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Henry Ramos Allup

En  el complejo debate político que se escenifica hoy en Venezuela, destaca el liderazgo de Henry Ramos Allup. Lo que está ocurriendo nos lleva a un punto de inflexión de la tragedia a la que nos condujo Hugo Chávez con su liderazgo carismático perverso, lo cual mantiene atrapado a los venezolanos en una crisis humanitaria

Desde el 5 de enero de 2016, el proceso de polarización del país ha venido discurriendo dentro de un enfrentamiento de toda la estructura institucional del país, contra la Asamblea Nacional (AN) el único poder que no controla el chavismo. El  Presidente Maduro con un TSJ nombrado por vía exprés el 23 de diciembre de 2015, ha desconocido hasta ahora, las leyes que legítimamente y ajustado a la Constitución (artículo 187) se le confieren a la AN. No contento con esto, el Presidente de la República ha intentado amedrentar a Henry Ramos con un juicio por traición a la Patria, ello sin contar con las operaciones policiales y militares que a diario se realizan alrededor de la AN. A pesar de ello, Ramos Allup no ha cesado en cumplir con sus funciones como Presidente de la AN, ejecutando decisiones estrictamente apegado a la Constitución Bolivariana de Venezuela.

El Gobierno desde la pérdida de las elecciones del 6D de 2015, parece empeñado en cerrar todas las puertas constitucionales y legales a los venezolanos presionándonos además, con medidas excepcionales. En Venezuela no se ha impuesto hasta ahora un camino de violencia, gracias a la sindéresis que ha prevalecido en la dirección política de la MUD.

El chavismo y sus dirigentes más emblemáticos, saben que se están jugando su supervivencia política y quienes pensamos diferente a este régimen, deberíamos actuar con total claridad sobre esta situación, pues la inclinación del régimen hacia la anarquía y la dictadura es más que evidente y para ello cuentan con la canallada del alto mando militar. Militares que Hugo Chávez con el asesoramiento de la élite política cubana sacó de los cuarteles, para hacer “política”, la cual han practicado con la ruindad de sus mezquinos intereses económicos y personales. Son estas las circunstancias concretas en las que se debate hoy el país, pero ello no nos debe llevar al pesimismo.

El chavismo acabó con la movilidad social que inauguró en Venezuela la democracia y que nos permitió a muchos venezolanos desarrollar nuestras capacidades, habilidades y talento, situación ésta que contribuyó a fomentar la integración social.

Hugo Chávez acabó con las políticas sociales de la democracia   (educación, cultura, infraestructura {viviendas, hospitales, escuelas, liceos, universidades}) que permitió que venezolanos de los extractos sociales más bajos, pudieran ingresar a las mejores Universidades del país (que fueron reabiertas) para hacerse de una profesión. Pero lamentablemente las políticas populistas y clientelares, montadas en una concepción lumpen-proletaria del “comandante eterno” que copió pesimamente las lecciones de Carlos Marx sobre la lucha del proletariado, terminó por conformar un partido político (PSUV) que tiene su base social infiltrada por una buena cuota de delincuentes, mientras que en la superestructura de su dirección política, existe una “burguesía corrupta” que se ha enriquecido impunemente con los recursos fiscales del país.

En este escenario lúgubre, aparece la figura de Henry Ramos Allup que es un político alejado de la practica el vedetismo político, su discurso no es alambicado, pues no busca el aplauso, ni la iluminación de las cámaras televisivas para actuar, pues su discurso es directo, es decir, no obedece a un guión previamente elaborado. Henry es un político, que no rehúye al debate, por cuanto su discurso no está pensado en función de réditos electorales. Esto lo han visto los venezolanos por lo cual aparece hoy, como el político que mayormente genera confianza en la gente.

La tensión que hoy vive el país, no está para discursos ampulosos ni negociaciones políticas electorales tras bastidores, esto lo ha interpretado correctamente Henry Ramos Allup. Pero tristemente  algunos políticos fracasados entre los que se cuentan exmilitantes de Acción Democrática que voluntariamente abandonaron el partido en sus peores mementos, se prestan hoy para intrigar políticamente contra Henry, acusándolo de camorrero e intolerante. La dinámica de la intriga pasa por alto que Henry Ramos como Presidente de la AN no está haciendo cálculos electorales de carácter personal. Henry está enfrentando el proceso de asalto a la que ha sido sometida la justicia venezolana por parte de los “pandilleros” judiciales del régimen.

El abatimiento del país en el orden judicial, es mucho más grave que la represión policial y militar a la que es sometida la gente en la calle. El furor de las manifestaciones en la calle ante la crisis, exhibe un objetivo implícito que no es otro, que el ponerle fin a esta tragedia chavista y cuando nos detenemos a mirar el devastado panorama del liderazgo del país, el único que aparece con una talla de estadista  para encarar y dirigir este proceso, es Henry Ramos Allup y esto es objetivo, más allá de las diferencias que se podrían tener con Henry. No hagamos con Henry, lo que ya una vez hicimos con Carlos Andes Pérez, Luis Beltrán Prieto Figueroa, Teodoro Petkoff. Líderes políticos que tenían un proyecto de sociedad, no un proyecto de poder personal.

Henry probablemente no tenga el atractivo carismático de un Carlos Andrés Pérez o el carismático atractivo perverso de un Hugo Chávez, pero tiene el cerebro y las neuronas necesarias para entender que este régimen hay que combatirlo persistiendo en la reconstrucción de la instituciones democráticas,  donde se respete el Estado de derecho y el debido proceso como diría un constitucionalista distinto a Hermann Escarrá, quien según Claudio Nazoa “Es un hombre elegante, inteligente y bien vestido…que responde con palabras cultas, con dicción pausada, estudiada y perfecta llena de sapiencia mientras cita leyes antiguas y modernas” pero que uno sabe si es un infiltrado del chavismo o de la oposición.

Para salir de esta tragedia debemos dejar de lado la emoción y las euforias por los liderazgos carismáticos. En mi criterio en los actuales momentos que vive el país, no necesitamos de liderazgos freudianos que alimenten nuestro cerebro de nuevos mitos revolucionarios. El mismo Freud sostenía: “No existe ningún punto de partida si no se sabe bien a donde ir”

“Nadie en el mundo sabe qué quiere Venezuela, qué proyectos, qué ambiciones, que deseamos. Una vez un diplomático mexicano dijo que entenderse con Venezuela era lo más difícil del mundo, porque uno se entiende con un alemán, porque sabe lo que quiere, lo que busca, en qué anda; Venezuela ni quiere, ni busca, ni anda” (José Ignacio Cabrujas). Ojalá esta vez sepamos lo que queremos.

Miguel Molero

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