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Iconoclasia e iconoclastas

El libro Éxodo, en su capítulo 20 dice:

…No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen, y hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos…

Fue de acuerdo con esas sagradas palabras que muchas religiones prohibieron la reproducción de imágenes de seres divinos. De allí surgieron los iconoclastas, los practicantes de la iconoclasia o eliminación de esas imágenes, llamadas íconos. Contra ellos aparecieron los iconódulos, partidarios de la restauración de los íconos.

En la historia del cristianismo ha habido una lucha permanente entre iconoclastas y los iconódulos. El emperador bizantino León III prohibió la veneración de imágenes que luego admitió el concilio de Nicea. Los musulmanes, por su lado prohíben la imágenes humanas en las mezquitas. Por su parte, el judaísmo prohíbe que se escriba el nombre de Dios.

Pero, durante siglos ha prevalecido, a través del mundo la publicación y exhibición de imágenes de seres divinos y de vulgares seres humanos a quienes se quiere hacer pasar por divinos. Las razones son, por un lado, de idolatría y fanatismo y, por otro, comerciales ya que hay que ver cuanto dinero produce la venta de imágenes.

En Venezuela siempre ha habido prevalencia de iconódulos que no escatiman esfuerzos por colocar por doquier imágenes de presidentes que quieren convertir en ídolos y que, en la mayoría son de pésimo gusto. En el chavismo la idolatría de los iconódulos ha llegado a extremos inimaginables. Con las imágenes que difunden en instituciones públicas pretenden sostener que Hugo Chávez es una reencarnación de Simón Bolívar e incluso de Jesús. Ejemplo de esa idolatría se ha visto en la sede de la Asamblea Nacional, con abundancia de las imágenes de Chávez, hasta en banderola gigante, en cuadros como uno con Chávez montado en la grupa de un caballo, vestido con uniforme militar y armado detrás de un Bolívar que lleva las riendas, y otros muchos más que son genuinas expresiones del arte llamado “kitsch”. Con razón, Henry Ramos Allup mandó a quitar esas imágenes. Estoy seguro de que si en algún salón del palacio legislativo se exhibieran cuadros de todos los presidentes venezolanos desde la independencia, incluyendo a Cipriano Castro, Juan Vicente Gómez, Marcos Pérez Jiménez y Hugo Chávez, Ramos Allup no habría ordenado quitar a ninguno de ellos. En cambio, hemos visto cómo Chávez hizo eliminar cualquier mención de José Antonio Páez en la historia de Venezuela e hizo pintar un cuadro de Bolívar como zambo y pretender que esa era su imagen oficial, a pesar de que Bolívar había declarado que el retrato suyo pintado en el Perú era la reproducción más fiel de su rostro y, por eso, era algo así como el cuadro oficial hasta que llegó Chávez.

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