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Gracias Fidel

Gracias por haberme concedido una visa para visitar tu país por segunda vez en mayo de 1993. Gracias por haberme invitado personalmente a ir de nuevo un mes después a entrenar a tus oftalmólogos en la identificación de sutiles cambios en la capa de fibras ópticas de la retina. Gracias por mostrarme el atraso de una medicina que ofertas como la mejor del mundo, pero incapacitada para hacer sencillos diagnósticos y por ende, adecuados tratamientos. Gracias por exponerme a todos esos tratamientos primitivos y descabellados. Gracias por evidenciarme como tus científicos, a instancias tuyas, forjaron un virus inexistente. Gracias por haberme expuesto a los resultados de tu dictadura, envilecedora del pueblo cubano y por señalarme tu desparpajo al mentir. Gracias por patentizarme el bodrio que afloraba en tu proyecto de miseria. Gracias por haberme permitido estar en tu presencia durante las noches de cinco días consecutivos cuando discutíamos miembros de misión técnica y humanitaria sobre los orígenes de esa terrible epidemia de ceguera y neuropatía periférica que afectaba una enorme masa de cubanos desapercibidos. Gracias por los diarios banquetes a los cuales no tenían acceso sino los médicos de la cúpula comunista, mientras los otros, la gente de a pie, morían afuera por comerse un simple huevo salcochado. Gracias por mostrarme como titubeaban, palidecían, tragaban grueso y sudaban tus ministros tratando de disculparse y no ser más vejados en público por haberse equivocado. Gracias por enseñarme cómo los indujisteis al error, hacia lo que convenía a tu revolución de laceria. Gracias por mostrarme hasta qué punto el odio degrada la persona humana. Gracias por exteriorizarme cómo un régimen comunista es capaz de destruir en las personas, su dignidad, sus más elevados sentimientos de humanidad y convivencia, al transformarlos en sapos informantes, en tontos útiles. Gracias por las fotos que nos obsequiaste de souvernir siendo que así pude guardar el recuerdo de un depredador, de un dinosaurio de la historia. Sí, yo era ese médico venezolano que formaba parte de la Misión de la OMS/OSP y que no hablaba… Nada tenía yo que hablar con un sátrapa devenido en médico acerca de lo que ya había opinado frente a mis ilustres colegas. De haberlo hecho, mi  estómago no hubiera podido contenerse…

Miro alrededor e identifico tu persona hecha espectro sonriendo ante la realidad que nos asfixia…

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