freno es la condición del tirano; ha sido la causa de la prematura caída de los tronos prósperos y de la vida de muchos reyes”.

Los estantes vacíos de los mercados de la nueva Venezuela socialista dan una sensación de profunda pérdida, de álgida pena, están ocupados por una vergonzosa quincalla que ocupa espacio, de oropel y abalorios pero no de comida; parecen esos pueblos fantasmas de las viejas películas de vaqueros donde el viento hace girar esas bolas de bejuco o tumbleweed, matojos rodantes que dan la impresión de sequía, de anemia de la tierra, de ruina de los hombres, de inmenso desamparo y soledad… Doquier bajan santamarías porque no hay mercancías ni clientes, es la quiebra total, la nada, la pérdida de la identidad de un país sometido y expoliado, expresada mediante lagrimas reprimidas que luego se trasmutan en infartos, accidentes cerebrales, depresión, crisis de pánico o enfermedades inmunológicas.

Realmente, quienes nos despiden son los carcamales Castro en cuyo país se mezclan y acrisolan ingredientes para crear los más bajos y nauseabundos sentimientos y estrategias para mantenernos sometidos mientras absorben lo poco que ya queda de nuestra riquezas. Y en la acera del frente, no hay pizca de indignación, de sacudimiento, de desobediencia civil, no hay líderes que aglutinen el descontento y la protesta, el miedo es exagerado, paralizante y en rebaño vamos diariamente al matadero, esperando que ese día no nos toque… Un 31% de nosotros está triste, deprimido y angustiado con frecuencia, y cien mil niños de entre 6 y 12 años que no van a la escuela, serán la carne de cañón que alimentará el odio y el resentimiento que será captado para el crimen…

La mentada “Guerra económica” invención en medio de un febricitante delirio, solo encubre la ineptitud y la ignorancia de una pobre clase dirigente, incapaz y malosa, egoísta y recalcitrante que en medio de largas colas, escasez y desabastecimiento, tremenda inflación y moneda fuerte de risible capacidad adquisitiva, se burla de aquel pueblo que en mal día le confió su futuro. ¡Mala señal! Nubes en el poniente, aguacero al día siguiente…

Todo fríamente calculado por la canalla para que el cuerpo de la nación se convierta en rebaño… Con Alberto Arvelo Torrealba, recordamos desde el llano profundo que estamos bebiendo en tapara por otro llenada… ¿Con qué se seca la cara el que no carga pañuelo? ¿Pá’ qué se limpia las patas el que va a dormí en el suelo? Duele lo que se perdió cuando no se ha defendido. ¡Ay! catire Florentino, cantor de pecho cabal, qué tenebroso el camino que nunca desandará, sin alante, sin arriba, sin orilla y sin atrás…

Pero la vida está poseída por una tenacidad tremenda: “La vida te será más clara que el mediodía; aunque oscureciere, será como la mañana. Tendrás confianza, porque hay esperanza; mirarás alrededor y dormirás seguro. Te acostarás, y no habrá quien te espante; y muchos suplicarán tu favor. Pero los ojos de los malos se consumirán, y no tendrán refugio; y su esperanza será dar su último suspiro”. (Job 11:17-20)¨.

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