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En el 2015, Venezuela será La Habana vieja

Si algo aprendió Estados Unidos en su fracasada política de aislamiento a Cuba- reconocido hasta por el presidente Obama en su intervención sobre el anuncio de la apertura de relaciones-, es que el enemigo tiene nombre y apellido y no se puede condenar a un pueblo para castigar a su gobierno.  Lo hizo hace poco  con Rusia y  repitió el gesto dos días atrás, al castigar a algunos funcionarios venezolanos  congelando sus cuentas y  negandoles el placer de derrochar sus dólares en Miami.

Solo que la jugada magistral de la Casa Blanca, al restablecer las relaciones con Cuba con la mano derecha y castigar a  funcionarios venezolanos  con  la mano izquierda, parece un matrimonio hecho en el cielo porque acaricia a los cubanos y a su gobierno, regalándoles la posibilidad de  vivir felices para siempre, mientras a la débil Venezuela  la deja  sola en su enfrentamiento contra el  Tío Sam de las caricaturas y la abandona a la  lamentable suerte que le espera el año por venir, ambos escenarios que ni el chavismo ni el gobierno de Maduro  pudieron  imaginar  en ninguna de sus salas situaciones, hoy  buenas para nada.
Ayer, la hija de Raúl Castro y diputada a la Asamblea Nacional Cubana, Mariela Castro Espín, confesaba emocionadísima a CNN que ella se enteró de la medida como cualquier cubano de a pie, que su papá nunca le dijo nada y que suponía que su tío Fidel quizás sí sabría algo, pero que en todo caso, se sentiría tan feliz como ella de conocer el notición.  Ningún calificativo contra el imperio, ninguna frase mal colocada, ni un ápice de orgullo. Todo era dicha y agradecimiento en las declaraciones de la rozagante  hija de Raúl. Tan contenta estaba con la entrevista a CNN, que cuando finalizó no se percató de que  los micrófonos seguían  abiertos y le preguntó  nerviosa al productor, : “¿Cómo quedé, salió bien?”,  mientras en  la isla  había bulla de fiesta colectiva, similar al sonido de  las campanas de las iglesias que sonaron mientras Raúl anunciaba la nueva era como si se tratara  de la toma de La Habana  por Fidel o la entrada del Ché a Santa Clara. La revolución en la revolución, diría un sátiro.
Lo cierto es que, como un mal chiste, el 2015 será para los cubanos un año de proyectos y desarrollo. En lugar de balseros lanzándose al mar en busca de trabajo en Miami, el asunto será al revés: por el recién reformado Puerto de Mariel -uno de los más grandes de América Latina-, comenzarán a atracar cruceros, yates de lujo y barcos de carga llenos de containers con alimentos, repuestos o medicinas, la postal contraria de lo que ocurrirá en  Venezuela cuyo fracaso económico se debe, vaya ironía, a seguir la ruta que les marcaron los Castro para entender finalmente,y  demasiado tarde, que el amor y el interés se fueron al campo un día.
Mientras Cuba verá regresar el empleo, aumentar su clase media, construir viviendas y levantar fábricas, Venezuela iniciará el paso definitivo hacia un despeñadero económico que arrastrará al país hacia un desabastecimiento peor a lo vivido. Mientras en Cuba se acabarán las colas para adquirir lo poco que haya con la tarjeta de racionamiento, en Venezuela aumentarán las colas al vertiginoso ritmo de la inflación. Mientras en Cuba comenzarán a llegar autos nuevos, abrirán concesionarios y abundarán los repuestos, en Venezuela comenzará la espantosa ruta hacia lo que fue Cuba, con sus calles llenas de autos viejos más el agravante de que la delincuencia -algo que los Castro sí lograron combatir-, será capaz de asesinar por una batería. Mientras en Cuba  los jóvenes profesionales verán, finalmente, mejorar su calidad de vida y aspirar a un empleo digno, en Venezuela seguirán huyendo a  otros países en busca de las oportunidades que el chavismo les negó.
Y lo más tragicómico: los cubanos del futuro cercano, cuando tengan empleo, vivienda y hasta una cuenta en el banco, se volverán escuálidos, como dijo el ministro Hector Rodríguez.  Una poderosa clase media que, históricamente, ha sido la promovedora de los grandes cambios sociales, desde Carlos Marx hasta el sol de hoy. Una clase media bien preparada -no hay que negarlo-,  que con la apertura de las comunicaciones, Internet incluido,  tendrá acceso a la información de todo tinte político y, vista su trágica experiencia con el régimen castrista, ya no se dejará convencer por los pajaritos preñados que les pinte nadie. Mientras en Venezuela, imposible no comparar, la mayoría de los medios seguirán en  manos de los amos del poder, dando una sola versión de los hechos, buscando en Granma el ejemplo a seguir.
Ya veremos a los médicos de Barrio Adentro regresando a su país, a los entrenadores deportivos, hasta a los espías porque ya no tendrán al imperialismo como enemigo al cual espiar y porque Venezuela se convertirá en una mala copia de lo que dejaron atrás.
Como un buen capitulo de Dimensión Desconocida, lo peor de Cuba se replicará en Venezuela y una vez que dejen instalado  su clon aquí, la isla y sus habitantes comenzarán a sentir allá  lo rico que era vivir como en la Venezuela de antes.
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