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Guaidó en Blair House

Debe ser un buen sitio para meditar sobre la gloria y digerirla. En Blair House se hospedan los jefes de Estado que tienen cita con el Presidente de Estados Unidos en la Casa Blanca. Allí fue hospedado Juan Guaidó este 5 de enero mientras Maduro descansaba de la caminata al Museo de la Montaña rodeado de militares para insistir en sus palabras de falso ánimo.

Pero el momento de gloria de Juan Guaidó no estuvo en Blair House sino la noche anterior en el Congreso de Estados Unidos, donde todo el poder legislativo estadounidense, republicanos, demócratas e independientes a una, además de los invitados especiales, lo ovacionaron todos mirándolo. No una, sino dos veces. Puso su cara de muchachito tímido y su cuerpo esmirriado y tropical contrastó con la corpulencia del hombre que le ha dado el mayor apoyo del mundo, Donald Trump, quien además lo ratificó en público, ante el Congreso estadounidense, ante el mundo.

Hospedarlo como Presidente legitimo y reconocido en la Blair House es un detalle de la cortesía estadounidense, presentarlo y reconocerlo ante el Congreso de Estados Unidos como parte destacada de su presentación de memoria y cuenta –ellos lo llaman State of the Union, menos pomposo pero más emocionante que “Mensaje y Cuenta”- es un compromiso de Donald Trump ante su país y ante el mundo. Y ante los venezolanos.

Esa fue la noche de gloria de Juan Guaidó, y de amargura y temor para el castromadurismo. La misma noche en la cual Trump mostró sus grandes logros, barrió el ya desvaído impeachment, hundió a los demócratas, ganó la reelección, garantizó que salvo un imprevisible milagro, su sucesor será también republicano.

La noche en el Congreso de Estados Unidos marca definitivamente el antes y el después. No hay vuelta atrás, los presuntos y alegados cuatro millones de milicianos de nada valen ante el abrumador fracaso de un régimen que se ha quedado sin moneda, sin economía, sin industria petrolera y sin pueblo, toda una parafernalia de la cual Maduro y los militares celebraron, caminando  personalmente como en los viejos tiempos cuando no existían ni automóviles ni informática ni drones ni guerra electrónica que anule todas las comunicaciones desde los cielos de la patria, los veintiocho años de ilusión y decepción.

Guaidó estaba en la Blair House como pequeño paso previo a la Casa Blanca, mientras Maduro y sus camaradas estaban en algún bunker como paso previo al derrumbe.

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