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Hay quienes se alimentan con eslóganes

Uno de los grandes defectos que siempre les he criticado a los robolucionarios es que consideran al patriotismo como un monopolio de ellos; que solo ellos aman a Venezuela.  Que, por tanto, ellos exclusivamente representan a la nación y que la patria es únicamente suya.  Según esos criterios, los demás somos —empleando el lenguaje de ellos— unos simples “vendepatria”, “lacayos del imperio”, “godos de uña en el rabo” y demás epítetos parecidos.  Y eso no es así.  No admito que nadie diga que ama más a Venezuela más que yo.  Acepto que hay millones que la aman en igual grado que yo; pero que diga que la ama más, lo tomo como un insulto.

El preámbulo se debe a que esta semana pasada, recibí tres correos insultantes, enviados por una misma persona, en razón de mi artículo anterior, en el cual les pedía a algunos uniformados un poco más de decencia.  De mera educación, quizá.  Fueron solo tres de entre las decenas de mails encomiosos que recibí de gente que concuerda conmigo en lo que planteaba como una necesidad: el adecentamiento de las expresiones de algunos miembros de la cúpula militar que se comportan más como chafarotes que como oficiales de insignia.  Yo lo que hacía era recordar aquello que, según San Lucas, predicó Jesús en el Sermón de las Bienaventuranzas: “de la abundancia del corazón habla la boca”.  Y añadía un refrán muy antiguo, con el cual crecimos casi todos, porque venía al caso: “lo cortés no quita lo valiente”.

Eso bastó y sobró para que un militar retirado (en la “reserva activa” dice él) que no se elevó mucho en el escalafón —aun con lo papaya que es ascender ahora con los rojos— me acusara, entre otras cosas, de que yo deseo “que Venezuela sea invadida por el Comando Sur”.  Desde ya, dejo claro que me caería tan mal esa poco probable operación de estadounidenses en nuestro suelo como me cae de la patada la que sufrimos actualmente de militares cubanos que les ordenan a los altos mandos qué hacer y que les prohíben ejecutar ciertas acciones.  Idéntico a como me siento con los militares iraníes y rusos que están en los cuarteles impartiendo “asesorías”.  ¡Ah, pero eso no le preocupa lo más mínimo a quien trató de ofenderme; que odia a los yanquis pero que se ofrece como General Adviser (así, en mayúsculas) en Worldwide Security Options!  Doble rasero, como en todo lo de ellos.  Como cuando censuran a los países que han incluido a militares narcotraficantes o torturadores en sus listas de exclusión, pero aplauden si la DGSIM se lleva a un compañero de armas que no ha cometido delito alguno y solo había expresado una opinión porque creía que la Constitución estaba vigente y le concedía ese derecho.

Pareciera que se alimentan de eslóganes que les suministran desde arriba.  Muchos de ellos pensados y puestos en vigencia por los laboratorios de guerra sucia del G-2 cubano de sus amores.  Y algunos calcados a la letra, como es el tan manido “Patria o muerte”, que pusieron de moda los barbados al apenas bajar de la Sierra Maestra y que ya lleva sesenta machacones años.  En los cuales por allá ha habido más muertes que patria.  Menos mal que salió un par de raperos de entre ellos que explica que “somos la dignidad de un pueblo entero pisoteado a punta de pistola y de palabras que aún son nada”, y que exige “no más mentiras.  Mi pueblo pide libertad, no más doctrinas.  Ya no gritemos ‘Patria o Muerte’ sino ‘Patria y Vida’”.  Ya están presos, claro.  Porque allá tampoco se puede decir lo que se piensa.  En todo caso, Raúl, Diáz-Canell, ¡Sóbense!

Otro eslogan es “Hasta la victoria siempre”.  También plagiado de Cuba.  Tienen veintidós años cacareándolo y nada que se vislumbra para ellos la victoria.  Pero ellos se escudan en lo de “la guerra económica” como causa de todos los males del país.  Esa entelequia, como todas las entelequias, no existe.  Es irreal.  En todo caso, si fuese verdad ese aserto, lo que deben hacer es rendirse.  Porque por su tozudez en mantener el poder a toda costa, lo que han causado es miles y miles de muertes entre nuestros paisanos.  Están vencidos.  Ya es hora de que saquen la banderita blanca.  Y si mandan de emisario al General Adviser, ¡mejor!

No me queda espacio sino para citar a Charles MacKay, un poeta escocés del siglo XIX, porque es que creo que un poema suyo viene como anillo al dedo para tranquilizarnos después de lo que les conté del originador de los correos.  Va el texto original completo y una traducción que me atreví a hacer:

You have no enemies, you say? / Alas! my friend, the boast is poor; / He who has mingled in the fray / Of duty, that the brave endure, / Must have made foes! / If you have none, /Small is the work that you have done. / You’ve hit no traitor on the hip, / You’ve dashed no cup from perjured lip, / You’ve never turned the wrong to right, / You’ve been a coward in the fight. (¿No tienes enemigos, dices? / ¡Qué pena, amigo mío!; el alarde es vano. / Quien participa en la refriega del deber / que los valientes soportan, / debería haber hecho enemigos. / Si no los tienes, pequeño es el trabajo que has hecho. / Si a ningún traidor has escarmentado, ni has cacheteado una copa de unos labios perjuros, / si ningún entuerto has enderezado, / has sido un cobarde en la lucha».

General Adviser, sóbese usted también…

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