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A Jeremy Corbyn, jefe del partido laborista inglés, le ha parecido apropiado entrar a participar en la polémica que ha generado el ajusticiamiento del general iraní Soleimani. A él lo acompañan un sin número de voces que condenan el ‘asesinato’ de este personaje más no los asesinatos perpetrados, no por él (sería imposible para un solo hombre), sino por la siniestra organización que comandó hasta su muerte.

Para Corbyn la muerte de Soleimani es un atentado al derecho internacional, pero no parecieran serlo las muertes perpetradas por esa organización bajo la conducción de Soleimani, quizá porque los sujetos del derecho internacional son más bien las naciones, los estados y no las personas naturales como el desaparecido general.

Sin embargo, Corbyn parece ignorar que la organización que condujo Soleimani tiene asiento en el territorio de una nación, que si es sujeto del derecho internacional y que no es ajena a esas acciones, más bien en la terminología del derecho penal podría calificarse al menos como “cooperadora” y quizá hasta pueda acreditársele la “autoría intelectual”, aunque ésta sea siempre obra de seres humanos provistos de razón; y no a entes jurídicos desprovistos de ese atributo o ¿acaso no lo están?

Cuando Corbyn proclama que la muerte de Soleimani es un atentado al derecho internacional, obviamente está imputándole la culpa y la responsabilidad al gobierno de los Estados Unidos de América y no a los autores materiales, pero me pregunto ¿por qué no le imputa responsabilidad al gobierno que ha apadrinado las acciones de Soleimani y de su organización?

¿Temor quizá a convertirse en blanco de la organización o de la nación que la prohija y la ampara? Desde luego que no. Corbyn sabe que sus palabras son útiles a la organización que comandaba Soleimani y a la nación donde se asienta; lo cual significa que él está provisto de un escudo protector que lo ampara de ser víctima de un atentado como el perpetrado hace ya años en Argentina contra la AMIA, por esa organización cuando Soleimani aún no era general; y Corbyn aunque no era jefe del partido laborista si era lo suficientemente adulto como para haber apreciado el hecho como “un atentado al derecho internacional”, pero claro, las víctimas eran judíos.

Resulta desde luego reconfortante que la ciudadanía inglesa haya optado por negarle el número 10 de Downing Street a Jeremy Corbyn, quizá porque lo identifican no con Winston Churchill sino con Chamberlain.

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