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¿Furia bolivariana u odio gubernamental?

La lingüística castellana explica el vocablo “furia”, bajo acepciones que sitúan su significado bajo consideraciones envueltas en situaciones, momentos o condiciones relacionadas con emociones que giran alrededor de estados psicológicos o biológicos. Y que, por incontroladas, afectan la conducta y al organismo humano toda vez que inducen un exceso perjudicial de energía o carácter personal siempre dirigido a inducir resentimiento o animadversión. Casi siempre, precedida de odio, revanchismo, egoísmo, envidia o desesperación. Conducta ésta que lleva a ofender, atacar. Incluso, golpear o apalear a los demás.  

Todo estado de furia, no escapa a padecer de ira, rabia, cólera, coraje, iracundia, exasperación, arrebato, violencia, impetuosidad, agresividad y fiereza. De manera que sobrellevar tan arriesgada emoción, no es nada propio de personas que hablan de tolerancia. Menos aún, de quienes exaltan la democracia como sistema político que reconoce el pluralismo humano como mecanismo de convivencia, unión y avenencia. 

Algo más del concepto

Así que por donde se analice el concepto de “furia bolivariana” tal como el régimen político venezolano ha denominado su presunto “plan furia bolivariana” para enfrentar cualquier intentona de desestabilización política, tan criticada creación seguro no pasa de ser una espesa amenaza sólo para reprimir a quienes pretendan elevar alguna voz de protesta contra las imposiciones y arbitrariedades del régimen. 

Para acometer tan insidioso plan, el régimen ha optado por convocar la unión cívico-militar-policial para actuar en correspondencia con sus medidas opresoras en cada estado, municipio, parroquia y barrio del país. Ello, en absoluto contubernio con las llamadas Unidades Populares por la Paz, instancias políticas subordinadas al gobierno central.

En virtud de la consternación que padece el régimen político venezolano, dado la posible defenestración que está rondándolo por causa del pésimo gobierno realizado en lo que va de tiempo, ya 25 años, y las acusaciones judiciales que pesan sobre él, la intención de anudarse en el poder incita cuanto desbarro pueda organizar. El aludido “plan” es uno de ellos pues esconde una estrategia de envalentonamiento dirigido a causar intimidación, así como para animar disuasión con el concurso de la violencia procurada mediante la complicidad de los componentes represivos de la guardia nacional, la policía bolivariana amalgamada en sus frentes represivos. Igualmente, con el apoyo ilícito de colectivos preparados para agarrotar sin moderar sus acciones.  

Implicaciones varias

Sin embargo, en esta oportunidad la represión instruida por tan repulsivo “plan” será diferente de la ejercida en 2017 cuando el régimen igual decidió poner en marcha la misma “furia bolivariana”. Ahora, han de imprimirle un toque más disimulado. Pero con un tanto más de represalia, pero simulada. Sobre todo, por los avatares propios del año electoral en curso. 

Además de generar terror y pánico mediante amenazas y contención a la fuerza, el régimen adoptó medidas de persecución y captura sin excusa alguna. Apertura de procesos a suspicaces sin evidencia alguna de falta cometida. Detenciones masivas, sin la orden judicial que pauta la ley ni presencia de Fiscalía. O sea, al margen de lo que establece el Estado de Derecho. Todo ello es la desesperada exposición de odio gubernamental propio del régimen.

También cuenta con nuevos métodos de tortura que insisten en el mismo delito. Pero con el agregado de vulneraciones y laceraciones de escaso detalle físico. Asimismo, inhabilitaciones a quienes entorpezcan los intereses del régimen. Aunque desprovistas de toda legalidad jurídica.

Desmanes del “plan”

Tan obtuso “plan gubernamental” llamado “furia bolivariana” aparte de ofender la memoria política del Libertador, está concebido para atacar a quien más espacio político ha ganado en estos últimos meses de movilizaciones políticas. Busca encarecer los costos políticos del denominado “Acuerdo de Barbados” a fin de dificultar sus alcances y opacar el brillo de la elección primaria realizada en octubre de 2023.

Cabe destacar que esta “furia bolivariana” pretende desmoralizar el espíritu de libre pensamiento del venezolano demócrata, cansado del maltrato, humillaciones y burlas del régimen. Más, cuando debajo del accionamiento de la aludida “furia” se esconde una conflagración psicológica dirigida a golpear la voluntad del venezolano empeñado en librarse del régimen. 

No obstante, su incidencia se ha visto anunciada en medios de comunicación maniatados y amordazados por desvergonzadas intimidaciones del régimen en aras de su obsesión en demostrar que tiene sobradas ventajas sobre la oposición libertaria. Aunque en el fondo, son ventajas infladas por un marketing fingido. Entonces ¿cómo puede calificarse la susodicha furia? Es ¿furia bolivariana u odio gubernamental?

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