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Hambre y atropello contra la voluntad del pueblo

El pueblo venezolano está siendo burlado y vejado. Esta aseveración no necesita probarse. Está a la vista de todos. Es evidente. Y todo,  porque el presidente de la República, en connivencia con el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), para no resolver la inflación, la escasez y el hambre, anula al verdadero poder del pueblo y lo despoja de la ciudadanía. Las decisiones del TSJ, en contra del poder originario de la actual Asamblea Nacional (AN), en  lo que va del año 2016, no se corresponden con la transparencia de los poderes públicos y están desvinculadas de los preceptos de la Constitución Nacional. Maduro y el TSJ sustraen la voz y el voto de cada ciudadano que sufragó en las pasadas Elecciones Parlamentarias del 6 de diciembre.

En el Poder Legislativo se dan cita las legítimas autoridades que representan a la ciudadanía. Allí está el poder originario. Los  parlamentarios legislan para proteger de la corrupción y de excesos a la ciudadanía y al  país en general. El pueblo necesita que el fuero de sus legisladores sea respetado conforme a los preceptos constitucionales. Como paradoja, este gobierno autócrata y escarnecedor agudiza la crisis para medrar de ella y distraer a la gente para que no vea a sus  innobles intenciones. Es por ello que se mofa y despoja a cada venezolano de la soberanía ciudadana. Con este objeto, anula a los legisladores, que son los representantes y defensores más cercanos de la gente. Lo hace para neutralizar al poder popular y amordazar la denuncia.

Ante esta burla y atropello, la población ha de hacerse sentir y reclamar respeto. La población habrá de movilizarse en defensa de sus derechos y deberes. Este grosero robo contra la voluntad popular no puede tolerarse. Quien tortura al pueblo con escasez, hambre, limitaciones, y para colmo, desconoce al alto concepto del sufragio legislativo, no merece gobernar. El modo de gobernar de Nicolás Maduro, rompe con la civilización y la paz. Siembra a Venezuela en el limbo de la decadencia y la hostilidad, porque usa y monopoliza a los Poderes Públicos  para atropellar y cometer excesos.

Este gobierno se coloca al margen de la Ley Mayor. Esto no lo hace revolucionario, socialista, democrático ni republicano. Maduro, a corto y a mediano plazo, no tiene respuestas para mejorar la situación actual. No busca la unión de los venezolanos. Además,  les anula la felicidad. ¡Sí, la felicidad, que es el primer bien que busca el hombre! El objetivo único, de este gobernante, es el poder por el poder, sin plantearse la salvación de la familia venezolana. El país necesita presidentes democráticos que respeten la Constitución y a sus instituciones, que activen economías que generen verdadera riqueza y fuentes de empleos, que haga realidad al sueño venezolano, como lo es, vivir  en libertad, en democracia y con calidad de vida. Maduro, además de violar a la Constitución y de anular al poder popular, solo ofrece la tortura de las colas, inflación, escasez  y hambre. La indignación del pueblo lo dice: “¡La gente está de a toque! ¡La país peligra!¡Ya no se encuentra qué comer! ¡Urge una solución rápida!”

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