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Hilaridad en la casa amarillista

Eduardo Soto Álvarez

Desde mis inicios en la Diplomacia Multilateral, a finales de los  sesenta del siglo pasado, ya se discutía en las Naciones Unidas sobre el  terrorismo y sus múltiples manifestaciones, lo que constituía un  tema muy espinoso por sus implicaciones sobre el problema del Medio Oriente.

En el 2006, a pesar de seguir siendo un tema controvertido a nivel internacional, la Organización Mundial aprobó una Estrategia Global de las Naciones Unidas contra el Terrorismo, mediante la cual  lo condena, independientemente de quién lo cometa,  de dónde y con qué propósitos, puesto que constituye una de las amenazas más graves para la paz y la seguridad internacionales.

Esta Estrategia se desarrolla en base a cuatro pilares, pero se destaca que el fundamental  para la lucha contra el terrorismo,es garantizar el respeto universal de los Derechos Humanos y del Estado de Derecho.

Entre todas las formas y manifestaciones que puede asumir este flagelo,  una de las más perniciosases el Terrorismo de Estado, el cual consiste en la utilización de métodos ilegítimos por parte de un gobierno, los cuales  están orientados a amedrentar la población civil para alcanzar sus objetivos o fomentar comportamientos que no se producirían por sí mismos.

Todo esto viene al caso, por la solicitud de extradición de un grupo de compatriotas que el Primer Funcionario de la Casa Amarillista formulara al Encargado de Negocios de Colombia, en la cual señaló que tal pedimento se basaba, entre otras cosas, en que el gobierno chavistoide condenaba el terrorismo en todas sus formas, lo que no deja de ser un acto de auto repulsa, a la luz del párrafo anterior.

Con anterioridad había convocado al Cuerpo Diplomático, para endilgarle una versión oficial de lo acontecido el cuatro de agosto y aprovechó para informarque desde el 2002,  habían sucedidohechos de naturaleza similar, producto de los mismos sectores y,  por lo tanto, había una “hilaridad histórica  (sic)”  entre ellos.

Pero lo que  no explicó el joven Ministro, fue la razón por la cual los episodios aludidosle causan risa y le producen una expresión  de gozo y satisfacción del ánimo, únicas acepciones que hasta ahora existen para el vocablo Hilaridad en el idioma de Cervantes.

No voy a comentar,por ahora,sobre lo quetuvo que oír el Cuerpo Diplomático en el Salón Sucre de la Casa Amarillista, peroseguramente hasta el Gran Mariscal de Ayacucho, hombre de rectitud ejemplar cuyo retrato preside el recinto, se habrá visto obligado a fruncir el ceño.

La verdad sea dicha, el desastroso accionar de la Casa Amarillista en los últimos años, más que hilaridad, es ante todo motivo de profunda preocupación y tristeza, pues de la Institución  ya no quedan sino  escombros.

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