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Elogio del puño alzado…

«La impotencia del hombre para gobernar o frenar las emociones yo la llamo esclavitud, pues cuando está bajo su control no es dueño de sí mismo… así que a menudo se ve obligado a seguir el peor camino, a pesar de que ve el mejor delante de él”.

La frase anterior pertenece a William Sommerset Maugham (1874-1965), escritor británico, novelista, dramaturgo, médico y escritor de relatos cortos tan animados, que le ganaron puesto cimero en la popularidad mundial. Con la extraordinaria habilidad de sólo utilizar exactamente la cantidad de palabras que se requieren, toma una vieja fábula árabe y en la forma más simple la transforma en un impresionante y aleccionador cuento, “La muerte Habla” y que extraída de su comedia Sheppey, se desarrolla como sigue…

“Había una vez un mercader en Bagdad que envió a su sirviente a comprar alimentos al mercado. Al cabo de un rato éste regresa pálido, trémulo y sudoroso diciéndole: -“Mi Señor, en medio del gentío del mercado fui empujado por una mujer, cuando volteé ví que era La Muerte… Mirándome fijamente, me hizo un gesto amenazador… ¡Présteme su caballo para eludir mi destino!; me iré a Samarra donde no podrá encontrarme”. El mercader de inmediato accedió a su pedimento y le prestó su caballo. El apresurado jinete clavó sus espuelas en los ijares del cuadrúpedo y a galope tendido salió de Bagdad. Al mismo tiempo, el mercader se marchó al mercado donde vio a La Muerte parada en medio de la multitud. Se acercó a ella y la increpó. – “¿Por qué le hiciste ese ademán amenazante a mi sirviente cuando le viste esta mañana?”¨, a lo que la parca le respondió, -“No, no fue un gesto de amenaza, fue tan sólo un respingo de sorpresa… Estaba asombrada de verle en Bagdad, pues esta noche tengo una cita pactada con él en Samarra…”

Es la fuerza del destino, es la que el gobernante zamarro e invidente, de omnipotencia fingida, se negará a reconocer en Bagdad y huirá despavorido a Samarra donde Átropos, la parca, le espera para de un tijerazo, cortar el hilo de su inútil vida… El socialismo del siglo XXI se debate entre los estertores de la desaparición porque tuvo su basamento no en el amor, sino en la envidia que encubre al odio, la falsedad y la trampa. Ha sido usado

como mampara para encubrir la traición a la patria y el engaño a sus seguidores que huyendo de la corrupción partidista, entraron en un pudrimiento aún peor y ya son 32 los expresidentes que firman carta contra Nicolás Maduro, y es así como ahora brama y alza su puño para amenazar a nadie…

El puño izquierdo alzado suele ser un gesto agresivo y torvo, la connotación de violencia, el parto de una ideología totalitaria, tendencia intimidatoria de quien no tiene la razón ni el derecho, semeja a un chacal mostrando sus dientes, a una serpiente de cascabel armada agitando su crótalo o al pestilente mapurite alzando su cola. Tres mandatarios latinoamericanos aparecen mostrando el ominoso gesto en una foto oficial de la recién culminada VII Cumbre de las Américas en Panamá: Maduro, Castro y Santos. El origen del profundo descontento con uno mismo que es lo que realmente representa, es muy discutido. Hay quien lo atribuye a la revolución rusa de 1917 o al movimiento obrero del siglo XIX, pero la primera noticia clara de su uso como saludo formal fue en Alemania durante la década de 1920, cuando fue adoptado como saludo militar por la conocida popularmente como «Rot Front», pues eso era lo que gritaban sus militantes al saludarse con el puño en alto; la Rotfrontkämpferbund (RFB, Liga de Combatientes del Frente Rojo) era el grupo paramilitar y uniformado que hacía de brazo armado del Partido Comunista de Alemania (KPD).

El siniestro símbolo es usado ocasionalmente por dictadores actuales venidos del pleistoceno como el zimbabuense Robert Mugabe y el iraní Mahmoud Ahmadinejad. Pero al otro lado del Océano Atlántico, el puño en alto se ha convertido en un símbolo de este llamado “socialismo del siglo XXI”, una turbamulta radical, destructiva y populista con mucho palabreo pseudonacionalista, responsable de un severo retroceso en las libertades y derechos fundamentales en países como Venezuela y Bolivia. Además con frecuencia utilizan ese gesto el dictador cubano Raúl Castro –el recientemente “abierto de piernas” ante los gringos y por ello, se abstuvo de hacerlo en la foto de la cumbre de marras- y mandatarios extremistas como el sandinista Daniel Ortega y el ecuatoriano Rafael Correa. Con el puño alzado el CNE nos niega unas elecciones libres y nos ofrece otras amañadas y ventajistas, y nosotros lo aceptamos; nos “invitan” a abandonar el país y se nos va la savia noble de los jóvenes; nos matan con el hampa que nos azuzan y nos mantienen en toque de queda; nos niegan viajar al tiempo que nos condenan a no ver más nuestras familias en el exterior, hijos y nietos; nos sumergen en caos. Pero únicamente se salvan de él aquellos seres que logran mantenerse analfabetos durante toda su vida, libres de la indigesta lectura de los periódicos, de los libros de autores clásicos y de la peligrosa influencia de los diccionarios enciclopédicos, los cuales consideran como el más terrible castigo de cuantos ha sufrido la humanidad, se cuenta que para algunos gobernantes un tomo de la famosa Enciclopedia Espasa-Calpe acercado al occipucio es capaz de volverlo turulato, relajarle los esfínteres o hacerle perder la vida…

Con el puño en alto mantienen a nuestro pueblo pobre e ignorante pasto de la manipulación y objeto de la limosna; tres capitostes del régimen lo han expresado, y de ello hay innegable evidencia que los incrimina… No salimos de esta realidad tormentosa porque no hablamos claro y preciso y preferimos el silencio. Ya lo dijo nuestro papa Francisco el pasado Viernes Santo durante el Vía Crucis: «A nuestros hermanos perseguidos, decapitados y crucificados por tener fe… ante nuestros ojos y, a menudo, con nuestro silencio cómplice». La solución, aunque se escondan en Basora, vendrá pronto porque ya las masas no pueden con tanto sacrificio y tanto dolor agravado…

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