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¡Es el momento de las comunidades!

Uno de los retos que se plantean a partir de la manifestación el  1° de septiembre, donde miles de venezolanos se reunieron en la ciudad de Caracas para expresar la voluntad mayoritaria de celebrar un referendo revocatorio  al gobierno de Nicolás Maduro, es el de la incorporar con mayor decisión en el quehacer político a las comunidades populares. 

A diferencia de jornadas pasadas, en  nuestra participación en la marcha de aquel día pudimos apreciar una presencia significativa de estos sectores. En nuestro caso, decidimos  partir desde el punto de concentración de la plaza O´ Higgins, y la asistencia de la gente, ya a tempranas horas de la mañana, había superado las expectativas de gran parte de la dirigencia y los líderes en el municipio Libertador. La cantidad de personas reunidas allí, provenientes de La Vega, Caricuao, Carapita, La Pastora, La Cota 905 y el 23 de Enero, y las que se fueron incorporando a lo largo de esa mañana, expresaban un cambio de paradigma con respecto a situaciones pasadas.

Esto se evidenció tanto en la reducida afluencia que tuvieron las concentraciones organizadas por el oficialismo en la Avenida Bolívar aquel mismo día, como en los sucesos que se produjeron el viernes posterior en la localidad de Villa Rosa, en la isla de Margarita, donde la aparición sorpresiva en esa comunidad del presidente Nicolás Maduro generó una expresión de rechazo y protesta de una virulencia pocas veces vista.

Las posteriores detenciones temporales y la requisa de celulares para impedir (tardíamente) la difusión de imágenes de lo ocurrido, evidenciaron nuevamente la dificultad  de reprimir que se le plantea al gobierno cuando es la propia gente la que se hace sujeto de sus derechos y los ejerce en la protesta.

Si la jornada del 1° septiembre fue una expresión contundente del rechazo a la gestión del actual gobierno y de la convicción de la gente de cambiarlo a través de formas democráticas, lo fue también de la mayor fuerza que tiene la presencia de los sectores populares, y su exigencia para articularse con otros sectores de la sociedad, en la construcción de salidas para la crisis actual.

Hace tres años formamos junto con Leandro Buzón el Movimiento Caracas mi Convive, con el objetivo de transformar la cultura de la violencia a través del rescate y activación de las expresiones  de convivencia, desde y con las comunidades del Municipio Libertador. Uno de nuestros objetivos ha sido mostrar y resaltar los casos individuales de personas que, enfrentadas a experiencias de violencia, se sobreponen a las circunstancias rehaciendo sus vidas y generando cambios en su entorno,  que toman conciencia de sí mismas y su realidad para hacerse  responsables en la activación de las soluciones para producir los cambios necesarios.

Creemos que lo que hemos visto en estas historias se está reflejando en el momento del país. Ha sido un largo proceso para llegar hasta este punto y que estamos empezando a apreciar a partir de 1° de septiembre.  Como sociedad estamos demostrando una madurez colectiva y viendo la presencia más activa y exigente de nuevos factores de cambio y actores políticos, que buscan superar la difícil situación actual enfrentándose y reaccionando en contra de esta cultura de la violencia de la que hablamos, y que es representada en toda su dimensión por el actual gobierno.

La represión violenta de manifestaciones, el arresto de líderes políticos y miembros de partidos de oposición, el secuestro o inhabilitación de instituciones públicas , el discurso hostil e insultante,  el sectarismo y la intolerancia,  la aplicación de políticas económicas empobrecedoras, la censura de medios de comunicación, la militarización exacerbada del aparato estatal, son muestras de la reacción del gobierno de Nicolás Maduro frente a esta nueva realidad que se viene dando en el país, y que ha acabado por convertirlo en el principal escollo para la construcción de un futuro diferente en el que todos podamos participar y tener cabida.

Los sucesos ocurridos en la localidad de Villa Rosa demuestran la completa falta de sintonía  entre el  actual gobierno y las necesidades y deseos de la gente, y el divorcio de sus políticas y visión de país con respecto a los venezolanos.

En nuestro país, la gran mayoría ha tomado la decisión de buscar, en medio de las circunstancias más difíciles,  las vías de la convivencia y la solidaridad.  Los sectores populares, con su masiva participación en la marcha del 1° de septiembre y las manifestaciones de rechazo ante el gobierno están enviando un claro mensaje de protesta y participación.

Han evidenciado, también, una gran verdad: si los gobiernos son la representación de la gente, entonces, está claro que el gobierno de Nicolás Maduro, que ha terminado por revelar su verdadero carácter violento y excluyente, no puede ya representarnos.

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