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Esta no es una dictadura “normal”

Lo que se ha hecho, lo que hemos hecho para ponerle fin por vía constitucional al régimen de terror vigente, hubiese sido más que suficiente para que hace rato hubiéramos pasado la página. Pero esto no es una dictadura “normal”, entendiendo por  tal una semejante a las que en demasía hemos padecido en dos siglos de vida republicana. No estamos frente un gobierno de mano dura, violador de derechos humanos, no, es más que eso. No estamos enfrentando un gobierno corrupto, no, padecemos un golpe mortal del hampa internacional organizado, de la “chulocracia” o “Hamponatocracia”, somos víctimas de una terrible confabulación que requiere una dosis mayor de resistencia interna y una sobredosis de ayuda internacional, para terminar de derrotar el mal.

Un cogollo que representa a una minoría que no llega a tener el respaldo del 15% de los ciudadanos, maneja a su antojo y beneficio el país, roba como le da la gana los recursos públicos y tiene condenado al pueblo a sufrir hambre y enfermedad. ¿Por qué no se ha terminado el gobierno de Maduro?, ¿por qué no hemos logrado ponerle punto final a esta tragedia? Alguien dirá que porque tienen la Fuerza Armada de su lado. Eso no es suficiente, porque sus oficiales y soldados también son pueblo venezolano. Lo que sostiene a Maduro es una confabulación internacional, son los intereses de países y grupos hamponiles presentes en el país, que chupan la sangre de nuestro pueblo, y obtienen de este régimen podrido beneficios inmensos que se niegan a perder.

No es fácil entender la situación de Venezuela, entender cómo si el 85% del país está de pie rechazando al régimen ineficiente y corrupto,  de pie contra la Constituyente Comunal, cuyo único propósito es sostener indefinidamente en el poder al dictador y a sus secuaces, ¿cómo es que Maduro todavía está en Miraflores, donde nunca debió estar?

Hemos hablado numerosas veces del respaldo que el castro-comunismo da a Maduro. Cualquiera conoce la decisiva influencia de la Cuba comunista en la política y administración de Venezuela, de cómo se roban lo nuestro. Lo respaldan también las sanguijuelas que nos chupan la sangre, los gobiernos comunistas de Bolivia, Ecuador y Nicaragua por mencionar a los tres más permanentes; allí estuvieron también Argentina
y Brasil. Podemos igualmente hablar de las garrapatas menores, de los numerosos países del Caribe que están pegados a la teta, y que por supuesto respaldan al régimen para seguir allí.

Más dañino es el respaldo del terrorismo árabe e iraní, y los beneficios que esos delincuentes obtienen de la explotación sin control de oro, diamante, uranio y coltán. Más grave aún es el respaldo de la guerrilla colombiana, de las FARC y del ELN, que tienen dominio y libre tránsito en territorio nacional, y que controlan, por encima de nuestra Fuerza Armada, parte de nuestro territorio.

El más grave y potente respaldo es el del narcotráfico, el de los grandes carteles de la droga, que realizan aquí impunemente sus actividades criminales, desde donde se distribuye, según cálculos recientes, hasta el 80 por ciento de la droga mundial.

Es comprensible que esos «aliados» en el crimen, esa “chulocracia” o “hamponatocracia” se opongan a una Venezuela democrática, donde funcionen las instituciones y se respeten las leyes, donde ellos serán sancionados, poniéndole fin a la impunidad que hoy los ampara. He escrito estas cosas para que sepamos dónde estamos parados. No quiero desalentar a nadie, por el contrario, señalo con claridad las dificultades de esta lucha desigual, en la que vencerá nuevamente David contra Goliat, el bien contra el mal. ¿Qué cuál es la salida? Una mayor y sostenida dosis de calle -que ya ablanda resortes- y una sobredosis de apoyo internacional efectiva a nuestra causa de libertad.  Estamos avanzando, estamos camino a pasar la página. Apretemos el paso y pa´lante siempre.

@padronpaciano

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