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Esa España que vemos otros

Si solo fuera cuestión de endosarle al Corona Virus las cifras negativas de los españoles por estas estas fechas, ya las cuentas de los daños lucirían bien abultados. Pero es bastante más que eso. La madre patria está pagando una a una las equivocaciones del pasado – propias y ajenas, hay que decirlo- y el marasmo de carácter económico, social, laboral, político es de proporciones épicas para esta hora. Un verdadero pantano de incongruencias, una suerte de despeñadero histórico del que costará salvarlo.

Decir que la situación económica española era frágil ya al comienzo de este año tampoco aporta demasiado al análisis. No es sino una verdad de Perogrullo. Pero que una situación de atonía del PIB como la existente entonces, con una tasa de desempleo y de desconsumo galopante y con una deuda que superaba ampliamente al producto del país haya, además, sido coronada con una situación política fofa, sin norte claro, con una dosis superlativa de ánimo figurativo y arrogancia, armando alianzas que se tropiezan las unas a las otras y sin sentido alguno de su vocación histórica dentro de los países europeos, solo podía calificarse de la tapa del frasco

 Y ocurrió lo impensado: COVID 19 se ensañó con España como con casi ningún otro país de Europa. Se vino al suelo en semanas la fama hecha verdad y repetida por décadas sobre la solidez y la eficiencia del sistema sanitario español y como barajitas, una a una, las políticas sociales y socialistas para tratar de mantener al buque que hacia agua por muchos flancos, se volvieron trizas y comenzaron a dar bandazos. De las mangas quienes detentan la responsabilidad de poner orden se sacaron instrumentos útiles por diseño, como los ERTES, que no lograron sino poner a andar a medias  y así fueron desencamando todo un desestructrado conjunto de medidas de apoyo a los afectados que tampoco han servido para aliviar los dramas humanos, sociales, educativos, laborales que surgen a borbotones en las todas las Autonomías en la misma medida en que estas han sido dejadas a su suerte para lidiar con la pandemias y sus consecuencias.

¿En dónde, a todas éstas, se encuentra el gobierno del socialista Pedro Sánchez, ahora que resulta imperativo no solo sacar las cuentas del Estado para poder progresar, sino sacarlas bien por aquello del quid pro quo con las autoridades de Bruselas? Lo que se percibe desde afuera es una situación de caos proverbial entre los socios de La Moncloa, un tinglado de zancadillas, un estar agazapado para atisbar el mejor momento para saltar sobre su presa quien no es otro sino que el compañero silla por medio en el Gabinete. Y eso sí, esperar la ocasión para hacer anuncios capaces de ganar las medallas de la opinión colectiva. La desconfianza entre los socios de coalición PSOE/ PODEMOS no puede ser más protuberante, ni tampoco menos lesiva del interés público. 

En medio de todo, la relevancia que se reserva en el gobierno a la crisis económica es nula y ella se alza como una montaña frente a la realidad de cada familia española. Pero es que con la poquísima fuerza política que le viene quedando a Podemos y con su sequía de propuestas inteligentes apenas si le alcanzará para hacer frente a su crisis política, a sus entuertos judiciales y a tratar de mantenerse adosado al PSOE, porque sin él su curso será el del Titanic.

En el otro lado de la talanquera, partidos como Ciudadanos, quien habría podido desempeñar un rol decisivo en lado de Europa, han ido de desacierto en desacierto hasta que apenas hoy les viene quedando la buena imagen de su líder para tratar de arrimar una al mingo. En el lado del PP, una falta de liderazgo, que no es necesariamente falta de ideas, ha estado ocupando los espacios mientras el país se sigue deshilachando.   No decimos una palabra sobre el secesionismo y su falta de sentido ni de oportunidad porque ello lo que provoca es vergüenza.

Todo lo anterior se ve así con ojos ajenos. Este estado de cosas es, sin duda costosísimo para el estamento político actual, pero lo es mucho más para las nuevas generaciones de un país que no ha desmayado en su esfuerzo por empinarse para transformarse y estar a la altura de sus socios europeos, densificarse, liberalizarse y progresar.        

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