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Unas tenazas aprietan la garganta del régimen y presionan su propia existencia. El primer brazo  representado en lo interno por multitudinarias marchas callejeras  que, por varias semanas, y después de lamentables  bajas en heridos, detenidos e irrecuperables heroicos  fallecidos, a quienes Venezuela rinde eterna admiración e infinito agradecimiento, presionan ese extremo. El otro, constituido por lo internacional que, principalmente, desde la Organización de Estados Americanos (OEA), avanza en el objetivo de suspender de ese organismo internacional a la satrapía que sufre hoy esta nación.

Superado poco más de un mes de reuniones en esa Sala Interamericana, arribamos al pasado 26 de abril, fecha en la que 19 Estados acuerdan la convocatoria de una Reunión de Cancilleres para tratar el tema venezolano. Pero, sorpresa, ya  el déspota había adelantado que de aprobarse tal decisión, se  retiraría de esa Organización. Y el pasado viernes 28 de Abril, así se hizo, -aunque sin la intervención de la Asamblea Nacional, como algunos requerían- mediante comunicación oficial presentada ante el Secretario General Luis Almagro, a quién, por cierto, la patria postra su eterno y principalísimo  reconocimiento. No obstante, a pesar de esa  estratégica desvinculación, que desnuda el verdadero carácter  tiránico del régimen, es menester para la historia e institucionalidad democrática que el proceso de suspensión de esa execrada administración  se lleve hasta su última consecuencia legal.

Dos efectos se perciben como positivos de esa separación para la democracia nacional. Uno: craso error de la banda marxista caribeña fue creer que la experiencia cubana de los últimos años era reproducible en Venezuela. La Cuba de 1960  no era la misma que la Venezuela de hoy. Para comenzar, las Fuerza Armada venezolana de hogaño no es el cuerpo armado de Cuba, ayer. Aunque ciertamente ha ocurrido un profundo proceso de adoctrinamiento social/marxista en la llamada Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) en ese lapso, este ha sucedido en una realidad tecnológica asombrosamente distinta en la cual, a pesar del mensaje marxista, ha existido en estos últimos dieciocho años el contacto permanente con realidades  opuestas ideológicamente aquí, y en el  resto del mundo, complicando en extremo el  éxito del referido transito mental.

Por otro lado, entre las secuelas políticas de dicha acción figura, quizás como la más importante, la de despojar al país de la capa de identificación democrática que concede la pertenencia civilizada a esa organización abandonándolo, como ocurrió con Cuba, al basurero de la Tiranía. La influencia de la fusión de ambas realidades (marchas y OEA) en la opinión nacional e Internacional compromete, ahora más que nunca, a la ciudadanía e instituciones venezolanas, en la restitución de la DEMOCRACIA y la LIBERTAD.

Sin embargo, ciertamente  habrá repercusiones negativas para el país que no mencionare  aquí por requerir de escrito aparte, pero que dañan a la nación principalmente  en la cooperación  social, económica, tecnológica, educacional etc. etc.

Pillados entre  las referidas tenazas conformadas por este proceso interamericano y la inconmensurable presión ejercida en las calles de todo el país por las claramente mayoritarias masas democráticas opuestas, el régimen lucha tozudamente por sobrevivir, con el empleo a fondo y despiadado de unas pretorianas  Guardia Nacional, Policía Metropolitana y grupos paramilitares. Tácticas malignas de carácter anticonstitucional como la formación de Tribunales Militares para el enjuiciamiento de civiles- en vista de obvios acercamientos a la Constitución por parte de la Fiscalía General-, y disparos ilegales de bombas lacrimógenas a quema ropa hechos por la Guardia Nacional, florecen por doquier. Y esto, sin mencionar los desmanes criminales de las bandas paramilitares, apoyados por la satrapía.

Destaca entre estas artimañas perniciosas la  amanecida diabólica de una perversa y manipulada convocatoria a una Constituyente. La introducción del carácter COMUNAL, inexistente en la presente CARTA MAGANA persigue el inmediato otorgamiento  del rango constitucional a esa idea. El texto, tejido cuidadosamente  por “abogados del mal”, -como aquellos del Nacional socialismo- para satisfacer las personalísimas necesidades ideológicas y de perpetuación en el  poder de Nicolas Maduro  y el partido Socialista Unido, busca, en lo inmediato, desactivar la arremetida democrática y, en lo mediato,  imponer el sendero más expedito para edificar la sociedad más cercana al MAR DE LA FELICIDAD CUBANO. Sobresaldrá en ella la limitación del concepto de propiedad privada y del  voto universal  y directo, si es que no desaparecen  ambos  totalmente.

A esta altura del conflicto nos cuestionamos: ¿cuál es el límite ético en muertos, heridos y encarcelados, a partir del cual la Comunidad Internacional judeo/cristiana  ya no  justifica los esfuerzos normales de mantenimiento del orden constitucional, por devenir estos en una fuerza aplanadora en violencia y despotismo sin igual, a fin de perpetuarse indefinidamente?.  Punto éste  que al no existir en la Comunidad Mundial, como para ser empleado en el caso venezolano, abre las puertas a soluciones de otra índole, con el objeto de corregir este perverso vacío de  la democracia. Y, desde otra perspectiva: ¿cuál es el límite de victimas que la FAN aprecia necesario para darle un parado a esta trágica estulticia?.

De todas formas, la lucha continuará sin resultado predecible, hasta que la definan  las fuerzas institucionales que históricamente han decidido encrucijadas similares. Esperanza ofrece, en tal sentido, la persistencia de heroicos guerreros en esa gloriosa refriega y la evidente ausencia de la  Fuerza Armada de las vías las cuales, hasta ahora, no han sido empleadas en la contienda y, cuya anhelada fusión de uniformados y civiles, a la larga, decidirá el destino de esta sufrida tierra.

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