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Inclusión de mujeres: ¿la solución para una paz duradera y estable?

Las mujeres son aproximadamente la mitad de la población mundial, para ser exactos 50,4%. Sin embargo, están subrepresentadas o ausentes en muchas áreas sociales, políticas y económicas. Una de estas áreas son los procesos de paz.

En la historia se pueden encontrar muchas mujeres importantes que han logrado grandes éxitos que han cambiado a nuestra sociedad. Una de ellas fue Rosalind Franklin, química inglesa, que en los años cincuenta descubrió la estructura helicoidal del ADN. El descubrimiento incluso fue honrado con un premio Nobel. Pero este no fue otorgado a Rosalind Franklin, sino a dos hombres, Francis Crick y James Watson, que robaron los resultados de sus investigaciones y las publicaron con sus nombres. En este contexto cabe también mencionar al doctor James Barry, quien era mujer. Ella se escondió tras una identidad masculina para estudiar medicina, que en estos días era un privilegio de los hombres. Barry realizó una de las primeras cesáreas exitosas, cirugía que iba a salvar muchas vidas en el futuro.

Hoy en día, las mujeres ya no tienen que esconderse o vestirse como hombres para participar. No es necesario decir que las mujeres desempeñan un papel importante y que hacen una contribución importante a la sociedad; ya es un consenso que nadie negaría. Este consenso también existe en el contexto de los procesos de paz en los que las mujeres tienen un papel significativo. Existen varios estudios que han mostrado los efectos positivos de la inclusión de mujeres. Es decir que cuando se incluyen a mujeres en las negociaciones de paz, el acuerdo tiene un 35 % más de probabilidades de durar al menos 15 años. Pero, ¿cómo es posible?

El Council of Foreign Relations, un think tank independiente de los Estados Unidos, ha analizado no solamente los beneficios de dicha inclusión sino que también ha estudiado la mayoría de los procesos de paz y cómo las mujeres los han influenciado. Sus resultados son impresionantes.

Una primera observación es el hecho de que las mujeres muchas veces tienen un acceso diferente a la información debido a su distinto papel en la sociedad. En la mayoría de los conflictos las mujeres no han formado parte de las estructuras típicas del poder sino de los grupos más vulnerables de la sociedad. Por ende, saben exactamente cómo el conflicto afectó a las distintas partes de la población. Consecuentemente, tienen un enfoque más inclusivo e integral de la construcción de paz y amplían la agenda en las negociaciones. Mientras que los hombres se enfocan más en las políticas duras como poder y el rol del ejército, las mujeres incluyen temas blandos como agendas sociales, la educación, la salud o cambios sistémicos, cuales son esenciales para lograr paz a largo plazo.

Además, por no formar parte de las estructuras de poder, las mujeres generan más confianza durante los procesos de paz por su neutralidad. Están vistas como mediadoras honestas, confiables y altamente interesadas en poner fin al conflicto. Estas características les facilitan llegar a un consenso y resultados más duraderos y estables. Al mismo tiempo, les da un poder de influencia sobre la opinión pública y de movilización de la sociedad para formar parte de los procesos y comunicar sus intereses. Eso resulta en procesos de paz más incluyentes y participativos.

Sin embargo, las mujeres representaron solamente el 9 % de los negociadores, 3 % de los mediadores y 3 % de los testigos y firmantes en los principales procesos de paz entre 1992 y 2017. Esta disparidad entre el ideal y la realidad, entre otras cosas, nos da pistas de por qué tantos acuerdos firmados han fallado en el pasado.

Las mencionadas arriba son solamente algunas de las muchas ventajas de la inclusión de mujeres. Teniendo en cuenta que hay más, es aún más sorprendente que las mujeres sigan estando poco representadas en los procesos de paz. Se plantea entonces la cuestión de cómo se puede aumentar la participación de mujeres. Como siempre, no hay una sola respuesta ni una fácil. Se necesitarían cambios fundamentales e institucionales. Ya se ha dicho que las mujeres frecuentemente no forman parte de las redes de poder y que son altamente afectadas por el conflicto. Eso sí puede servirles para mediar en las negociaciones, pero al mismo tiempo les dificulta obtener el acceso a estas.

Muchas mujeres están viviendo las consecuencias del conflicto y están luchando por su supervivencia. En esta situación es poco probable que ellas mismas busquen la participación. Por ende, el Gobierno, igual que las organizaciones internacionales y otros grupos importantes, debería involucrar mucho más activamente a las mujeres, no solamente en las negociaciones y procesos de paz, sino en todos los contextos de la toma de decisiones. El resultado siempre debería ser una representación de todos los intereses de la sociedad. Consecuentemente, las mujeres, que son un 50,4 % de la población, necesitarían tener esta misma representación en el proceso. Aparte de eso, se debe tener en cuenta que no solamente las mujeres sino también otros grupos marginales y minoritarios son fundamentales para lograr una paz duradera y estable. Ante los buenos resultados ya logrados por mujeres con una representación tan baja, solamente nos podríamos imaginar los buenos resultados que habría con una representación más alta y amplia.

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