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Estamos en un ring entre contrincantes que se entienden y ante un árbitro cansado. «Así no se puede»

Resulta preocupante el hecho de constatar la desesperación y la desesperanza que se manifiesta en los distintos estratos sociales en Venezuela. Lo increíble es que se trata de los mismos que hace unos 30 años, se manifestaban como estratos sociales que estaban bien definidos  e identificados con respecto a sus ingresos económicos y calidad de vida. 

¿Quiénes eran?:  Representantes de las clases alta, media, baja. Y cada de ellas, inclusive,  se proyectaba a su vez a nivel de varios niveles de ingresos y posibilidades. No obstante, el salario mínimo de la época, hasta en los niveles más bajos de ingresos, superaba el costo de lo que se domina la «Canasta Básica», y los niveles de desempleo eran muy bajos. Ahora, ¿qué sucede en la actualidad?.  Hoy sólo hay tres grupos sociales de Venezolanos agrupados porcentualmente: 5% que vive y puede sobrellevar la situación con características de confort, 25% catalogados como diásporas errantes en el exterior en condición de  andar medrando, 20% que subsiste en el país a distintos niveles de precariedad, y 50% en niveles de extrema pobreza o lo que denominan pobreza crítica.

Obviamente, a una población con estos niveles de precariedad y ruina, se les hace muy difícil mantener esperanzas o expectativas de mejorar y/o visualizar posibilidades de superación. Muy especialmente, en un país que, históricamente, ha sido Presidencialista y creyente en la posibilidad de la llegada de un líder (Mesías) que resolverá la situación, sin tener que asumir posiciones formales  como CIUDADANOS participantes, y preocupados por la cuestión pública de su país. Desde luego, siempre distantes de la posibilidad ajena de lo que significa actuar como simples habitantes.  

Adicional -y lamentablemente- los partidos políticos y  las organizaciones partidistas, que se deben dedicar precisamente a captar y formar ciudadanos para que asuman la conducción del país con el propósito de defender los deberes y derechos ciudadanos, además de velar por la eficiencia, conducción y prosperidad del mismo, dieron pasos en falso ante la exigencia de los retos. De hecho, en el transcurso de los pasados 23 años, lejos de mejorar en esa ruta, optaron por contagiarse con el desorden público, la ineptitud, como con la corrupción imperante. Y el resultado se tradujo en lo que ya es conocido:  la casi totalidad de la mayoría de los partidos políticos pasaron a ser «Franquicias de negocios»; eso mismo  que en nada representan los intereses ciudadanos.

 Desde los años 90 -o antes-, los Partidos, equivocadamente, comenzaron por invadir y contaminar todo tipo de organizaciones civiles. Sucedió con los Colegios profesionales, las Universidades, los Gremios de cualquier especialidad; incluso, de Liceos integrado por jóvenes que ni siquiera habían llegado a su mayoría de edad. ¿Y con qué propósito?:  el de captar votos. ¿Para que?: Para concluir en la estructuración de  una situación triste y lamentable de desprestigio, como fue el  rechazo y la desaprobación de un orden de más del 85% de la población, ante la vinculación con los partidos políticos y sus líderes, fueran de los seguidores del régimen como, de la llamada oposición.

¿Qué hacer?. ¿Cómo hacerlo?. ¿Con qué propósito hacerlo?.  Casa ciudadano, desde luego, es libre de pensar y emitir su juicio. Pero lo cierto es que la realidad plantea que a los venezolanos, les llegó la hora de ser y de actuar como  venezolanos de primer orden, especialmente,  ante el peligroso panorama que traduce el hecho de  perder el país en manos extranjeras, asociadas a organizaciones corruptas. 

No hay otra salida: o nos unimos como una familia homogénea para enfrentar un gran reto de perderlo todo ante el enemigo foráneo, o se le entrega  el país al caos para que sea la destrucción la que  consolide la nueva versión de la miseria en todas sus variables. 

El hecho de fondo de la realidad que se manifiesta ante ojos propios y/o ajenos, es que ya no se trata de Chavistas-Maduristas o de Opositores, tampoco de falsas u obsoletas ideologías. No. Es la Patria la que está en juego, y a los ciudadanos venezolanos les corresponde defenderla. Inclusive, a la actual dirigencia, como a los líderes políticos de ambos bandos, tienen ante sí el el reto de no continuar por la ruta que todo lo ha demostrado. Como ha sido que,  por rencores, intereses personales, corrupción e ineficiencia, han incurrido en los equívocos traducidos en una dolorosa y costosa lección. Y se trata de que, de seguir por  esa ruta autodestructiva e inútil, los venezolanos no podrán superar esta peligrosa situación. 

Sin duda alguna, es indispensable recapitular.  Y,  por convicción venezolanista, dar paso a la SOCIEDAD CIVIL como a sus organizaciones, para que escojan entre los mejores, más eficientes y experimentados candidatos necesarios para dirigir y recuperar el país. Venezuela, y no debe haber dudas de eso, es un país dotado de , riquezas y de recursos naturales, que lo proyectan ante el Continente y ante el  mundo con esa ventaja, además de profesionales y técnicos graduados nacional e internacionalmente en las mejores Universidades del mundo. Pero eso, en sí mismo, no lo es todo ni lo suficiente para alcanzar resultados distintos a los actuales.

Por lo pronto, y hasta que se den los pasos que se necesitan para construir formas de solución y para seguir solucionando, no queda otra que decir: DESPIERTEN VENEZOLANOS, LA AVARICIA ROMPE EL SACO. EL ODIO Y LOS RENCORES NO CONDUCIRÁN A NADA BUENO, MIENTRAS NO SE MANIFIESTE LA VOLUNTAD TRANSFORMADORA DE LA NACIÓN.

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