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Historia de vida de un docente universitario

Dedico:

A todos los docentes universitarios que están
siendo cercenados por ser críticos, irreverentes y rebeldes…

 

Desde que escribo, que es, definitivamente, desde que tengo uso de razón de que existo, porque desde pequeño teorizaba en mi cabeza las cosas que veía y que sentía que me sucedían alrededor, percibo que a través de la palabra puedo drenar tantas frustraciones e injusticias, y que mi mensaje si bien, por cuestiones de jurisprudencia, no puede ser tan explícito como yo deseara, al menos desojando verbos y colocando adjetivos y sustantivos, voy recreando una respuesta simbólica a todas las dolencias que me causan mis semejantes.

Hoy me ha tocado servir de foco de la historia de un docente universitario muy querido y apreciado, quien me describió, a grandes rasgos, lo que ha sido su periplo por la academia y lo decepcionado que hoy está de ella y del papel que está jugando en la sociedad. Desde un punto de vista metodológico puede verse como una historia de vida, porque tiene toda esa estructura que parte de la opinión de un sujeto que se va involucrando con su entorno y en ese acto de involucrarse, recrea y sustenta su problemática, dándose respuesta a las potenciales soluciones. Le daré el nombre de personaje “X”, pero basta decir que es un hombre con alta cualificación profesional y un ser transparente, limpio, puro, un verdadero representante de esa academia que se ha ido perdiendo en algunas Casas de Estudios Universitarios en Venezuela.

Su historia comienza así: “Llegué a pensar que la academia, esa que soñaba desde adolescente y en la cual me vía dando mis clases a un nutrido número de estudiantes, deseosos de crecer, aprender y transformarse; me veía creando nuevas teorías, pensando tan alto como nunca antes alguien había pensado. Tenía sueños y era mi derecho, porque hacia el trabajo, estudiaba, y mis lazos con la comunidad, con mi entorno social, eran y es colaborativo, desinteresado y desprendido de cualquier malicia o mala intención.

“Nunca he pensado cómo hacer trampa para alcanzar los objetivos que me tracé; he mirado siempre con la certeza de lograr alcanzar el alba sin mayor apoyo que el de mis ganas y mi trabajo. Pero esos deseos, por años, fueron los que truncaron más mi experiencia con la academia. Primero al enfrentar a un grupo de eruditos que tenían secuestrada mi Universidad y que creaban sus necesidades de recurso humanos calcado a sus expectativas e intereses personales; luego, cuando hubo un descuido y dejaron espacio para que gente con ideas diferentes e intereses diferentes entrara, pude alcanzar lo que sería mi estabilidad laboral, claro está, después de treinta años esperando mi oportunidad. Pero al ser ya un docente universitario, con prestigio ganado fuera de esa mi Universidad, comencé a ser un ser incómodo, molesto; una persona que distorsionaba todo cuanto se ha pretendido crear, comenzaron con engavetarme las cosas, los papeles de solicitud de ascenso, la naturaleza de mis investigaciones, minimizándolas y colocando a personas sin manejo intelectual de mis temas de investigación, a revisarme, inclinando siempre la balanza a retrasarme la aprobación y, en algunos casos, a sugerir cambios desproporcionados del sentido que debería llevar lo que fue mi razonada propuesta. Todo esto para molestar, para hacer valer ese dicho que dije y he repetido tantas veces: en la Universidad todo es personal, nada es institucional. El abuso de poder fue descarado, me obligaron a tomar decisiones duras, entre ellas renunciar a la socialización con mis colegas y equipo de trabajo institucional; me auto-aislé, perdiendo hasta mi derecho de ir a la Universidad a disfrutar su ambiente, sus paisajes, sus actividades. Porque todo eso lo hacían calcados a sus intereses y yo nunca he sido parte de esos intereses por tener el defecto de pensar. Fui perseguido, vilipendiado, ultrajado en mi honor y en mi condición humana. Pero soporté, y pude aguantar porque conté con la nobleza de algunos (muy contados) compañeros de trabajo y estudiantes que sin que nadie se los dijera, siguieron respetando mi nombre y siempre acudieron a mí para  una consulta, para un apoyo o para una mirada…

“Ya logré pasar lo más fuerte que fue sobrevivir a esas gentes que creyeron que tenían todo el poder por siempre; hoy los veo con tristeza, están secos, desvariando como seres humanos, no lograron ninguna meta en la academia; pasaron como un fantasma del poder al olvido. A la mayoría se les desarticuló su familia, son ignoramos por sus propios hijos y sin embargo, buscan saludarlo a uno aún, los veo como pidiendo perdón, pero un saludo no se le niega a nadie. Nunca tuve malos deseos hacía con ellos, pero sí les advertid que todo cuanto me estaban haciendo tenía una sanción divina cuyo costo, cuyo peso específico era proporcional a las aflixiones que me causaron. Temo que estén sufriendo y recordando, sobre todo recordando que todos los días llegaban a la oficina para programar una artimaña contra mí, hoy ni tienen espacio dónde reunirse, ni siquiera para llorar su desdicha. Mi vida ha sido noble, ha sido buena; ya me queda poco para partir pero me voy con el deber cumplido, con haber alcanzado todos los puestos administrativos en mi Universidad y haber obrado con justicia, humanidad, respeto a mis semejantes. He querido que mi historia se sepa, aunque mi nombre no, pero sí mi historia, por si por alguna razón fortuita, le está ocurriendo a alguien lo que a mí me pasó o si hay unos verdugos haciendo de las suyas contra un ser tan humano e ingenuo como yo; para que se vean en mi ejemplo y traten, a tiempo, de hacer de esta vida fugaz un espacio para encontrarnos y amarnos, olvidando por siempre el odio y la maldad… Esta es mi historia, ojalá no sea la de ustedes…”

Después de estas palabras del personaje “X” que simplifican toda una vida, obviamente queda mucho en el tintero, pero lo que retrata como mensaje es que no ganamos nada con hacerle daño a otros, con ser obstáculos para otros semejantes; ganamos más siendo justos, siendo eternamente agradecidos por el hecho de vivir. En otra oportunidad volveremos con este personaje que aún tiene mucho que contar de su existencia.

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