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Hong Kong en el perihielo

En el año 2007 encontrándome   en Shanghái, tomé el tren que me llevaría a Hong Kong. Al llegar, estaba en el mismo país, pero en el otro sistema, muy diferente, en el que  todos entendían el inglés. Lo comprobé de inmediato al sacar los Yuanes que me habían sobrado de Shanghái para pagar la cuenta del café. La cajera me miró extrañada, casi enojada, alegando que no me podía recibir esa moneda, de modo que no tuve más remedio que meter mi mano en el bolsillo izquierdo donde estaban los dólares de Hong Kong en reserva, frente a los cuales la sagaz chinita me sonrió.

El Yuan siempre ha sido la moneda de la República Popular de China, un país que en estas últimas décadas ha sufrido una gigantesca metamorfosis al pasar del sistema comunista hacia el capitalismo, pero manejada por el partido de gobierno, es decir se trata de un Capitalismo de Estado, creado, financiado, administrado y controlado por el Estado. La propiedad privada recién ha sido aceptada por la Constitución China  a fines del siglo pasado y lentamente, sigilosamente, el Partido Comunista Chino va otorgando parcelas capitalistas a los empresarios privados. La férrea disciplina impuesta a los trabajadores por el partido comunista aliada a los gigantescos capitales norteamericanos, atraídos por la mano de obra barata y estoica, a tal punto de que en la industria existen las fábricas-dormitorios, en las que las camas nunca se enfrían porque existen tres turnos de trabajo, y cuando un obrero se levanta para trabajar, le deja su colchón al otro que va a descansar, lo cual ha convertido a China en la fábrica del mundo, y el Yuan en una moneda fuerte aunque el gobierno la tenga devaluada para poder exportar.

La otra moneda que refulge con brillo propio es el Dólar de Hong Kong, excolonia inglesa, en la que los británicos implantaron un sistema capitalista abierto a todos los mares, en el que los empresarios privados y no el estado son los protagonistas, por eso el recelo de Pekín en estos días agitados. En esta ciudad los trabajadores están muy bien pagados y viven en rascacielos. Hong Kong es un pequeño New. York con elegantes distritos cuajados de rascacielos como Admiral, Central,  donde fluyen y se cruzan corrientes financieras de altísimo voltaje, que son las que mueven el mundo, a las que Beijín astutamente debe engancharse y no quedarse a medio camino de su aventura capitalista con controles y leyes que le pueden acarrear un nuevo Tiananmen.

Como todos sabemos, la tierra gira alrededor del sol en una órbita elíptica, pero el sol no está en el centro de la elipse sino en uno de sus FOCOS, de modo pues, que la tierra en su periplo tendrá épocas o períodos en los que pasa cerca del sol, en el perihelio, y otros en los que pasará alejado del astro, en el  afelio. Al pasar cerca del sol la tierra aumenta su velocidad de traslación, y al alejarse, la disminuye.

El astrónomo que estudió con verdadera pasión el comportamiento de traslación de la tierra alrededor del sol fue KEPLER, cuya segunda ley dice “en tiempos iguales la tierra barre áreas iguales”. Esto es genial, y es un pedacito de la maravillosa ingeniería del universo. Significa que cuando la tierra pasa cerca del sol en el perihelio debe aumentar su velocidad para barrer la misma cantidad de áreas que barre cuando está lejos del sol en el  afelio. Sobre esto no hay ninguna discusión.

Ahora, volvamos a la China: EL DINERO es análogo al SOL, ambos son fuentes gigantescas de energía. La China rural comunista, capitaneada por Mao Tse Tung, la de los siglos pasados, estaba en su afelio, alejada del SOL: DINERO, es decir de los grandes capitales, transitaba lentamente y barría la misma cantidad de áreas, o sea producía la misma cantidad de riqueza que la otra China conducida por los ingleses en Hong Kong que iba a velocidades vertiginosas en su perihelio, cerca de la radiación irresistible del  DINERO, en el peri dólar.

Pero resulta  que en estas últimas décadas, la China continental con todos sus millares de labriegos a cuestas ha empezado a acercarse al SOL CAPITALISTA, abandonando las durísimas penurias del afelio y con la llegada del nuevo milenio, ha entrado de lleno en el equinoccio de primavera. Va hacia el FOCO de la elipse donde la radiación del DINERO es de altísimo voltaje, se están acercando a su perihelio  y si son cautos e inteligentes los chinos, pueden dar una sorpresa mayúscula a la economía mundial, como lo han hecho las especies evolucionadas, sorprendiendo y trastocando la naturaleza. Todo es cuestión de tiempo, una nueva especie despertará en el Asia.

Hong Kong ya evolucionó, hay que dejarlo que vaya a la velocidad que él tiene. Pekín no debe retenerlo sino alcanzarlo, engancharse para hacer de China un solo país y un solo sistema. Si lo logra, la cajera me recibirá yuanes en Hong Kong y me sonreirá.

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